Trump insta a Corea del Norte a volver a la mesa de diálogo sobre su desarme nuclear

Rebajando su habitual retórica agresiva, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha instado este martes a Corea del Norte a «volver a la mesa» de diálogo para «alcanzar un acuerdo» sobre su desarme nuclear. Acompañado del presidente surcoreano, Moon Jae-in, ha hecho este llamamiento al régimen del joven dictador desde Seúl, adonde ha llegado procedente de Japón para la segunda escala de su gira por Asia.

«Creo que tiene sentido para Corea del Norte hacer lo correcto. Pienso que estamos mostrando una gran fuerza. Una fuerza que no se puede igualar. Tenemos tres portaaviones posicionados y un submarino nuclear. Pido a Dios que nunca tengamos que usarlos. Espero que tenga sentido para Corea del Norte volver a la mesa», explicó Trump, según informa la cadena de televisión estadounidense Fox.

Aunque el presidente se congratuló de que había «buenos progresos» con el régimen estalinista de Pyongyang, se negó a entrar en detalles y no quiso aclarar si se trataban de conversaciones directas. Sin embargo, así lo reconoció su secretario de Estado, Rex Tillerson, durante su visita de septiembre a China para preparar esta gira.

Justo antes de llegar a Pekín, donde aterrizará este miércoles, Trump también lanzó un guiño al presidente chino, Xi Jinping, al alabar que «ha sido muy útil y ha estado trabajando muy duro para resolver el problema». Por eso, volvió a insistir en la necesidad de lograr la ayuda de China y Rusia para acabar con las constantes provocaciones de Kim Jong-un, que en septiembre llevó a cabo su sexta prueba nuclear y ya ha probado dos misiles intercontinentales. «Si conseguimos a China y Rusia, las cosas podrían ocurrir muy rápidamente. Este es un problema del que nos deberíamos haber encargado hace mucho tiempo, pero eso es lo que me he encontrado», razonó Trump.


Pero el régimen de Pyongyang sigue enrocado en su desafío atómico y su retórica belicista. «Nadie puede prever cuándo el viejo loco de la Casa Blanca, privado de todo sentido, comience una guerra nuclear», le dio su particular bienvenida a Asia la agencia estatal norcoreana, KCNA. En su despacho, advirtió de que «EE.UU. no debería esperar ningún cambio de nosotros».

Por si acaso fallan las negociaciones, como ha ocurrido en tantas ocasiones anteriores, Trump está aprovechando su parada en Seúl para reforzar la alianza militar con Corea del Sur. Buena prueba de ello es que él y su homólogo surcoreano, Moon Jae-in, han acordado eliminar el límite de la carga explosiva que hasta ahora tenían los misiles de este país, fijado en 500 kilos. Para que sirvan como elemento disuasorio ante los proyectiles del Norte, que pueden llegar a tener cargas explosivas de hasta mil kilos, Seúl mejorará su capacidad militar con la ayuda de la Casa Blanca. De igual modo, el Pentágono intensificará el despliegue de sus efectivos rotatorios en torno a la Península Coreana, lo que significa que habrá más maniobras de cazas, bombarderos y barcos a modo de demostración de fuerza ante Kim Jong-un.

Cambio de discurso del presidente surcoreano

«También hemos acordado empezar inmediatamente las conversaciones para el desarrollo y la adquisición de los más avanzados equipos militares de vigilancia», anunció Moon Jae-in, según informa la agencia Yonhap. Entre ellos destacan los satélites espía y los submarinos nucleares que Corea del Sur quiere comprar, que EE.UU. nunca ha suministrado a ningún país. Mientras siguen las negociaciones entre ambos, los próximos envíos militares serán de sistemas de radar Jstars, baterías antimisiles SM-3, aviones para patrullas marítimas P-81 y 20 nuevos cazas F-35s.

«Tenemos el mayor equipamiento militar del mundo y Corea del Sur pedirá miles de millones de dólares, lo que tiene mucho sentido para ellos y para nosotros significa empleos y reducir nuestro déficit comercial», volvió a «vender» Trump los beneficios de la industria de armamento para la economía estadounidense, al igual que hizo el día anterior en Japón. Durante la última década, Corea del Sur ha comprado más de 36 billones de won (27.700 millones de euros) en armas a EE.UU., entre las que destacan 40 cazas F-35 invisibles al radar y cuatro aviones no tripulados RQ-4 Global Hawk.

Todo con tal de mostrar una fuerza «arrolladora» ante Kim Jong-un, como coincidieron en señalar Trump y Moon Jae-in. Elegido en mayo, el presidente surcoreano ha cambiado radicalmente de discurso porque durante su campaña abogó por la distensión y el diálogo con Corea del Norte, hasta el punto de ofrecerse para viajar a Pyongyang y hablar directamente con Kim Jong-un. De hecho, se oponía al escudo antimisiles suministrado por EE.UU. que el anterior Gobierno conservador, de la depuesta Park Geun-hye, empezó a instalar en el centro del país entre protestas populares. Pero los continuos lanzamientos de misiles de Corea del Norte le han hecho olvidar, de momento, su mensaje apaciguador, que fue muy criticado por Trump. Ahora, ambos coinciden en combinar la fuerza militar con las presiones internacionales para acabar con la amenaza atómica de Pyongyang.

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