Intensa llamarada solar afecta a conexiones GPS de la Tierra

Dos potentes llamaradas solares se produjeron el pasado miércoles, la más intensa desde hace 12 años, que afectó a las conexiones GPS de la Tierra, ralentizándolas durante una hora, según indicó la agencia espacial de Estados Unidos (NASA).

Estos chorros de radiación que pueden perturbar el funcionamiento de los satélites de comunicación y el GPS, así como las redes de distribución eléctrica al alcanzar la atmósfera superior de la Tierra, fueron detectados y grabados por el satélite Solar Dynamics Observatory de la agencia espacial estadounidense a las 09:10 GMT y 12:02 GMT respectivamente.  

La primera de ellas tuvo una intensidad de X2.2, pero fue la segunda la que alcanzó una mayor potencia, de X9.3. Este segundo evento fue la mayor fulguración solar en 12 años de observación constante del Sol.

Como explica la NASA, las fulguraciones son explosiones de radiación que se clasifican como A, B, C, M o X dependiendo del flujo de rayos X. Una intensidad de clase X hace referencia a las llamaradas más potentes, y el número que lo acompaña se refiere a la fuerza de las mismas. Según esto, una llamarada X2 es el doble de intensa que una llamarada X1, siendo X3 el triple de intensa que X1, y así sucesivamente.

Una llamarada solar de una intensidad tan alta como la segunda, de X9.3, si bien no supone un peligro a las personas gracias a la acción de la atmósfera, puede llegar a interferir con los objetos situados en la órbita terrestre, como los satélites responsables, entre otros, de las conexiones GPS, como publicó la agencia espacial a través de su página oficial

Como resultado de la potente actividad solar, los sistemas GPS de todo el planeta sufrieron interferencias durante el jueves que se prolongaron durante al menos una hora, como informó el portal especializado New Scientist.

La segunda de las llamaradas solares es la más potente de las registradas desde el año 2005, cuando se detectó una de X17.

Sólo dos años antes, en 2003, tuvo lugar la llamarada más intensa de la que se conservan registros, que tuvo una potencia de X28. La actividad solar fue de tal intensidad que sobrecargó los sensores de la NASA encargados de estudiar el Sol.

Estas dos últimas erupciones se produjeron en una región activa del Sol donde ya había ocurrido una erupción de intensidad media el 4 de septiembre, una décima del tamaño de una llamarada de clase X, lo que condujo a una eyección de masa coronal dirigida hacia la Tierra que podría causar auroras en latitudes tan al sur de Estados Unidos como Ohio e Indiana.

Durante el ciclo actual del Sol, que comenzó en diciembre de 2008, la intensidad de la actividad solar disminuyó bruscamente, abriendo el camino al "mínimo solar". Los ciclos solares duran un promedio de once años.  

Al final de la fase activa, estas erupciones se vuelven cada vez más raras, pero pueden no obstante ser potentes.  

¿Por qué ocurren?

Las llamaradas solares ocurren cuando el campo magnético del Sol —que crea las manchas oscuras en la superficie de la estrella— se retuerce y se vuelve a conectar, haciendo explotar la energía hacia fuera y sobrecalentando la superficie solar. Los destellos solares de clase X pueden causar tormentas de radiación en la atmósfera superior de la Tierra y desencadenar apagones de radio, como sucedió en este último caso.

Expertos explican que las tormentas solares se manifiestan en enormes explosiones. De repente salen burbujas del Sol, nubes de gas que se empiezan a propagar y algunas pasan cerca de la órbita de la Tierra. Nuestro planeta tiene un campo magnético que funciona como coraza; es un escudo que, en general, evita que el viento solar llegue a la atmósfera. Pero estas enormes nubes a veces son capaces de romper esa coraza por unas horas. Entonces, las partículas se meten y producen auroras boreales, pero también interrupciones en telecomunicaciones, en lo que se llama tormenta geomagnética.

Así, una tormenta solar ocurre si hay explosión en la atmósfera de la estrella y salen nubes de material hacia el espacio; mientras que una geomagnética se presenta en el momento que esas nubes chocan con el campo magnético terrestre y rompen la coraza por algunas horas.

La mayor tormenta solar registrada hasta el momento tuvo lugar en 1859, durante un máximo solar. Durante la tormenta de Carrington se registraron auroras boreales en Cuba y Honolulu, mientras que las australes fueron vistas desde Santiago de Chile. Las alteraciones geomagnéticas fueron tan fuertes que la comunicación por telégrafo en América del Norte y Europa se paralizó.