Las sorprendentes siete historias de amor del Holocausto

Son muchos los libros que se han encargado de relatar cómo Adolf Hitler y sus secuaces acabaron con la vida de más de seis millones de personas, la mayoría judíos, por tal de perpetuar la pureza de la raza aria. Pero son pocos los autores que se han atrevido a buscar la luz que se esconde detrás de la terrible historia de los campos nazis de exterminio.

Uno de ellos es el de la periodista y escritora Mónica Gónzález Álvarez (Valladolid, 1979), Amor y Horror Nazi. Historias reales en los campos de concentración (Luciérnaga), una obra en la que la autora intrinca vivencias personales e íntimas con los acontecimientos que se produjeron durante el Holocausto. Siete historias verídicas que tienen un común denominador: el amor, y que González acaba de publicar tras el éxito cosechado con Guardianas nazis. El lado femenino del mal (2012).

Helena Citrónova, Felice Schragenheim, David y Perla Szumiraj, Paula y Klaus Stern, Howard y Nancy Kleinberg son los nombres de algunas de las víctimas del nazismo cuyo testimonio recoge la obra. “Lo nazis intentaron quitarles la dignidad, el honor, la emoción y el sentimiento, pero lo que jamás pudieron derribar fue el amor [que sentían]”, explica González,

Este fue el principal motor que “les ayudó a sobrellevar su día a día”, añade, “y esa fe y esperanza, además de la suerte que acompañó a la mayoría de ellos, propició que salieran de los campos de concentración”. La autora ha escrito cuatro ensayos de investigación y colabora con varios medios de comunicación, entre ellos La Vanguardia. Su nueva obra es fruto de dos años de trabajo y de entrevistas personales con supervivientes y familiares de algunos de ellos.

“Me abrieron su corazón y me lo contaron todo, y desde entonces tenemos una relación muy bonita de cariño y amistad”, asegura refiriéndose a Paula Stern, Howard y Nancy Kleinberg, los únicos supervivientes que aparecen en el libro que continúan vivos y a quienes la escritora pudo conocer personalmente tras un largo período de búsqueda. “Lo que más me costó fue encontrarles”, reconoce González, “tuve que hablar con asociaciones y comunidades de judíos, buscar por Google, Facebook… fue muy complicado”.

Un amor prohibido

En otras ocasiones, la autora se entrevistó con los hijos de las víctimas o hurgó en antiguos archivos y documentos bibliográficos para conocer de cerca a los protagonistas del libro. Este es el caso de la eslovaca Helena Citrónová y el austríaco Franz Wunsch, cabo primero de la SS – Rottenführer, que mantuvieron una relación poco común entre un prisionero y un carcelero.

“Las historias de amor entre presos y carceleros no eran tan habituales como las que había entre presos, pero eran cotidianas”, comenta la escritora. Esto ocurría a pesar de que la Ley de Protección de la Salud Hereditaria del Pueblo Alemán prohibía las relaciones íntimas entre judíos y personas “de sangre alemana o afín”, lo que podía constituir un delito penal.

Helena fue deportada en marzo de 1942, junto a su hermana y sus dos sobrinos, al campo de concentración de Auschwitz. Allí, como todos los prisioneros fue seleccionada para llevar a cabo trabajos forzosos –los que eran descartados, morían ejecutados-. Primero, fue destinada al exterior en tareas de demolición de edificios, donde cargaba escombros.

Helena Citrónová fue deportada a Auschwitz junto a su hermana Rozinka y la hija de Rozinka, que murió en una cámara de gas (© BBC)

“Dormía sobre paja infestada de pulgas y miraba aterrorizada cómo las demás mujeres que me rodeaban comenzaban a abandonar toda esperanza y a morir”, explicó la superviviente en una entrevista para la BBC. La salvación de Helena fue conseguir camuflarse en el barracón “Canadá”, un lugar donde clasificaban y enviaban de vuelta a Alemania las pertenencias de los internos.

Pero la Kapo –una presa que desempeña la función de vigilar a las demás- descubrió que era una mera infiltrada y ordenó trasladarla al Campo Penal, donde hubiera sido condenada a muerte si no hubiera sido por un hecho fortuito que le salvó la vida.“Durante la hora de la comida —cuenta Helena—, la Kapo nos preguntó si alguna de nosotras sabía cantar o recitar algo bonito, pues ese día era el cumpleaños del hombre de las SS”.

Franz Wunsch (Daily Mail)

Helena fue una de las elegidas y el oficial –Franz Wunsch- se quedó absolutamente prendado de ella y ordenó que la joven volviese a la mañana siguiente para trabajar en el “Canadá”. “Con el paso del tiempo, llegó un momento en que de verdad lo amé. Arriesgó su vida [por mí] más de una vez”, confesó Helena años después.

