El presidente de un Banco a Puigdemont: «Y ahora que lo hemos conseguido tú quieres salir de España»

Isidro Fainé, presidente de la Fundación Bancaria La Caixa, no llama nunca a los políticos pero acude siempre que le solicitan. También cuando le llamó Carles Puigdemont, a los seis meses de llegar a la presidencia de la Generalitat. Era el mes de julio de 2016. Cuando el señor Fainé entró en el despacho presidencial un caótico Puigdemont se le acercó para saludarle y antes de darle las buenas tardes le dijo: «Isidre, que sepas que soy independentista. Te lo digo para que no te engañes. Y por cierto, ¿tú lo eres?». El presidente Fainé asistió atónito al esperpéntico recibimiento pero tuvo la sangre fría de contestarle: «President, yo soy partidario de una gran Cataluña dentro de España. Y le diré más: desde que estoy al frente de La Caixa he conocido a cuatro presidentes de la Generalitat: a Maragall, a Montilla, a Mas y hoy a ti. Tus tres antecesores me pidieron que hiciera de La Caixa el primer gran banco de España, y ahora que lo hemos conseguido, tú quieres salir de España».

Puigdemont enmudeció de tal modo que el camarero que contempló la escena sólo recuerda otra igual, también con Fainé, cuando quien le llamó para conocerle fue Ernest Benach, presidente del Parlament a propuesta de ERC durante los tripartitos y uno de los mayores patanes que ha dado la política catalana. Benach invitó a comer al señor Fainé al Parlament y al final del primer plato empezó a toquetear su teléfono portátil como muy concentrado y cuando su invitado intentó decirle algo, ante la extraña situación que se estaba creando, todo un presidente de uno de los parlamentos más antiguos de Europa le respondió: «Isidre, perdona un momento, que estoy a punto de batir mi récord en el juego de la serpiente: ahora enseguida continuamos hablando».

Que el nivel político no siempre haya sido el deseable no significa que La Caixa, y muy especialmente Isidro Fainé, no hayan intentado siempre establecer puentes de diálogo y de concordia. El presidente del universo La Caixa es probablemente el único gran empresario humanista que queda desde la muerte de Pedro Duran Farell y el último gran referente de la sociedad civil catalana al que todos acuden para sofocar los más graves incendios. Tras la desaparición de José Manuel Lara, Ricardo Fornesa y Leopoldo Rodés, Isidro Fainé ha acabado dedicando más tiempo a preservar la cordura y el entendimiento, sobre todo en la política catalana, que a su imprescindible y tan valiosa actividad profesional.

Por ello Josep Borrell fue especialmente injusto cuando en su discurso de la gran manifestación unitaria el 8 de octubre en Barcelona criticó a las empresas que se han marchado de Cataluña por no haberlo hecho antes. Dejó claras sus dotes oratorias y su capacidad para la demagogia pero también que en su vida ha pagado una nómina.

El cambio de sede social de los grandes bancos y empresas ha sido una decisión largamente meditada y ejecutada con celeridad en el momento exacto. Ni demasiado pronto para alimentar la verosimilitud y fuerza del proceso, ni demasiado tarde para poner en riesgo la rentabilidad y propia existencia de las entidades.

Hasta el 1 de octubre nadie en el mundo creía que el proceso independentista de Cataluña iba en serio de modo que haber tomado drásticas decisiones con la antelación que Borrell reclamaba habría sido avalar las tesis de los secesionistas y darles credibilidad.

Tras el 1-O

El 2 de octubre por la mañana, tras las controvertidas y no siempre contextualizadas imágenes de la jornada del referendo ilegal, las salas de tesorería de los principales bancos catalanes –Sabadell y CaixaBank– empiezan a recibir llamadas de los operadores internacionales para vender sus paquetes accionariales. CaixaBank tuvo el descenso de un 12% en la Bolsa del que paulatinamente se recuperó cuando anunció el cambio de sede. Contra los que dicen que la causa de Cataluña se ve con simpatía en Europa y en los mercados por la potencia de su economía, la bolsa se desplomó la única vez que consideró verosímil su ruptura con España.

La decisión del cambio de sede social y fiscal de tantas empresas y bancos ha sido triste y dolorosa para empresarios y altos directivos como Borja García-Nieto o Jaume Giró, con sólidos contactos desde hace años en ambos lados, que en estos últimos años, y hasta el jueves previo a la –falsa– declaración de independencia a las 14.00h, participaron activamente en las negociaciones para llegar a un acuerdo dentro de la legalidad. Desde fuentes próximas a la Moncloa, les citan como personas clave, discretas y generosas que realmente lo intentaron aunque finalmente Puigdemont se dejara llevar por el griterío de Twitter y no consiguieran su propósito.

La propaganda independentista miente cuando asegura que las empresas y bancos volverán a Cataluña cuando cese el conflicto: y mienten todavía más cuando dicen que es irrelevante el cambio de sede social y fiscal, ignorando o tal vez ocultando el contexto institucional y de contratación profesional y empresarial que implica que una de estas grandes empresas se instale en su comunidad.

Tras el 21-D, sea cual sea el resultado, los que abogan por la concordia tendrían que tener otra oportunidad aunque sólo sea que el entendimiento es mucho más España que el cuarto de las ratas.

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