Indignación por los fallos de seguridad en la torre Grenfell de Londres

La torre Grenfell, un espectral tronco negro de 24 pisos, ya no humea. Pero la amarga resaca del terrorífico siniestro va a más. Puede haber docenas de muertos en los pisos altos y crece la indignación por los fallos de seguridad y la falta de información sobre el paradero de vecinos que no se sabe si están muertos, desaparecidos u hospitalizados. Theresa May, que visitó en privado la zona del siniestro, prometió «una investigación hasta el fondo» y afirmó que «la gente tiene todo el derecho a saber». Corbyn, que recorrió algunos centros de acogida, exigió lo mismo: «La verdad debe salir a la luz». Uno de sus diputados es más duro. Habla de un «homicidio empresarial» y exige detenciones.

La responsable de los bomberos ha confirmaron ayer lo obvio: ya no quedan personas vivas en la torre. Los equipos de rescate hicieron un recorrido muy rápido por todas las plantas, pero no existe todavía seguridad suficiente para revisar de manera exhaustiva las zonas más altas, donde se trabaja con perros de rescate. Se han confirmado 17 muertos y 34 vecinos hospitalizados, 18 críticos. Desgraciadamente, las autoridades temen que la final pueda rondarse el centenar de fallecidos. Los bomberos lograron rescatar el primer día a 65 personas, muchos niños.

Algunos de los vecinos del inmueble pasaron la noche en centros de acogida improvisados, iglesias y locales sociales, durmiendo en colchonetas. Llueven las críticas sobre la autoridad municipal de Kensington y Chelsea, una de las más ricas del Reino Unido, por haber conseguido por ahora hospedar tan solo a 44 de las personas que lo perdieron todo. A cambio, la ola de solidaridad ciudadana es enorme, conmovedora. Las donaciones de ropa desbordan los almacenes y una cuenta para las víctimas ha recaudado ya 1,6 millones de libras.

Acelerador del incendio
El incendio ha destapado graves fallos de seguridad. Rydon, la compañía que completó el año pasado la rehabilitación de la fachada, utilizó un relleno de polietileno, un plástico que pudo haber actuado como acelerador del incendio. La responsable de los bomberos de Londres, Danny Cotton, ha vuelto a destacar que «nunca había visto un fuego así en toda mi carrera, se extendió muy rápido».

Críticas también al protocolo de seguridad del edificio, que recomendaba a los vecinos quedarse dentro de sus pisos. Además se cuestiona que hubiese una única escalera de emergencia. La asociación de vecinos Grenfell Action Group, se había quejado en noviembre del año pasado de que la compañía municipal del burgo de Kensington y Chelsea que actuaba como casera del edificio, KCTMO, hacía «oídos sordos» a sus protestas por las pobres medidas antiincendios. «Solo una catástrofe hará que nos atiendan», advirtieron.

La tragedia salpica al propio Gobierno de May, quién esta semana ha nombrado jefe de sus gabinete a Gavin Barwell, en su día el ministro de Vivienda que prometió en falso una revisión del protocolo antiincendios tras el de la torre Lakanal de Londres en 2009. Murieron allí seis personas, pero Barwell incumplió su palabra.

El diputado laborista londinense David Lammy, era amigo de una de las víctimas, la artista Khadija Saye, de24 años, que probablemente murió junto a su madre en un piso alto. Khadija, que trabajaba con la mujer del político, se despidió con un mensaje donde asumía que no había escapatoria: «Por favor rezad por mí. No puedo salir. Por favor rezad por mí y por mi madre». El político está indignado con la desprotección de los vecinos de la torre, habla de un «asesinato corporativo» por parte de la firma municipal que gestionaba el edificio y pide detenciones. Lammy cree inadmisible que por ser vecinos pobres sufriesen tal indefensión en uno de los barrios más ricos del mundo.

«En el barrio más rico del país se ha tratado a la gente de un modo que deberíamos llamar como lo que es, un asesinato corporativo. Debería haber detenciones ya. Es una vergüenza. Muchos de esos edificios de los años setenta deberían ser demolidos. No tienen vías de escapatoria ni aspersores. Es impresentable que la gente viva así», lamenta el diputado.

Dolor y desesperación
Van apareciendo nombres de desaparecidos, más de una docena ya. También se van divulgando los mensajes, tan dolorosos, de las personas atrapadas, impotentes entre un pandemonio de fuego, humo, calor y explosiones de gas. Unos hicieron una última petición de ayuda, otros optaron por despedirse de sus seres queridos. «Adiós, no lo vamos a conseguir», es lo último que escribió una madre con tres niños. «Hay fuego aquí, me estoy muriendo», mensajeó otra mujer.

Una vecina del inmueble que se salvó, Maryam Adam, una mujer embarazada, ha revelado que a la 1.50 de la madrugada un vecino, un varón británico alto y blanco, llamó a su puerta para advertirla de que en su piso se había desatado un incendio. Maryam lamenta que el hombre tenía en el pasillo varias bolsas con sus pertenencias, lo que indica que primero recogió sus enseres personales y solo después alertó a sus vecinos. Señala también que a través de la puerta del otro piso pudo ver que el fuego era en la cocina. Se cree que comenzó con un problema en una nevera en esa vivienda de la cuarta planta, pero no hay una teoría oficial.

Cadena de errores

Polietileno inflamable

El revestimiento de la fachada que se había instalado durante una reforma del edificio en 2015 tenía un relleno de polieteleno, material plástico inflamable, en vez de un material mineral

Sin alarmas

Las alarmas de incendio no funcionaron. En muchos casos fueron los vecinos los que se alertaron unos a otros

Sin aspersores

No había aspersores en el edificio para combatir el fuego

Protocolo de seguridad

La Policía recomendó a los vecinos quedarse dentro de sus viviendas, siguiendo el protocolo de seguridad

Una sola escalera

El edificio contaba con una sola escalera para casos de emergencia

Quejas reiteradas

La asociación de vecinos de la torre se había quejado de que la compañía municipal de Kensington y Chelsea que actuaba como casera del edificio hacía «oídos sordos» a sus protestas/abc.es
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