Sin embargo, la autora considera que si bien es cierto que Franz “sí estaba enamorado de ella”, Helena sólo sentía “gratitud” por él, ya que si no hubiera sido por el contexto “jamás hubiera tenido nada con Franz”. De hecho, a finales de 1944 cuando se producen las denominadas “marchas de la muerte” en las que miles de presos fueron trasladados a pie para evitar que fueran interceptados por el ejército aliado, Helena se negó a reencontrarse con el nazi.

“Cuando es liberada en el campo para ir a la marcha de la muerte, él le da unas botas para que se abrigue y la dirección de sus padres en Viena, pero ella rompe el papel porque piensa en las palabras de su padre: ‘Nunca olvides quién eres’”. No obstante, décadas más tarde le devolvería el favor.

El amor lésbico que desafió al nazismo

A diferencia de Helena y Franz, la judía Felice Schragenheim y la nazi Elisabeth Kappler, a la que familiarmente se referían como Lilly Wust ,se conocieron fuera del campo de concentración. Mónica González Álvarez ha rescatado en su libro este romance cinematográfico que en 1994 por primera vez vio la luz en forma de novela tras las largas conversaciones que mantuvo Lilly a la edad de ochenta años con la periodista Erica Fischer, que recogió el testimonio en el libro Aimée&Jaguar: A Love Story, Berlin 1943. La historia también se plasmó en el documental Love Story: Berlin 1943, y en 1999, en la gran pantalla, gracias a la película con el mismo título que el libro de Fisher.

En la Alemania de aquella época los actos sexuales entre hombres estaban prohibidos, pero la homosexualidad femenina no se abordada, “por lo que técnicamente era legal”, explica Mónica González, que asegura que hay pocos casos registrados de mujeres arrestadas y deportadas a un campo de concentración por este motivo.
Felice Schragenheim y Elisabeth Wust en el río Havel (Jens Ziehe/Photographie)

“Lilly era el estereotipo de la mujer alemana nazi, dedicada a las tareas del hogar y al cuidado de sus hijos y, de hecho, tuvo cuatro, aunque uno de ellos murió”, explica la autora de Amor y Horror Nazi. “Estaba felizmente casada hasta que conoció a Felice”, prosigue, “por primera vez se sintió viva, se enamoró perdidamente de ella, se intercambiaban postales de color rosa y se casaron [de manera simbólica] con un juramento escrito”.

“Hubo una atracción inmediata y flirteamos escandalosamente”, admitió Lilly durante las entrevistas que mantuvo con la periodista Erica Fischer. Elisabeth llegó a pedir el divorcio a su marido, el oficial de la SS Günther Kappler, dado que él también tenía una relación paralela. Günther se negó taxativamente para guardar las apariencias, pero accedió a no compartir ni mesa ni cama con ella.

Cuando Jaguar le confesó a su amante que ella era judía, Lilly se llevó un disgusto tremendo, pero a pesar de ello la relación siguió hasta que el 21 de agosto de 1944 Felice fue arrestada y deportada. A pesar de la desaparición de su amada, la alemana siempre guardó los objetos personales de Felice, muchos de los cuales en la actualidad se muestran en el Museo Judío de Berlín.

Amor entre ruinas

Y aunque el de Felice y Lilly es quizás el idilio romántico más famoso que tuvo lugar en Berlín durante la Segunda Guerra Mundial, la autora de Amor y Horror Nazi admite que la más especial para ella es la que le relataron sus propios protagonistas, Howard y Nancy Kleinberg. “Me emocionó mucho conocerles”, comenta.

Howard y Nancy disfrutaban de “una bonita vida judía” en un pequeño pueblo ubicado en el centro de Polonia antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial. Como miles de judíos, después de un largo periplo viviendo marginados en campamentos y obligados a realizar trabajos forzados, acabaron siendo trasladados a un campo de exterminio.

Luna de miel de Howard y Nancy Kleinberg en Montreal en 1950. (Amor y Horror Nazi)

La casualidad quiso que ambos coincidieran en Auschwitz y más tarde también y, después de sobrevivir a “una caminata de la muerte” de más de 800 kilómetros, en el campamento de Bergen Belsen, donde Nancy reconoció a un moribundo Howard y se negó a abandonarle a su suerte.

En el caso de Howard y Nancy, “se reencontraron y se casaron; en otros casos, jamás se volvieron a ver, aunque siguieron enamorados”, esclarece la autora del libro. Y concluye que estas siete sorprendentes historias lo que “evidencian” es que “el amor es más fuerte que cualquier ideología, religión y pensamiento”.

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