La publicación de documentos clasificados remueve las teorías conspiratorias sobre JFK

En los últimos años, el llamado «distrito del arte» de Dallas ha explotado con museos, teatros y centros culturales, muchos con firmas de los arquitectos más célebres del mundo. Para muchos visitantes, sin embargo, su imán en la ciudad texana es un pequeño edificio de ladrillo rojo en un extremo de Elm Street, en su desembocadura en la plaza Dealey. Desde una ventana en su sexto piso se supone que Lee Harvey Oswald disparó y mató a John Fitzgerald Kennedy hace casi 54 años, la mañana del 22 de noviembre de 1963.

Ese edificio, que entonces era un depósito oficial de libros escolares, acoge hoy The Sixth Floor Museum (el Museo del Sexto Piso) en el que se desgrana el contexto histórico del asesinato de JFK y se recrea el magnicidio. El museo, aunque cita las variadas teorías conspiratorias, recrea el asesinato según la versión oficial y, por el momento, más defendida: fue Oswald y solo Oswald. No se puede observar la calle desde la ventana desde la que disparó. Está cerrada con cristales y reproduce la escena, las cajas de libros y documentos con las que Oswald se parapetó. Sí se puede mirar desde el mismo ángulo un piso más arriba y cualquiera que esté ahí piensa: ¿Por qué no disparó cuando la limusina del presidente venía de frente, por la calle South Houston, y esperó a que que girara en la plaza para disparar a más distancia y con un ángulo más difícil?

Abajo, en la calle, pululan guías dispuestos a repetir teorías que contradicen la versión oficial a cambio de una propina: el ángulo de los disparos no cuadra con la autopsia, hubo otros disparos desde una loma al otro lado de la plaza (en la dirección en la que iba el descapotable de JFK), fueron los cubanos, los soviéticos, agentes de la CIA… No importa que la mayoría de ellas hayan sido desarboladas por las autoridades y por investigadores independientes. En Dallas, hasta los taxistas tienen su propia teoría «conspiranoica».

En campaña, Trump deslizó que Oswald se había visto con el padre de su entonces rival en las primarias, Ted Cruz
Uno habla de una reunión secreta en la víspera, en la que participó el vicepresidente, Lyndon B. Johnson, y en la que se urdió el asesinato. La omisión de información durante años, la dificultad para encontrar un motivo claro y la falta de pruebas han alimentado estas teorías, que han calado en EE.UU. Las encuestas muestran que el 60% de los estadounidenses no se creen la versión oficial, desarrollada en meses de trabajo tras el asesinato por la Comisión Warren.


La conspiración llega hasta la Casa Blanca. Durante la campaña electoral, Donald Trump deslizó que Oswald se había visto con el padre de su entonces rival en las primarias, el republicano Ted Cruz. Roger Stone, un asesor cercano de Trump durante las elecciones, investigado por las conexiones con Rusia y feroz defensor del presidente, aseguró en un libro de 2013 que LBJ fue el «cerebro» del magnicidio (la película más famoso sobre el asunto, la que firmó Oliver Stone, también sugería una participación del entonces vicepresidente).

Ahora Trump ha anunciado que miles de documentos clasificados saldrán a la luz a partir de este jueves. Es una de las estipulaciones de una ley aprobada en 1992, en las que se establecía que el Gobierno debería publicar todo la información disponible sobre el asunto en un plazo de 25 años. Trump podría haberse negado a hacerlo, pero dio la luz verde por Twitter.

Más de un tirador

No se espera que los nuevos documentos supongan un vuelco en los misterios sobre los que vuelven una y otra vez las teorías conspiradoras. ¿Es posible que Oswald planeara y ejecutara el asesinato solo? Se han hecho estudios hasta la saciedad para tratar de demostrar que hubo más de un tirador. Incluso una investigación oficial a finales de los 70 lo dio casi por hecho basándose en estudios sonoros, que después fue desechada. ¿Actuó Jack Ruby por su cuenta? Gran parte del misterio del asesinato tiene que ver con que Oswald murió solo dos días después, a las manos de Ruby, un empresario de la noche. Oswald no pudo contar su historia y la Comisión Warren dictaminó que Ruby también actuó solo.

¿Estuvo alguien detrás de todo? Aquí hay teorías para todos los gustos: agentes de la CIA radicales, disgustados con las posiciones de Kennedy sobre el comunismo y el desastre del intento de deponer a Fidel Castro en Cuba con la invasión de Bahía de Cochinos; la mafia, también interesada en tener a alguien capaz de recuperar sus casinos en La Habana; exiliados cubanos descontentos con la invasión fracasada; el KGB soviético o incluso LBJ, que no mantenía la mejor relación en aquel momento con Kennedy.


No se espera que ninguna de estas teorías reciban un empujón con la nueva oleada de documentos. Sí que podrían arrojar luz sobre las actividades de Oswald previas al asesinato, cuando viajó a México y visitó las embajadas de Cuba y de la Unión Soviética. También mucha información embarazosa sobre cómo actuaba la CIA en la época. Algo que a Trump, enfrentado con la comunidad de inteligencia desde que llegó a la presidencia, podría no importarle.

Comparte
Síguenos en Facebook