Assange, un huésped cada vez más incómodo para Ecuador

AFP / Quito
El fallido intento de otorgarle estatus diplomático e inmunidad a Julian Assange refleja la creciente desesperación del gobierno ecuatoriano por resolver el largo y polémico asilo concedido al fundador de Wikileaks.

La reclusión del ciberactivista australiano -recién naturalizado ecuatoriano- en la pequeña embajada de Ecuador en Londres enreda las relaciones de Quito con algunos países, genera controversia a nivel interno y suscita grandes preocupaciones por el deterioro de su salud.

Injerencias
El expresidente socialista Rafael Correa se ganó el aplauso de parte de la comunidad internacional cuando en junio de 2012 decidió proteger a Assange, el mediático fundador de Wikileaks que había retado a Estados Unidos y a otras potencias divulgando cientos de miles de documentos reservados de la diplomacia norteamericana.

La decisión, tomada para "garantizar" la integridad física del célebre pirata informático, motivó tensiones diplomáticas con Estados Unidos y Gran Bretaña, y se mantuvo contra viento y marea a la espera de que Londres le concediera un salvoconducto que nunca llegó.

Assange sospecha que si sale de la embajada de Londres podría terminar en Estados Unidos, cuyo gobierno estaría deseando echarle el guante.

Pero las continuas interferencias del australiano en asuntos internos de otros países terminaron molestando a Correa, que en octubre de 2016 le cortó internet para que no siguiera tratando de incidir en la campaña estadounidense.

El sucesor de Correa, Lenín Moreno, tuvo que llamarle seriamente la atención al ciberactivista cuando apoyó abiertamente a los independentistas catalanes en su obstinado pulso con el gobierno de España.

Para Michael Shifter, presidente del centro de análisis Diálogo Interamericano, el asunto Assange es un "fastidio" para el gobierno ecuatoriano, que lleva años tratando de "sacarlo sin la vergüenza de entregarlo" al Reino Unido o a Estados Unidos.

La prisa de Moreno por resolver el problema de Assange "refleja una postura más conciliadora hacia el resto del mundo" y una voluntad de "avanzar hacia una relación más productiva con los Estados Unidos", precisó Shifter a la AFP.

Consciente de la delicada situación de sus finanzas y ávido de divisas para compensar un preocupante déficit fiscal, el gobierno de Moreno está buscando un acuerdo comercial con la primera potencia mundial, su principal socio comercial.

Asilo "en peligro" 
Assange, considerado por unos un paladín de la libertad de expresión y como un títere al servicio de Moscú por otros, se jugó su continuidad en la embajada ecuatoriana en las presidenciales de 2017.

Fue un tema recurrente en los debates y mítines callejeros.

Moreno, el aliado y sucesor de Correa, siempre mantuvo su promesa de ratificarle el asilo, pero el conservador Guillermo Lasso, que se quedó a pocos votos de la victoria en la segunda vuelta, le amenazó con expulsarle de la embajada si ganaba la presidencia.

Pero la pelea abierta entre Correa y Moreno, que ha causado una fractura irreversible en el oficialismo, ha vuelto a poner la cuestión Assange sobre la mesa, ahora en plena campaña para la consulta popular con la que Moreno quiere desterrar al correísmo del poder político.

El exmandatario, que acusa a Moreno de traicionar los principios de la revolución ciudadana y de entregar el país a los designios de la oposición conservadora, advirtió el lunes que el asilo del australiano esta "en peligro".

"Después de la consulta, ante la mínima presión de Estados Unidos, apoyan el bloqueo a Cuba, botan a Julian Assange de nuestra embajada", denunció.

"Condiciones infrahumanas"
El gobierno ecuatoriano lleva años denunciando el deterioro de la salud de Assange, que pasa sus días en una pequeña habitación que hace las veces de oficina y de sala de estar, sin prácticamente ver la luz del sol ni "respirar aire fresco", según la canciller María Fernanda Espinosa.

El ciberactivista, de 46 años, dijo en una ocasión que "es como vivir en una estación espacial", y en algunas apariciones en el pequeño e icónico balcón se le ha visto bastante desmejorado.

Para Michel Levi, internacionalista de la Universidad Andina Simón Bolívar, la postura del gobierno de Ecuador es "moralmente" complicada.

"Moreno no quiere violentar los derechos humanos protegidos por el asilo, pero el asilo implica mantener a Assange en unas condiciones infrahumanas, y eso tampoco le conviene", explicó a la AFP.

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