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Abigail y Elsa son primas y eran “uña y mugre”. Tenían previsto abrir un salón de eventos hasta que una amiga de Abigail la convenció de hacerlo en sociedad y de viajar al otro lado del mundo, a  Hong Kong, para traer telas y lámparas. Era septiembre de 2015, Abigail viajó sola, pero su amiga la convenció de llevar una encomienda de ropa y un espejo para unos supuestos familiares que tenía en ese país.
Desde entonces, Abigail está presa en una cárcel de Hong Kong y recién volverá en 2027, cuando cumpla su condena. Ella es una de las 12 personas bolivianas presas en ese país que tiene más de 600 extranjeros encarcelados por tráfico de drogas, en su mayoría latinoamericanos y africanos.
Desde Hong Kong, Ulises N., voluntario de la fundación No más mulas, que se dedica a prevenir este tipo de hechos, señala que la mayoría de los latinos presos son de Colombia, aunque también hay mexicanos, argentinos, venezolanos, peruanos, entre otras nacionalidades; mientras que de África la mayoría proviene de Nigeria y Tanzania.
Señala que entre los detenidos hay casos de gente engañada con el cuento de llevar equipaje o encomienda para supuestos familiares, así como otros que trafican estupefacientes de forma consciente, ya sea por necesidad económica o por codicia. Sin embargo, cualquiera de esos tres motivos termina en el arrepentimiento de haber caído en la trampa o la tentación y tener que estar alejados de sus familiares.
Estar preso en Hong Kong
Elsa comenta que su familia sabe que Abigail, que actualmente tiene 23 años de edad, está bien de salud, pues en la cárcel de Hong Kong donde está recluida les dan buena alimentación y buen trato. Sin embargo, como todos los presos allí, solo tiene derecho a una llamada telefónica cada semana y por cinco minutos. Esa comunicación la tiene solamente con su esposo, con quien tiene una hija de seis años.
Gracias a la Fundación No más mulas, que funciona en Hong Kong, los familiares también pueden enviar una vez a la semana fotos y audios a un número telefónico para hacerlos llegar a sus seres queridos.
Tanto Ulises como Elsa se consuelan con saber que, si bien las penas por narcotráfico son duras en Hong Kong, no se castiga con la pena de muerte como en China. El sacerdote John Wotherspoon, capellán de las prisiones en ese país asiático, señala que las penas van entre los 10 y 20 años y que las leyes no hacen tanta diferenciación entre la cantidad de droga que se transporta, ya sean toneladas o cuatro kilos, como en el caso de Abigail, sino también tiene que ver con el tipo de estupefaciente y otros aspectos.
Cartas que gritan esperanza “No dejes que lo que no puedes hacer intervenga en lo que sí puedes hacer”, es el mensaje que Abigail escribió en una carta a su familia, una de las diez a las que EL DEBER tuvo acceso.
En ellas se leen mensajes de esperanza, nostalgia y fortaleza. Hay cartas de esposas a sus maridos, una carta de un niña a un tío  preso al que no recuerda, pero le agradece que en una anterior carta le hubiese contado cosas de su niñez. “Estoy tan feliz de saber que solo faltan tres años para volver a verlo y abrazarlo”, cierra a modo de despedida.
También las hay de nuevos miembros de las familias, como aquel que se presenta como esposo de la hermana de quien está preso. “Te extrañamos, cuidate, que Dios te llene de bendiciones, esperamos tu regreso, tené fe, hacelo por tu bebé...”, son algunos de los mensajes que se leen en las distintas cartas, las cuales son facilitadas a las familias y a los privados de libertad, no solo de Bolivia sino de otros países latinos  por la Fundación No más mulas.
No más mulas
Según esta fundación, creada por el padre Wotherspoon hace cuatro años, los traficantes utilizan a “mulas” en Latinoamérica para llevar droga a otros continentes saliendo de San Pablo, Brasil, ya sea induciendo o engañando a sus víctimas.
Ulises comenta que uno de los últimos casos que llegaron a conocer en una cárcel de Hong Kong fue el de una venezolana que, debido a la situación política y económica de su país, recibió una oferta de trabajo en San Pablo, donde al llegar, le quitaron sus documentos, la sometieron a ultrajes sexuales, quedó embarazada y luego fue convencida para transportar droga hasta caer presa en el país asiático.
Ese lejano país                                
Esa antigua colonia británica y actualmente una región administrativa especial con un alto grado de autonomía de China. Con sus poco más de siete millones de habitantes, está situada al sureste del gigante asiático y es una de las capitales financieras del mundo.
“Aquí todo se negocia; hay compra y venta de sexo y amor, y no es una excepción la venta de gente, todo está relacionado con el narcotráfico porque también hay trata y tráfico de personas”, señala Ulises. Agrega que los controles no son los más estrictos puesto que calculan que por cada “mula” del narcotráfico que detienen, nueve logran pasar.
La fundación también apoya con asistencia legal a las víctimas y con las transferencia de algunos reos para que cumplan sus penas en su país, como ya se ha dado el caso de un colombiano.