Las repúblicas bálticas se afanan en aislarse con modernas vallas en sus fronteras con Rusia y Bielorrusia

La amenaza militar de Rusia y su aliada Bielorrusia no es la única causa de que Estonia, Letonia y Lituania, miembros de la Unión Europea y la OTAN, estén construyendo modernas vallas con el último grito en sistemas de seguridad en sus fronteras, que son a su vez el límite exterior de la UE. De hecho, por muchas cámaras y alambre de espino que tengan, no lograrían detener a los tanques rusos. Lo que las tres repúblicas exsoviéticas pretenden conseguir es poner freno al contrabando y evitar que desde los dos vecinos eslavos se les sigan colando inmigrantes clandestinos procedentes de Afganistán, Pakistán, Irak, Siria o Vietnam.

Tras haber casi terminado de instalar una empalizada de más de dos metros de alto a través de los 137 kilómetros de la línea de demarcación terrestre que separa Letonia de Rusia, ya que los 133 kilómetros restantes de frontera es acuática, las autoridades de Riga se disponen ahora a hacer lo mismo con Bielorrusia.

Así lo anunció el pasado miércoles Oleg Yemáshov, un responsable de la guardia fronteriza letona en el puesto de Daugavpils. Según sus palabras, «la valla con Bielorrusia se extenderá a través de 120 kilómetros, evitando fronteras naturales como ríos y lagos», cuya longitud suma 53 kilómetros más. Yemáshov dijo a medios de comunicación de su país que el costo previsto de la infraestructura será de 10,5 millones de euros y deberá estar terminada para 2020. Sostiene además que «la valla no tiene una finalidad defensiva ante una agresión militar, pero sí en la lucha contra la inmigración ilegal y el contrabando».

El mayor flujo detectado en el momento actual de inmigrantes clandestinos que tratan de penetrar en la Unión Europea desde Bielorrusia son vietnamitas. De las 175 personas que intentaron entrar en Letonia desde Bielorrusia durante 2016, 83 eran vietnamitas, 59 iraquíes y el resto de otras nacionalidades. Desde Rusia, fueron interceptados 301 ilegales, 226 vietnamitas entre ellos. En cuanto al contrabando, subraya Yemáshov, «está aumentando. Si en 2016 pudimos decomisar 11 millones de cigarrillos, en lo que va de 2017 hemos incautado 25 millones».


La ruta del norte

El año pasado, el ministro de Exteriores letón, Edgars Rinkevics, alertó sobre un posible aumento del número de refugiados procedentes de Siria y otros países de Oriente Próximo. Rinkevics constató que «no es una novedad» que los que huyen de la guerra y la miseria tome la «ruta del norte» y puso como ejemplo los intentos de acceder a Finlandia y Noruega desde Rusia. «Antes se pensaba que la migración era un problema de los países del sur de Europa, pero ahora nos está afectando también a nosotros», admitió Rinkevics. Según el plan europeo de distribución de refugiados, Letonia tendría que haber acogido a 531, pero por ahora sólo ha aceptado seis llegados de Siria y Eritrea.

Lituania también comparte frontera con Bielorrusia y Rusia (en el enclave de Kaliningrado) y su Gobierno también ha dispuesto la construcción de un muro por las mismas razones expuestas por Letonia. El ministro de Interior lituano, Eimutis Misiunas, afirmó recientemente que «teniendo en cuenta la amenaza que supone Rusia, los parlamentarios lituanos han decidido que es necesario levantar una barrera física». A su juicio, "una valla así no va a parar a los tanques o a los militares, pero va a hacer que cruzar la frontera de forma ilegal sea mucho más difícil y da cierta tranquilidad y sensación de seguridad a nuestra población" .Lituania tiene un frontera de 266 kilómetros con la región rusa de Kaliningrado, aunque la cerca en el tramo puramente terrestre no llegará a los 30 kilómetros. Con Bielorrusia la frontera es de 678 kilómetros.

En cuanto a Estonia, es el país báltico que lleva un mayor retraso en la construcción del vallado. La mayor parte de su frontera con Rusia son ríos y lagos. La parte terrestre abarca solamente 90 kilómetros, y el muro debería haberse terminado este año, pero no estará listo hasta 2010.

El consejero del Kremlin, Bogdán Bezpalko, estima que los muros construidos por las tres repúblicas bálticas «son completamente innecesarios». Según su opinión, «hubiese sido mejor gastar el dinero en otra cosa». Bezpalko está convencido de que las vallas «son parte de un plan de guerra psicológica».

El flujo de inmigrantes ha obligado también a Noruega a reforzar su frontera con Rusia y a levantar un muro. El año pasado, Noruega y Finlandia se vieron desbordadas por la avalancha de personas procedentes de Afganistán y Siria que trataban de alcanzar la UE desde Rusia. El cerrojazo que dieron finalmente los dos países escandinavos dejaron a miles de ellos atrapados en territorio ruso, llegando a provocar conflictos con la población local.

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