Las ocho selecciones con pasaporte a Rusia

Tite llegó al comando de Brasil tras el fracaso de Dunga y la eliminación en la primera fase de la Copa América Centenario. El equipo estaba en puestos que no daban acceso al Mundial, competición a la que nunca ha faltado. Había ganado apenas dos partidos de seis, pero tras el cambio encadenó nueve triunfos consecutivos hasta el empate del pasado martes en Barranquilla contra Colombia. Tite ha aplicado la lógica con un 4-1-4-1 con el que ya lo había ganado todo con el Corinthians, incluido un Mundial de clubes en 2012, el único triunfo de un equipo no europeo en las 11 ediciones con la nueva denominación y formato de la competición. Brasil juega con sus habituales laterales largos (Dani Alves y Marcelo) y se blinda en mediocampo con Casemiro y dos interiores a los que Tite no dudó en recurrir pese a que jugaban en el fútbol chino, el ahora barcelonista Paulinho y Renato Augusto. Neymar y Coutinho se han desatado y el equipo se ve alegre, no tan presionado como aquel que gritaba, más que entonaba, el himno durante los instantes previos de los partidos de su Mundial, prisionero de la excitación y la responsabilidad. Un detalle retrata la filosofía de Tite: implantó la rotación en la capitanía del equipo para repartir liderazgos. Con ese talante Brasil ha vuelto a liderar el ranking FIFA, techo al que no llegaba desde 2006.


Japón:

Le sobró un partido para llegar a Rusia, pero antes pasó por dificultades porque inició la última fase clasificatoria con una derrota en casa ante Emiratos Árabes Unidos y en su segunda cita como local no logró el gol de la victoria ante Irak hasta el tiempo de prolongación. Acosado por las críticas, el seleccionador Vahid Halilhodzic tomó el bisturí y sacó de su once tipo, primero a Okazaki y Kiyotake y después a Honda y Kagawa. Con los cuatro futbolistas de más currículo en el banco toma las riendas una nueva generación que ya se foguea en campos europeos, la de Takuma Asano, delantero cedido por el Arsenal al Stuttgart. Takashi Inui, extremo del Eibar ha entrado en el equipo, sustentado sobre veteranos como Yoshida, central del Southampton, el mediocentro y capitán Hasebe, de larga carrera en la Bundesliga y ahora en el Eintracht, o Nagatomo, el lateral zurdo del Inter. Con todo, le falta fútbol y colmillo al equipo, en principio, inferior al que a punto estuvo de enfrentarse a España en los cuartos de final del Mundial de Sudáfrica.

Arabia Saudita:

Tras su impactante estreno mundialista en 1994, Arabia Saudí repitió presencia sin tanto brillo en los tres campeonatos siguientes y se perdió los de 2010 y 2014. En enero de 2012 la federación tomó una decisión que le puso en el camino correcto porque reclutó a Juan Ramón López Caro, que se hizo cargo primero de la dirección deportiva de la selección y más tarde del equipo. Fueron casi tres años que edificaron algo distinto, que le dio un barniz de profesionalización a las categorías inferiores de la selección y cocinó un grupo talentoso, muy comprometido con el equipo nacional, pero con una cultura deportiva que nunca se ha basado en el esfuerzo. Casi al tiempo que López Caro llegó al país Raúl Caneda, técnico gallego que dirigió a Al Ittihad y Al Nassr, dos de los principales referentes futbolísticos del país. Fue él quien hizo debutar con 17 años en la elite a Fahad Al Muwallad, el autor del gol ante Japón que devuelve a Arabia al máximo escaparate futbolístico del planeta. Es el premio para una nueva generación de futbolistas con las características de las anteriores: habilidosos con balón, capaces de combinar, un equipo vistoso dirigido ahora por Bert Van Marwijk, el seleccionador holandés en la final del 2010 contra España.

Corea del Sur:

Estuvo en los ocho últimos Mundiales, no falta a esa cita desde 1986, pero los coreanos pasaron un calvario para firmar su clasificación con sendos empates sin goles ante Irán y Uzbekistán. Todo después de que una derrota ante Qatar en junio le complicase el pase y se llevara por delante al técnico Uli Stielike. Le sucede el local Shin Taeyong, que apenas ha dispuesto de cinco futbolistas que juegan en ligas europeas para su última convocatoria. Europa ya no es destino apetecible para el futbolista coreano que desea progresar, seducido por la pujanza económica de la competición local, de la nipona o la china. El estilo no varía: fuerza y largo aliento, pero el talento decae y apenas Son Heungmin, que ha perdido sitio en el Tottenham, ofrece algo diferente. Le falta osadía y creatividad a esta generación coreana, quizás la más floja en mucho tiempo.

