Theme Layout

Theme Translation

Trending Posts Display

Yes

Home Layout Display

Posts Title Display

404

We Are Sorry, Page Not Found

Home Page
Soldados ucranios, durante un desfile militar el pasado agosto en Kiev. EFREM LUKATSKY AP
Washington ha asegurado que el armamento en cuestión es exclusivamente defensivo y que su objetivo no es otro que el de disuadir a otros países de futuras agresiones. Pero la explicación convence muy poco en Rusia, donde, como señaló el viceministro de Asuntos Exteriores, Grigori Karasin, la venta a Ucrania de “cualquier armamento” supone un aliciente para “los partidarios de la solución militar del conflicto”, el que enfrenta a los rusohablantes de las regiones de Donetsk y Lugansk con el poder central de Kiev.


Desde 2014, cuando comenzó el conflicto, más de 10.000 personas han muerto en el este de Ucrania. EE UU ha estado proporcionando apoyo a Kiev con entrenamiento y la venta de rifles por parte de compañías privadas. Ahora, el arsenal incluirá misiles antitanques Javelin, según varias fuentes de la Administración citadas por la prensa estadounidense, un extremo que, oficialmente, el Departamento de Estado ha evitado confirmar. “Ucrania es un país soberano y tiene derecho a defenderse”, justificó la portavoz, Heather Nauer, el pasado viernes, con el fin de proteger “la soberanía e integridad territorial”.

La llegada de Trump al poder había despertado temores muy razonables en Kiev, habida cuenta de la química que el neoyorquino mostraba con el presidente ruso, sus declaraciones a la ligera sobre Crimea —“por lo que oigo, el pueblo de Crimea preferiría estar con Rusia que donde estaba”, llegó a decir cuando era candidato— y el hecho de que una de las figuras clave de la campaña electoral fuera Paul Manafort, quien asesoró al expresidente ucranio prorruso Víctor Yanukóvich. Manafort figura, además, en el centro de la llamada trama rusa (la injerencia de Rusia en las elecciones estadounidenses de 2016, que el Kremlin niega, con la supuesta conchabanza del círculo de Trump).

Nuevos riesgos
El movimiento de esta semana disipa estos miedos, aunque crea nuevos riesgos y no es garantía de solución al conflicto. Según el Ministerio de Exteriores ruso, el envío de armas al vecino país representa una “amenaza a los acuerdos de paz de Minsk”. Dichos pactos son extremadamente frágiles, como los líderes de Alemania y Francia, Angela Merkel y Emmanuel Macron, pusieron de manifiesto el sábado en un comunicado conjunto: “En respuesta a las inaceptables violaciones del alto el fuego que han ocurrido recientemente, pedimos a las partes que se enfrenten a sus responsabilidades y pongan en práctica, tan pronto como sea posible, las decisiones que ya han acordado para aliviar el sufrimiento de la gente”.

Rusia argumenta que la nueva ayuda militar será un nuevo impedimento para que el Donbás (la zona rebelde) y Kiev establezcan un diálogo “sin el cual es imposible llegar a una solución de la crisis”.

Los países occidentales han acusado al Kremlin en repetidas ocasiones de dar ayuda militar a los separatistas de Donetsk y Lugansk, pero el Gobierno de Putin siempre lo ha negado, aunque ha reconocido que junto a los rebeldes combaten voluntarios rusos.

No es la primera vez que Washington y Moscú muestran su irritación por la venta de armas. Rusia, por ejemplo, también desató las reacciones negativas de Washington cuando vendió a Irán modernos sistemas de misiles de defensa antiaérea.

El anuncio de la venta de armas coincide con el acuerdo por el que EE UU elevará sus ventas a este país de combustible nuclear, con lo que Rusia dejará de ser el principal proveedor. El 60% del combustible nuclear a Kiev lo suministra hoy Rusia, mientras que EE UU, a través de la firma Westinghouse, vende el 40%. Pero en 2018 esta proporción cambiará y será del 55% contra el 45% a favor de Washington.
7/TENDENCIAS/carousel