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La ciencia ha encontrado la forma de reprogramar organismos vivos en el laboratorio para que trabajen para nosotros. Hongos, virus y bacterias, con frecuencia causantes de enfermedades, se pueden manipular para limpiar nuestros residuos, abaratar el desarrollo de medicamentos o fabricar una alternativa limpia a los combustibles fósiles. Y esto es solo el comienzo. La biología sintética ha abierto un horizonte infinito de posibilidades en el que lo difícil es encontrarle límite.

De momento, son solo aproximaciones en el laboratorio que verán la luz comercial en los próximos años. Pero se siguen encontrando nuevas aplicaciones. La última la han encontrado un grupo de científicos de varios centros de investigación de Estados Unidos y de la Universidad de Dinamarca que han modificado una bacteria para acabar con la fabricación química del índigo, uno de los tintes más usados y contaminantes de la industria texil.

La elegida ha sido una «E. coli», una bacteria intestinal fácil de manipular en el laboratorio, que puede causar intoxicaciones alimentarias y diarreas. El objetivo de los investigadores no era domesticarla para convertirla en inofensiva, sino transformarla en auténticas fábricas de tinte índigo, el color con el que el denim o la tela vaquera adquiere su característico color azul. En la revista «Nature Chemical Biology», los autores cuentan que con su nueva estrategia la fabricación de tintes sería sostenible y se pondría fin a la utilización de productos químicos agresivos.

Para lograr el color, los científicos primero tuvieron que identificar los genes de la planta del índigo, de la que se lleva miles de años extrayendo este color tan característico. Después modificaron la bacteria para que expresara este gen y le añadieron un cóctel de moléculas y enzimas para conseguir su fin.

Litros de bacterias para 5 gramos de tintura
Los investigadores reconocen que su método biológico de fabricación aún no es práctico a nivel industrial, pero puede ser el comienzo de una forma más respetuosa de fabricar el denim, sin químicos que dañan la salud y el medio ambiente. «El producto final es el mismo», asegura John Dueber, de la Universidad de California y uno de los autores. Para producir los cinco gramos necesarios para teñir un único pantalón vaquero, se necesitarían aún «varios litros de bacterias». Su equipo está trabajando para hacer el proceso mucho más eficiente.

El índigo se lleva utilizando como pigmento desde la antigüedad. Al principio, la producción era totalmente natural y sostenible. Se extraía de las hojas de una planta («Polygonum tinctorum») y con ella se lograba esa variedad oscura y profunda del color azul o añil. El índigo no solo se aprecia por su tonalidad, sino por su capacidad para adherirse a la superficie de la tela. Le permite resistir al lavado y mantener el interior de las fibras de algodón totalmente blancas. Por eso, es el pigmento elegido para teñir la gran mayoría de los vaqueros.

45.000 toneladas anuales
Cada año la industria textil utiliza 45.000 toneladas de índigo que se obtienen con métodos sintéticos porque la producción natural es ineficaz para cubrir tanta demanda. Para sintetizar el índigo se requieren productos químicos agresivos como el formol, altamente volátil y muy inflamable y el cianuro de hidrógeno, además de otros productos corrosivos que acaban en nuestros ríos.