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Aunque era española, la hermana Nazaria Ignacia ya es considerada la primera santa boliviana, tras el anuncio del papa Francisco de que por fin será llevada a los altares su vida consagrada a los pobres, en especial a las mujeres en Bolivia.    

"Con mucha alegría, no cabemos todavía en esa alegría", confesó a Efe Soledad Pavón, de la congregación de las Hermanas Misioneras Cruzadas de la Iglesia que fundó Nazaria Ignacia de Santa Teresa de Jesús.    

El Vaticano anunció recientemente que el papa reconocía el milagro que permite canonizar a la beata, por la insólita curación de una monja de la congregación desahuciada por los médicos.    

"Sabemos que Nazaria es santa, para nosotras es una alegría inmensa saber que nuestra fundadora es reconocida por toda la Iglesia", expresó sonriente Pavón.    

Esta hermana argentina es una de las seis religiosas del convento en que se conservan los restos de su fundadora, en la ciudad boliviana de Oruro (oeste).    

"Aquí están sus restos, aquí empezó su obra, su santidad", aseveró frente a la estatua que la recuerda en el jardín del convento.    

Un pasillo con ventanales lleva del jardín a la cripta de quien "toda su vida pastoral, de misionera, se podría decir que fue aquí en Oruro", comentó sobre la religiosa que nació en Madrid en 1889 y murió en Buenos Aires en 1943, pero sobre todo se desvivió por Bolivia.    

Bolivia no tenía hasta ahora ningún santo y Oruro tendrá su "celebración especial" cuando se proclame la canonización, ya sea en el Vaticano en fecha por determinar o en Santa Cruz, en coincidencia con el V Congreso Misionero Americano que en julio acogerá esta ciudad boliviana.    

Sea donde sea el acto solemne, las cerca de cuatrocientas hermanas que actualmente tiene la congregación por 21 países de cuatro continentes, salvo Oceanía, ya celebran "la universalidad" que supone la proclamación como santa.    

Uno de sus legados es precisamente su mensaje por la unidad universal de la Iglesia católica, décadas antes de que el Concilio Vaticano II ensalzara el ecumenismo.    

Su entrega a los pobres, ya fueran niños huérfanos o ancianos desvalidos, la llevó a fundar en 1925 la primera orden religiosa propia de Bolivia.    

"Para salir a los campos, a las minas", a ayudarles en el extrarradio y las zonas rurales de Oruro, recordó la monja.    

Allí, en el altiplano andino, mostró su amor sobre todo a las pobres, a las que consideraba doblemente castigadas por ser mujer además de pobre.    

El "carisma" con que ayudaba a los demás evidenció una mentalidad "muy avanzada a su tiempo", subrayó Pavón, casi un siglo antes de que un papa argentino "nos recuerde, nos insista: bajen a la calle, salgan de las parroquias".    

Ella lo hizo hasta el punto de recorrer los mercados y comercios orureños para fundar en 1933 el primer sindicato obrero femenino de Bolivia, una década antes de que arrancara el sindicalismo en el país.    

"Estamos perdiendo lastimosamente el tiempo si no bajamos a la calle", recordó que decía la fundadora, a costa "de mucho sufrimiento" por ser mujer y extranjera para quienes no entendían entonces sus gestos.    

Como el ponerse a la cabeza de una marcha de mineros que reclamaban sus derechos.    

Beatificada en 1992 por el papa Juan Pablo II, el milagro que la lleva a la santidad es la curación inaudita en 2010 de María Victoria Azuara, a quien un derrame cerebral dejó sin habla y sin esperanza según los médicos.    

Las hermanas de la congregación rezaron por esta religiosa boliviana durante doce días seguidos invocando a la fundadora, hasta que de repente se recuperó sin secuelas, milagrosamente.    

Los restos de Nazaria Ignacia volvieron desde Argentina a Oruro en 1972, como quería ella, y cuando fueron trasladados a la cripta en 1993, se descubrió que estaban incorruptos.

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