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La Asamblea General de Naciones Unidas votó a favor de la resolución que reafirma que el futuro de Jerusalén debe ser resuelto a través de negociaciones en medio de los insultos de Israel y las amenazas de EE.UU. a sus países aliados en la región. Tras la votación impulsada del lunes en el Consejo de Seguridad, donde EE.UU. se quedó solo y recurrió a su derecho al veto para frenar la resolución, Yemen y Turquía llevaron la votación a la Asamblea General para enfado de israelíes y estadounidenses. El primer ministro del estado judío, Benyamin Netanyahu, arremetió contra un organismo internacional al que calificó de «casa de las mentiras» y Donald Trump y su embajadora ante la ONU, Nikki Haley, advirtieron que vigilarían cada voto y que cortarían las ayudas que reciben sus aliados si votaban en contra. Un mensaje directo a países como Afganistán, Egipto, Irak, Jordania o Pakistán que se han mostrado en contra de la declaración sobre Jerusalén y que cada año reciben millones de dólares de Washington.

Turquía, aliado de EE.UU. en la OTAN que se ha erigido en el máximo defensor de la causa palestina, respondió de forma inmediata. El presidente, Recep Tayyip Erdogan, acusó a Trump de «querer comprar con dólares la voluntad del mundo» y su ministro de Exteriores, Mevlut Cavusoglu, aseguró que «ningún país honorable y digno debe ceder ante esta presión». Cavusoglu recordó a Haley que «el mundo ha cambiado y ya no sirve la máxima de “soy el más fuerte, luego tengo la razón”, ahora el mundo se revela contra la injusticia». El responsable de Exteriores palestino, Riyad al-Maliki, señaló que «la actual Administración estadounidense pone su sello en una nueva realidad política que muchos países rechazan».

No vinculante
La derrota diplomática de Trump no tiene efectos prácticos ya que la resolución no es vinculante. Una escena similar a la que se vivió en 2012, cuando Palestina fue admitida como «estado observador no miembro» tras una votación de la Asamblea en la que le respaldaron 128 países y tuvo nueve votos en contra, entre ellos los de Israel, EE.UU y Guatemala. Victorias diplomáticas simbólicas que no se traducen en medidas concretas en una Tierra Santa donde crece el malestar y no se frena la ocupación. En las protestas de las dos últimas semanas, que se han extendido por todos los países musulmanes, al menos ocho palestinos han muerto en Gaza y Cisjordania por disparos del ejército israelí, hay miles de heridos y dos milicianos de Hamás han muerto en bombardeos de Israel contra la Franja.

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