Alemania da carpetazo a la memoria histórica sobre la policía comunista

Alemania se da por vencida. La tarea de reconstrucción de los ingentes archivos de la Stasi, en la que ha invertido 27 años y centenares de millones de euros, ha topado con una barrera técnica al parecer insalvable y que pone techo a la memoria histórica sobre la policía comunista. «El proyecto queda interrumpido de forma indefinida», ha confirmado el responsable del archivo, Roland Jahn, dejando en el limbo de la historia millones de documentos que nunca serán rescatados.

A principios de noviembre de 1989, todavía en pie el Muro de Berlín, las autoridades de la Stasi ordenaron una masiva destrucción de actas y expedientes, después de que la policía fronteriza se hubiera negado a disparar contra los manifestantes que atravesaban los controles hacia la Alemania occidental y ante la evidencia de que el Estado comunista caía por su propio peso, bajo la pasividad de Gorbachov en Moscú. Las trituradoras de papel trabajaron día y noche, resultaba imposible deshacerse de los miles y miles de resultantes sacos de papel triturado y se procedió a quemarlos para acelerar el proceso.

A mediados de diciembre, columnas de humo se levantaban desde los patios traseros de las sedes de la Stasi y un primer grupo de defensores de derechos civiles, acompañados de un equipo de televisión, irrumpió en el edificio de Leipzig, interrumpiendo un procedimiento que en la sede central de Berlín duraría hasta el 15 de enero de 1990. «Hacía semanas que las cenizas nublaban todo el barrio de Lichtenberg, era evidente que estaban destruyendo pruebas, pero nadie se atrevía a hacer nada porque eran edificios protegidos por agentes armados y nadie quería sangre», recuerda Christian Halbrock, uno de los defensores de derechos civiles que ocuparon aquella tarde el edificio tras una manifestación pacífica a favor de la democracia y la reunificación. «Varios miles nos agolpamos ante la entrada principal del cuartel general, y tras unas dos horas de espera entramos. Un par de ventanas rotas, mesas volcadas, pero no hubo violencia. Encontramos un montón de gente triturando y quemando papel que, sencillamente, dejó lo que estaba haciendo y se marchó a su casa», relata el hoy historiador. A pesar de los dos meses de quema de documentos, quedaron en los almacenes más de 16.000 sacos de papel triturado. Alrededor de 8 millones de fragmentos de actas secretas cuya reconstrucción ha resultado misión imposible.

«Encontramos un montón de gente triturando y quemando papel que, sencillamente, dejó lo que estaba haciendo y se marchó a su casa»

El ordenador que asumió la ingente tarea de recomponerlos, denominado ePuzzle, fue programado por el mismo equipo que inventó el mp3, bajo la dirección de Karlheinz Brandenburg. Basado en esa misma tecnología de compresión de material, ha logrado en estos años reconstruir los pedazos encontrados en unos 23 sacos, alrededor de 90.000 cuartillas de papel, «pero el software desarrollado por el Instituto Fraunhofer, que costó unos 7 millones de euros y que fue puesto en marcha en 2007, es tan complejo que no contamos con un scaner que pueda con el proceso», informa Jahn por toda explicación. La reconstrucción manual de documentos, que se llevaba a cabo en Zirndorf, Baviera, fue abandonada en 2015.

«Suena muy extraño. La humanidad está escribiendo el año 2018, los ordenadores ganan desde hace tiempo a los mejores jugadores de ajedrez, se conectan entre ellos por todo el mundo y estamos preparando el lanzamiento de una misión a Marte… pero falla un escáner y no es posible reconstruir las pruebas de la injusticia de la Alemania comunista?», ha criticado Christoph Seidler, analista de Der Spiegel.

Hasta finales de noviembre, 46.354 ciudadanos alemanes acudieron en 2017 a solicitar las fichas de información secreta que sobre ellos mismos o sobre sus familiares más directos recopilaron los agentes de la Stasi, 234 más que en 2016. «Hay una generación que no quiso violentar el silencio de sus padres pero que, una vez fallecidos estos, acude al archivo para tratar de reconstruir su auténtica historia familiar», explica Jahn. Desde la apertura del archivo al público, 3,2 millones de ciudadanos han recorrido ese camino documental gracias a un archivo que ocupa 111 kilómetros de estanterías rellenas de carpetas con expedientes. En muchas ocasiones ha servido para rehabilitar a víctimas de la Stasi, 2.575 hasta final de noviembre del año pasado. El plazo de solicitudes de rehabilitación termina a final de 2019. Después de eso, el cuartel general de la Stasi albergará una exposición permanente cuyo objetivo será «que el lugar en el que tuvo lugar la opresión sirva en el futuro para el estudio de lo que fue la dictadura y de lo que fue la resistencia», dice Jahn, «de forma que constituya un campus de la cultura democrática».

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