Petróleo venezolano, herramienta geopolítica

Boris Santos Gómez Úzqueda
Sin duda que el petróleo venezolano es una herramienta geopolítica indiscutible. Fue parte de su desarrollo y, previa a una reingeniería política del país, continuará siendo llave de su futuro. Es como el gas de Bolivia. Vital en la economía no diversificada de ambas naciones.

La dictadura que soporta el valiente y digno pueblo de Venezuela, al que quiero entrañablemente porque me unen lazos de familia y amistad, verá final muy pronto. Por la voluntad y el esfuerzo de su bravo pueblo y porque es necesario entender a una Venezuela fortalecida democráticamente como punta de lanza de una Latinoamérica que necesita tener un nuevo espacio y peso geopolítico en el concierto del hemisferio, en materia energética.

Queda una oportunidad a Venezuela, la misma que en los setenta, de recuperar la democracia y naturalmente redirigir esfuerzos de su estatal petrolera para convertirse en una nación tan moderna y pujante como son hoy los países del golfo, aunque los precios del barril no están en su mejor momento; pero sin repetir los errores de los setenta cuando experimentó su mejor circunstancia de crecimiento gracias a los petrodólares, aunque hubo mucho gasto y poca diversificación de la economía.

La “suerte” del desgraciado socialismo es que Chávez hizo su experimento de gobierno macabro -infestó al resto del continente como a Bolivia- cuando el precio del barril alcanzó los 100 dólares. Por ello el despilfarro alcanzó cifras impresionantes. ¡Algunos colegas amigos y expertos de Caracas me dicen que el dispendio sobrepasa los 900.000 millones de dólares! Tenían dinero a manos llenas para gastar y financiar “programas” de poca significación estructural para el país.

No se entiende que en Venezuela, una de las cinco potencias petroleras del mundo -por sus reservas y potencialidad- tengan una inflación de 784% y sus hospitales sean los peores del hemisferio. Ello muestra el despilfarro.

Algunos datos del petróleo venezolano: los bonos de su estatal petrolera (Pdvsa) con vencimiento al 2037 llegaron a valer 29,4 centavos de dólar, un bajísimo precio producto de las malas políticas internas y de la obvia dictadura que solo conoce el dispendio, sin visión de gerencia ni mucho menos.

Toca hoy a la oposición, cuando asuma como gobierno de reconstrucción de Venezuela, realizar una profunda reestructuración de su estatal petrolera desde las bases, una verdadera refundación que le permita, entre otras, defender a Citgo, la filial de Pdvsa (que cuenta con 3 refinerías y aproximadamente 6.000 estaciones de servicio en EE UU) que está -de momento- como “hipotecada” y forma parte de algunos acuerdos con Rusia a la que fue ofrecida como garantía a los acreedores de Pdvsa, por un préstamo que recibió Venezuela de aproximadamente 2.000 millones de dólares; tocará volver a ver si esos acuerdos entre Venezuela y Rusia, de los muchos que hay, son buenos para la economía al permitirle a Rusia el derecho a vender el petróleo venezolano directamente en lugar de pasar por Pdvsa. Toca recuperarla y volver a fortalecer, tal y como fue la visión de quienes la adquirieron -antes de la llegada del socialismo del siglo XXI con Hugo Chávez en 1999.

Es obvio que el régimen de Maduro en su desespero por buscar dinero en todo el mundo se puso a hacer tratos con los rusos.

El vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, en reciente conferencia, fue muy claro en condenar que los líderes de oposición Leopoldo López y el alcalde de Caracas Antonio Ledezma hayan sido -prácticamente- raptados por el régimen de Maduro y ello traerá sanciones económicas de parte de Estados Unidos, sanciones que van a recaer sobre el petróleo.

No olvidemos que desde hace un par de años Estados Unidos con la revolución capitalista del fracking es casi autosuficiente en fósiles y es exportador neto de gas natural del no convencional vía LNG. Es un nuevo jugador estratégico reposicionado en el mundo de los negocios, así y todo, puede tener una incidencia definitiva sobre el petróleo venezolano.

En su pico de exportación (1997) Venezuela llevó 2 millones de barriles diarios a Estados Unidos y ahora solo exporta 700.000 (10% del volumen de uso de fósiles de EE UU). De animarse este país a sancionar a Venezuela sobre el crudo sería difícil para los venezolanos acomodar ese volumen de 700.000 barriles de extrapesado en otros mercados dada la tecnología que requiere refinación de ese producto.

Las sanciones podrían poner presión sobre Pdvsa y los productos derivados del petróleo que adquiere del mercado norteamericano (90.000 barriles diarios de naftas para mezclar con su crudo extrapesado, diesel y gasolina para vehículos).

El juego de las sanciones pesará mucho para Venezuela, su gente se verá perjudicada por la caída de ingresos; naturalmente Estados Unidos no sentirá tal sanción porque tiene además una reserva de petróleo de aproximadamente 688 millones de barriles, lo que le da holgura para colocar algo de ese volumen en el mercado -de ser necesario- y volver a desequilibrar el precio, algo que ya hizo con la revolución del shale gas y shale oil.

Venezuela debe volver a ser una figura importante en el mercado petrolero global, y solo logrará aquello con un nuevo gobierno que sea democrático. De mi parte todo el apoyo y solidaridad a Venezuela: su liberación es la liberación latinoamericana del populismo.