Recuerdos del presente: El futuro del socialismo

Humberto Vacaflor Ganam
Dice un informe de El País de Madrid que la “revolución cubana” depende ahora, de vida o muerte, de seguir recibiendo el petróleo de Venezuela. Maduro no puede admitir el fracaso del chavismo y llamar a elecciones porque, al hacerlo, estaría decretando que la gestión de Fidel Castro fue un fraude.

Conforme se hace más insostenible el régimen de Maduro, se reducen los envíos de petróleo a la isla. La semana pasada no eran 100.000 los barriles diarios que recibía el gobierno castrista (la mitad de los 200.000 prometidos por Hugo Chávez) sino solamente 40.000. Racionamiento de gasolina y una reducción de 97% en las exportaciones de derivados del petróleo, dice la ONU.

Esta especie de chantaje ha costado hasta ahora, nada más que en dos semanas, más de 50 muertos en Venezuela. Lo que lleva a poner en un plato de la balanza el “prestigio” del socialismo cubano y en la otra la vida de los ciudadanos.

Sería casi absurdo proponer que, entonces, en vista de que la vida de muchos venezolanos depende de la provisión segura de petróleo para Cuba, se defina qué es lo más importante: si la “revolución” o la vida de la gente.

La OLADE (Organización Latinoamericana de Energía) podría proponer a la región una especie de aporte voluntario para dotar a Cuba del petróleo que la isla necesita para seguir presumiendo que tiene una revolución, a cambio de que Maduro deje de matar a los venezolanos. Oro negro a cambio de sangre venezolana.

La OEA podría dejar de emitir declaraciones y comenzar a pedir a los países miembros que se comprometan a aportar con petróleo para que esta farsa se mantenga, pero con la condición de que Maduro llame a elecciones y que los venezolanos tengan el gobierno que quieren, en lugar del adefesio sanguinario que tienen ahora.

Lindo final para una historia que comenzó en Rusia hace cien años. El socialismo es muy costoso para los pueblos. Encumbrar a líderes que luego se desenmascaran como simples ladrones y buscan iniciar, cada uno de ellos, una autocracia o unas monarquías hereditarias, como las de Corea del Norte o Cuba.

Al final, el poder resulta el peor enemigo de los pueblos. Quienes lo buscan quieren acabar con la libertad.