Después de Siria y Yemen este es el nuevo escenario de conflicto en Oriente Medio

Arabia Saudita ha abierto un nuevo frente en su guerra de poder regional contra Irán, pero en esta ocasión ha trasladado el escenario del conflicto al Líbano, poniendo en su mira a la organización militarizada chiita Hezbolá, aliada de Teherán, informa Reuters.

Debido a que la República Islámica está ganando las batallas en Siria y Yemen, el nuevo objetivo de Riad parece ser la provocación de una crisis política y económica en territorio libanés, reporta por su parte el portal Middle East Eye.

La semana pasada el primer ministro sunita del Líbano, Saad al Hariri, "que había sido llamado a Arabia Saudita para consultas", anunció desde Riad que renunciaba a su cargo, alegando que Irán y Hezbolá supuestamente tenían un plan para asesinarlo. Las circunstancias y la forma en cómo dio a conocer su dimisión indican que habría sido forzado por la monarquía saudita a tomar esa decisión, agrega la publicación.

Israel entra en escena

¿Pero por qué el primer ministro de un país renunciaría en la capital de otra nación? Hariri es patrocinado por Arabia Saudita y ese país ha proporcionado una base y respaldo financiero para el imperio empresarial de su familia, explica Middle East Eye.

Además, Riad ha culpado al Líbano de haberle declarado la guerra al permitir que Hezbolá realizara una serie de actos desestabilizantes contra el reino. Con la renuncia de Hariri, la organización militarizada, que forma parte del Ejecutivo, trataría de formar un Gobierno provisional puramente chiita, lo que desencadenaría un conflicto interno con la comunidad sunita libanesa. Asimismo la dimisión del primer ministro llevaría a la monarquía saudita a responsabilizar a Hezbolá de todo lo malo que ocurra en el Líbano, prevé Reuters.

Pero la salida de Hariri también tiene importantes implicaciones para Israel, señala el diario Haaretz. El príncipe heredero saudita, Mohamed ben Salmán, parece ansioso por intensificar el conflicto con Irán por todos los frentes, y una forma sería creando las condiciones para una guerra entre Israel y Hezbolá.

La distracción perfecta

Tanto Salmán como su nuevo aliado, el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, están en la necesidad de fortalecer sus poderes en sus respectivos países. Al príncipe saudita le urge fortalecer la purga anticorrupción iniciada en el reino, mientras que Netanyahu se encuentra inmerso en un escándalo de corrupción, y una guerra contra el Líbano sería la distracción perfecta para desviar la atención de la población israelí y saudita, señala Middle East Eye.

Tel Aviv se ha estado preparando para la próxima guerra contra Hezbolá desde 2006, e Israel y Arabia Saudita están alineados en la lucha regional contra Irán.

Finalmente Estados Unidos, que jugó un papel decisivo en la prevención de un ataque israelí contra la República Islámica durante años, ahora está liderado por un presidente, Donald Trump, que ha adoptado una postura dura hacia Teherán. Además, haciéndose eco de los llamados sauditas, Washington también ha impuesto sanciones contra entidades que apoyen a Hezbolá.

Fuente: RT
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