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Financial Times
Pedro Jaime Mejía, quien maneja uno de los concesionarios más importantes de Volkswagen en Bogotá, no puede obtener suficientes automóviles hechos en Brasil. Más de 60 por ciento de los coches de la marca alemana que se venden en Colombia se fabrican en Brasil.

“Brasil está exportando más vehículos, con mejores precios y mejor calidad”, dice. “Aquí hay muchos coches brasileños”.

El auge de las exportaciones automotrices brasileñas sugiere que Sudamérica está repuntando tras una desaceleración de casi tres años provocada por el colapso del boom de los productos básicos, mejorando la economía de la región de 4 billones de dólares antes de una serie de elecciones presidenciales este año.

La industria automotriz en Brasil registró su mayor incremento mensual de exportaciones en noviembre y envió 700 mil unidades al extranjero en los primeros 11 meses de 2017 (especialmente a países vecinos), 53 por ciento más que el año anterior, según Anfavea, la asociación nacional de fabricantes de automóviles.

“Deberíamos cerrar el año habiendo exportado 750 mil vehículos, un récord histórico”, dice Antonio Megale, presidente de la asociación.

Tradicionalmente, la industria automotriz del país se ha enfocado en el mercado nacional debido a su vasto mercado interno, con una calidad que rara vez ha cumplido con los estándares mundiales. Sin embargo, recientemente, a medida en que la mayor economía de América Latina ha luchado contra una brutal recesión, sus exportaciones se han vuelto más competitivas. “Brasil comenzó a prestar más atención a otros países”, dice Mejía.

Actualmente, Brasil exporta vehículos a Argentina y Colombia, las cuales son la segunda y tercera economía de la región, dice João Momesso, director de comercio y mercadeo de Maersk Line para la costa este de Sudamérica. “Ahora casi uno de cada tres coches que se producen en Brasil se está exportando”, dice.

El auge se ha producido conforme el FMI ha pronosticado que el crecimiento económico de Brasil se duplicará a 1,5 por ciento en 2018, mientras que se ha previsto que el de Colombia se expandirá cerca de 3 por ciento.

“La recuperación económica en América Latina está cobrando impulso”, escribió Neil Shearing, economista jefe de mercados emergentes de Capital Economics. Eso excluye a Venezuela, que está bajo la influencia de la hiperinflación, que según analistas incumplirá en el pago de sus bonos internacionales, y cuya economía está prevista a encogerse en otro 6 por ciento en 2018. El país va a celebrar elecciones presidenciales en 2018, aunque no se ha fijado una fecha.

Incluso en medio de una inflación obstinadamente alta, el regreso de Argentina al crecimiento después de seis años de estancamiento provocó un aumento en las importaciones de Brasil, su principal socio comercial, principalmente en el sector automotriz. Las exportaciones de Brasil a Argentina registraron un aumento de 30,5 por ciento, interanual en noviembre de 2017, en comparación con un aumento general de las exportaciones de 2,9 por ciento.

Søren Toft, director de operaciones de Maersk Line, dijo que la compañía naviera más grande del mundo estaba invirtiendo en el crecimiento latinoamericano con la adquisición de su rival Hamburg Süd por 4 mil millones de dólares: “Es súper positivo que estemos comenzando a ver un crecimiento, especialmente en estos vastos mercados “.

Los recortes en las tasas de interés por parte de los bancos centrales también están ayudando a respaldar el consumo interno, especialmente en Brasil. El colapso de los precios de las materias primas golpeó duramente a la región en 2014, pero el precio del petróleo, el cobre y otras materias primas se ha recuperado ligeramente.

Sin embargo, los riesgos abundan. Brasil, Colombia, Venezuela y Paraguay tienen elecciones presidenciales este año. Perú estuvo a punto de destituir a su presidente quien ha promovido el libre mercado, y que ahora enfrenta críticas después de haber perdonado a su autoritario predecesor Alberto Fujimori. Las elecciones de Colombia en mayo son ampliamente vistas como un referendo sobre el acuerdo de paz del país. Mientras tanto, los brasileños irán a las urnas con un estado de ánimo irritado por los escándalos de corrupción.

Mientras que Mauricio Macri en Argentina logró aprobar una reforma de pensiones en diciembre a pesar de protestas violentas, Michel Temer, el impopular presidente de Brasil, está luchando para impulsar una reforma contenciosa de la seguridad social. Los economistas creen que la reforma es crucial para la prosperidad del país a largo plazo.

“La agenda de ajuste fiscal, una mejor gestión de la política monetaria y una serie de reformas permitieron la recuperación de la economía”, dice Marcos Lisboa en la escuela de negocios Insper de São Paulo. “Todavía hay incertidumbre sobre la continuación de la agenda de reformas. Hay demasiada incertidumbre para hacer apuestas a largo plazo”.

Para Paulo César de Souza e Silva, director ejecutivo de Embraer, el fabricante de aviones brasileño, “la situación en Brasil es complicada”. Recientemente dijo a los periodistas que aún no era el momento de brindar con champán en el país.

“Perdimos 8 por ciento de nuestro producto interno bruto en tres años”, dice. “No creo que regresemos a donde estábamos hasta al menos 2022”.

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