Bélgica:

El primer equipo europeo clasificado sobre el césped todavía no conoce la derrota en un grupo muy sencillo en el que hasta ahora apenas Grecia le ha puesto en aprietos. Roberto Martínez dejó atrás la Premier League y llegó tras la Eurocopa para agitar un equipo con talento, pero que no parecía sobrado de alma. “Es una generación de oro, pero necesita ayuda”, explicaba el técnico aragonés a su llegada. En el camino acaba de dejar al margen a Nainggolan, decisión que ha generado alguna polémica apagada por los resultados. Conocido su arsenal ofensivo (De Bruyne, Hazard, Mertens, Benteke, Lukaku, Carrasco, Origi…), Bélgica desarrolla ahora su potencial zaguero. Meunier se ha consolidado en el lateral derecho y la pareja de centrales que conforman Alderweireld y Vertonghen ya ha testado su compenetración en el Tottenham y se ha consolidado ante las ausencias de Kompany y Vermaelen, que tampoco han dejado de contar para el entrenador español. Bélgica se ha clasificado, pero no puede pararse porque dos victorias más ante Bosnia, a domicilio, y en Bruselas ante Chipre servirían para apurar sus posibilidades de ser cabeza de serie en el sorteo de los grupos mundialistas.

Irán:

Llega a su segundo Mundial consecutivo de la mano del portugués Carlos Queiroz. Hasta el duelo final contra Siria, al que llegó ya con el pase en el bolsillo, no había concedido ningún gol en los 12 partidos anteriores de clasificación. El dato alerta sobre un equipo coriáceo, pero también atesora gotas de calidad, las del delantero Sardar Azmoun, que ya se ha dejado ver en competición europea con el Rostov y no tardará en dar el salto a un destino más lustroso. “Lo tiene todo para rendir al más alto nivel”, advierte Queiroz sobre el delantero, Azmoun, que apenas tiene 22 años. Durante la fase de clasificación también descolló el capitán Masoud Shojaei, de pasado en Osasuna y Las Palmas, pero el gobierno iraní le ha apartado de la selección junto a su compañero, el lateral zurdo Ehsan Haji Safi por disputar un partido de la previa de la Champions con su equipo, el Panionios griego, ante un rival israelí. Irán ha estado al frente del escalafón asiático en el ranking FIFA. Nadie le ha ganado en los 18 partidos de trayecto hacia Rusia. “La única selección asiática que nos puede vencer es nuestro equipo reserva”, se vanagloria Queiroz. Ahora ambiciona subir de nivel porque en sus cuatro participaciones en Mundiales apenas pudo ganar un partido, aquel histórico de 1998 contra Estados Unidos.

México:

Llega al séptimo Mundial consecutivo tras caer en octavos de final en los seis anteriores. Ahí está la frontera, otro muro a derribar para un equipo en el que siguen clásicos como Ochoa o Guardado, no falta la representación de la generación de Carlos Vela, Chicharito, Héctor Moreno y los hermanos Dos Santos y al que llegan nuevos talentos como el delantero Hirving Lozano, que ya deslumbra en su primera experiencia europea en el PSV Eindhoven. Muchos de esa nueva ola están por salir de México, 13 de los 25 integrantes de la última convocatoria del técnico Juan Carlos Osorio juegan en la competición doméstica. La exigencia le rodea, hubo duras críticas a la campaña veraniega de la selección, con una cuarta plaza en la Copa Confederaciones y una eliminación en las semifinales de la Copa de Oro ante Jamaica con un equipo alternativo. Todo precedido de una igualada en el Estadio Azteca frente a Estados Unidos. Con lo justo y sin épica llega México, pero con hambre por derribar un muro.

Rusia:

Fue el primer equipo en irse a casa en la pasada Eurocopa y el zar Mostovoi fue taxativo: “Somos el peor equipo de la competición”. Al genio que deslumbró en el Celta le molesta que cada vez sean menos los futbolistas rusos que salen a jugar a clubs del exterior. Los 23 que disputaron el pasado mes de junio la Copa Confederaciones juegan en la liga local con Spartak y Rostov como base. Fue la elección de Stanislav Cherchesov, el nuevo técnico elegido tras la hecatombe continental y una serie de amistosos con derrotas en casa ante Costa Rica o Costa de Marfil, un equipo que se mostró corajudo, pero limitado, que ganó a Nueva Zelanda y cayó con Portugal y México. La perspectiva no es alentadora. “Nos servirá para madurar porque el 75% de mis futbolistas no han jugado nunca a ese nivel”, explicó Cherchesov tras el fiasco. Rusia está más allá del puesto 60 en el ranking FIFA, superada por Haití, Marruecos o Panamá, a la par de Albania o Uzbekistán. Dzagoev, ausente por lesión en la cita de la Confederaciones, y Smolov abanderan la esperanza de que se pueda mostrar un talento precario.

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