Qué hay detrás de una persona vengativa

lavanguardia.com/ José Pedro Chuet -Missé
La venganza ha sido beneficiosa para la literatura. El deseo de reparar una injusticia ha dado luz a grandes obras como Hamlet, Otelo y Las Mil y una Noches. Pero en la vida real no todo el mundo está dispuesto a pasarse media vida planificando la manera de arruinar o liquidar a sus oponentes, como hizo Edmond Dantès en El Conde de Montecristo.


Generalmente, si hay un acto de venganza, es un ataque impulsivo, producto de la furia, en el que ni se detiene un segundo en pensar en las consecuencias. Como el cabezazo de Zinedine Zidane a Marco Matterazi en la final del Mundial del 2006, y que casi acaba con la carrera del actual técnico del Real Madrid.

¿Qué puede motivar a una persona a diseñar una venganza, cuando ya pasó el momento del arrebato inicial? El doctor David Chester, profesor asociado en la Virginia Commonwealth University, arriesga que las personas que disfrutan causando dolor a otras son más propensas a cometer actos vengativos.

La huella del sadismo
En un estudio codirigido con el doctor C. Nathan DeWall, de la Universidad de Kentucky, y que se publicará en Aggressive Behavior, Chester sostiene que el sadismo es la conducta dominante que explica por qué algunas personas tienen más tendencia que otras a buscar venganza.

Para llegar a esa conclusión realizó tres estudios con 673 voluntarios, que respondieron diversas preguntas sobre sus actitudes ante la violencia. En base a sus respuestas, pudo determinar ciertos perfiles de conductas que tienden a la agresividad, y según Chester, “si se pueden identificar qué personas tienen más riesgo de buscar venganza contra otras, se podría intervenir antes de que suceda el acto de violencia”.

Para estos investigadores, la búsqueda de venganza se da más cuando hay agresiones físicas antes que psicológicas, y aquellas personas que disfrutan de la ejecución de una agresión o de causar dolor, como sucede con las personas con impulsos sádicas, tienen más tendencia que las otras a buscar la justicia por sus propias manos.

Rasgos en común
Rafael Torrubia, profesor en el Departamento de Psiquiatría y Medicina Legal de la Universidad Autónoma de Barcelona, recuerda que “el sadismo es un concepto discutido” y en el que “no todo el mundo está de acuerdo que es una entidad clínica”. Pero puntualiza que hay si personas sádicas “que comparten muchas características de los individuos que tienen rasgos psicopáticos, como determinados perfiles de conducta o las formas de procesar la información”.

Si un individuo tiene tendencias sádicas, “es probable que también tenga tendencias psicopáticas, y sea más proclive a ejecutar actos de venganza”, agrega.

Para Antonio Andrés Pueyo, director del Departamento de Psicología Clínica y Psicobiología de la Universidad de Barcelona, hay que recordar que el sadismo se considera como una ‘parafilia’, ya que se refiere al placer sexual al causar daño a otra persona. El estudio de la Universidad de Virginia, señala, sólo es válido si se le quita el componente sexual al sadismo y se hace una analogía por la satisfacción de lastimar al otro.

“Si tienes sed y bebes, te calmas. Eso sería el sentido de venganza. Pero el sádico no tiene sed, pero le gusta beber”, grafica. Según el psicólogo clínico Ignasi Puig Rodas, el sadismo “no explica el 100% de la conducta violenta”, pero considera que sería comprensible que si es una persona que goza a través del sufrimiento de otros, “que también sea una persona que disfrute generando una venganza”.

¿La venganza es dulce?
Otro estudio encarado por Chester describió que la ejecución de un acto agresivo, como respuesta a una provocación, activa circuitos neuronales asociados al placer en las personas más agresivas. Más concretamente, en el núcleo accumbens, el circuito de recompensas del cerebro.

El llamado ‘sabor dulce de la venganza’ puede ser “gratificante hedonísticamente”, sostiene este psicólogo de Virginia. Esto también sucede en las personas que son marginados sociales, agrega, donde si bien el rechazo es doloroso al principio, luego puede ser suplantado por el placer cuando llega la oportunidad de la venganza.

Andrés Pueyo, que pertenece al Grupo de Estudios Avanzados en Violencia (GEAV), de la UB, señala que la venganza tiene un objetivo, que es el causar un daño para satisfacer el deseo de dañar. “Aquí se parece al sadismo, en encontrar el placer al hacer daño”. Pero diferencia que en el sadismo hay una fantasía de placer en el daño, en la venganza hay un objetivo a conseguir, que está pendiente hasta que no se resuelve”.

Satisfacción y violencia
Rodas comprende que algunos individuos puedan encontrar satisfacción en ejecutar un acto violento, “pero otra cosa sería generalizar que a todas las personas les funciona el mismo circuito cuando buscan un tipo de placer”. Este psicólogo hace un paralelismo entre esta satisfacción neuronal con la descarga de adrenalina en las personas que son amantes de las sensaciones fuertes.

Pero no es lo mismo el placer que se puede obtener por un acto impulsivo de venganza que por otro premeditado. “Cuando es impulsivo hay una recompensa inmediata, disminuye la tensión, pero luego acaba en una situación molesta”, dice Torrubia. El problema, apunta, es cuando hay placer en la venganza premeditada, “porque es posible que estas conducta se repitan en el futuro” en la búsqueda del placer.

Rodas recuerda que en psicología no se puede hablar de relaciones causa-efecto, en donde los caracteres de la personalidad sean definitorios en un 100%. “Es posible que una persona sádica sea vengativa”, dice, “pero no todas las personas sádicas lo son, y ni todos los individuos vengativos son sádicos”.

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