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Forenes trabajan el lunes sobre el descampado donde la policía encontró el cuerpo de Abril Sosa, de cuatro años. TELAM
Daniel Ludueña es albañil, tiene 33 años y dos hijos, y hasta este fin de semana era muy amigo de la familia Sosa, sus vecinos en un barrio humilde de la ciudad de Córdoba (centro de Argentina). El sábado por la noche, en medio de una tormenta, raptó a Abril, la hija de cuatro años de los Sosa, la llevó hasta su casa, la estranguló, metió el cuerpo en un bolso y en un taxi se dirigió hasta un pequeño descampado donde abandonó el cadáver. Así de veloz y violenta fue la muerte de Abril, según la confesión de su asesino. Los forenses no han determinado aún si la niña fue violada, pero los antecedentes de abuso sexual de Ludueña no dejan mucho espacio a la duda.

El crimen de Abril ha golpeado con fuerza al barrio cordobés, y desde allí a toda Argentina. Los detalles estremecen. El asesino conocía a los padres de la niña, que tienen otros cinco hijos y un bebé en camino, compartió con ellos almuerzos y cenas y alguna vez hasta los ayudó a pintar la casa. Esa cercanía le permitió estar con contacto con Abril y, ya cometido el crimen, dar su apoyo al matrimonio. “Me ayudó a buscar a mi hija, me palmeaba la espalda y me decía ‘ya va a aparecer. Es una mente enferma”, contó, aún conmovido, Cristian, el padre de Abril.

Abril Sosa, en una foto familiar.

La niña desapareció el sábado por la noche de la puerta de su casa, cuando jugaba junto a otros niños. Cuando comenzó la tormenta, Abril ya no estaba. Sus padres pidieron ayuda a la policía, que inició una búsqueda. Hasta que un vecino contó a los uniformados que Ludueña merecía una visita. Les dijo que tenía antecedentes de la violación y muerte de un sobrino, rumores de barrio no confirmados pero que fueron suficientes para poner la mirada sobre él. También era conocido por sus estallidos repentinos de violencia.

Ludueña fue entonces detenido e interrogado. Los perros rastreadores marcaron su casa, Ludueña se quebró y finalmente confesó el crimen. Luego indicó el lugar adonde había enterrado el cadáver, a sólo 20 calles de su casa, en un pequeño terreno abandonado.

La fiscal de la causa, Claudia Palacios, dijo que en un primer momento se investigó un posible ajuste de cuentas entre bandas narco, pero esa idea fue rápidamente abandonada. “Cuando el lunes vimos el cuerpito de Abril pensamos enseguida en un pedófilo, esa es la línea más fuerte. El detenido tiene antecedentes contra la integridad sexual”, reveló Palacios.

Familiares de Abril, durante al búsqueda de la menor. TELAM

Ludueña fue visto antes del asesinato comprando aros y un lápiz de labios, carnadas suficientes para atraer sin sospechas a una presa que además lo conocía. Para la madre de Ludueña, sin embargo, todo es una gran mentira, producto de la desesperación de la familia de Abril por encontrar a un responsable. "Mi hijo no es un asesino como dice esa mujer [por la madre de Abril], mi hijo no mató antes a ningún sobrino, no violó a nadie. Mi hijo tiene problemas psiquiátricos, no lo voy a negar pero no mató a nadie", dijo a el telediario El Doce. La mujer denunció además que su hijo "fue golpeado" por la policía para confesar un crimen que no cometió.

Este mismo martes la autopsia determinará si Abril fue víctima de abuso. De confirmarse, los cargos contra Ludueña serán abuso sexual infantil y homicidio criminis causae, esto es matar para ocultar el primer crimen. El lunes por la noche, los vecinos del barrio cordobés apedrearon la casa del asesino confeso. A Ludueña le espera una condena de prisión perpetua.