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Tres semanas después del asesinato de su hijo Fernando, presuntamente a manos de Nahir Galarza, Gustavo Pastorizzo denunció a través de sus abogados haber sido víctima de varios actos de intimidación. Primero recibió mensajes anónimos a través de las redes sociales y después golpes en la puerta en plena noche y la ruptura del cartel para exigir justicia por su hijo que había colgado en la puerta del domicilio.


"Alrededor de las 4 o 5 de la madrugada del domingo, patearon la puerta de la casa de Gustavo Pastorizzo y arrancaron el cartel con el que se pide justicia; y no sólo que lo arrancaron, sino que lo rompieron y lo tiraron a media cuadra", declaró el letrado Juan Carlos Peragallo al diario El Día de Gualeguaychú. Días atrás, Pastorizzo recibió "varias amenazas por Facebook, de anónimos que le enviaban mensajes y luego daban de baja esos perfiles de la red social y no quedaba constancia de nada", agregó.

"En esos mensajes anónimos le decían a Gustavo Pastorizzo que se deje de joder con la causa, que el hijo era un drogadicto y un golpeador; todo lo que se viene diciendo en algunos medios para desprestigiar a la víctima", detalló el letrado. Después de haber interpuesto una denuncia, Pastorizzo cuenta ahora con custodia policial.

Gualeguaychú, una ciudad de 100.000 habitantes casi a 200 kilómetros al norte de Buenos Aires, se ha visto conmocionada por el crimen de Fernando Pastorizzo, un joven de 20 años que fue encontrado muerto con dos disparos en el torso el pasado 29 de diciembre. Nahir Galarza, una joven de 19 años con la que mantenía una relación violenta, confesó el crimen a las pocas horas en comisaría, pero la semana pasada, frente al juez, se desdijo. En su nueva versión, Galarza señaló que el arma la llevaba la víctima, que estaba cegado por los celos, que ella logró quitársela y que, en el forcejeo, se le disparó dos veces por accidente. Era el arma reglamentaria del padre de la joven, el policía Marcelo Galarza.

La defensa sostiene que Galarza era víctima de violencia de género y fue sometida a numerosos maltratos durante los cinco años "de idas y venidas" en la relación entre los jóvenes. Sin embargo, los intentos por cambiar la carátula no han prosperado y la adolescente permanece en prisión preventiva acusada de "homicidio doblemente agravado por el uso de arma de fuego y por el vínculo". Por el delito puede ser sentenciada a prisión perpetua.

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