Hillary «compró» el partido para ganar a Sanders en las primarias

La política estadounidense vive uno de sus momentos más inciertos. Con una opinión pública cada vez más distanciada de sus representantes, que otorgó la presidencia hace casi un año a un outsider como Donald Trump, precisamente para derrotar al establishment, la sucesión de escándalos no cesa. Mientras el inesperado inquilino de la Casa Blanca da cuentas de su posible connivencia con el Gobierno ruso para ganar la elección, el foco vuelve ahora a su rival. La penúltima presidenta del Partido Demócrata, Donna Brazile, ha lanzado otra bomba: Hillary amañó con el aparato su elección en las primarias para ser la candidata presidencial. La afirmación no es tan sorprendente. Su contrincante, Bernie Sanders, ya lo denunció durante la campaña. La novedad estriba en el modo en el que Clinton compró literalmente su elección en los despachos de su propia formación política. El amaño fue sencillo: Hillary sostenía económicamente a un partido muy endeudado, mientras la cúpula se ponía a su servicio para garantizarle la nominación, obviando su obligada neutralidad en el proceso.

Brazile asegura que «el acuerdo con el comité de fondos no era ilegal, pero tampoco ético». «Si la pugna debe ser limpia, una campaña no puede controlar el partido antes de que las bases decidan quién debe ser el candidato». Son afirmaciones de la ex dirigente demócrata en «Pirateos: La intrahistoria de sollozos y rupturas que colocó a Trump en la Casa Blanca». Un título muy descriptivo para un libro en el que detalla las opacas formas de hacer de la derrotada candidata y que ha reabierto las luchas intestinas en el mundo demócrata. La primera en reconocer los hechos ha sido Elizabeth Warren, la conocida senadora, referente del mundo liberal y guardián los principios éticos del partido. Se da la circunstancia de que Warren respaldó a Clinton en las primarias, lo que frustró las expectativas de Sanders y de sus bases. Mientras el senador por ahora guarda silencio, la senadora se ve obligada a purgar en público una apuesta que ahora se vuelve contra ella.

Las reacciones vienen también del enemigo. Trump, a quien los investigadores pisan los talones por la llamada trama rusa, no ha desaprovechado la oportunidad para exigir desde Twitter al FBI y al Departamento de Justicia, de su propio gabinete, que actúen contra Hillary Clinton. «¡La verdadera conspiración está en el nuevo de Donna Brazile. La corrupta Hillary compró el DNC (Comité Nacional Demócrata) y luego robó las primarias al loco Bernie!». Así clamaba este viernes el presidente en su cuenta de la red social, donde culminaba otro tuit animando: «¡Vamos FBI y Departamento de Justicia!». Su exigencia es una constante, en su intención de repartir culpas y disipar su propia responsabilidad. Pero la amplia convicción de que Hillary Clinton tampoco actuó con limpieza se agrava más con algunos datos que apuntan a que desbordó la legalidad. Frente al límite de 2.700 dólares que cada donante particular puede aportar a una campaña presidencial, el procedimiento del equipo de Hillary consistió en burlar a la Comisión Electoral Federal mediante aportaciones a través de los estados, que posteriormente eran transferidos a su propia campaña y al Comité Nacional Demócrata. De forma que Clinton recibió una aportación adicional de 320.000 dólares, a razón de 10.000 dólares aportados desde 32 estados, además de otros 33.400 dólares que desvió al partido.

Los problemas internos de una formación política que no levanta cabeza se han agravado con la destitución este viernes de su responsable de finanzas, Emily Mellencamp. Después de sólo cinco meses de gestión, en el fondo de su salida late el problema de la falta de financiación para enjugar su elevada deuda, además de hacer frente a las elecciones legislativas de 2018. El dato revelador es que entre enero y septiembre de este año, los demócratas han recaudado sólo 51 millones de dólares, frente a los 104 millones atesorados por el Partido Republicano. Y la llegada de Mellencamp no ha servido para revitalizar las arcas.

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