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Luego de constantes deslizamientos de tierra en la zona de Linku Pata del Parque Tunari, aún hay 17 hectáreas de terreno en riesgo. Por este motivo, se tiene personal en el lugar para emitir alertas en caso de volver a existir una nueva mazamorra, informó el director del Servicio Departamental de Cuencas, Enrique Soria.
Explicó que aún no se contabilizó el terreno que se deslizó, pero se tiene un aproximado de 17 hectáreas en riesgo. En el lugar, se puede observar que el parque tiene quebradas bastante marcadas que parecen grietas.
Por su parte, el director de la Unidad de Gestión de Riesgo de la Gobernación (UGR), Óscar Soriano, explicó que el riesgo seguirá siendo latente mientras sigan las lluvias.
“Tendremos precipitaciones hasta marzo o abril. Entonces, esto genera que la tierra, que estaba seca durante tanto tiempo por la sequía y los incendios, se deslice”, explicó Soriano.
En tanto, el director de Cuencas señaló que, según los cálculos realizados de lo ocurrido durante la mazamorra de la tarde del martes, el deslizamiento demoró cinco horas en llegar desde el punto inicial hasta el desborde. Por lo cual, se tiene al equipo de alerta en la zona.
Hace poco más de dos meses, el río Taquiña era un hilo de agua cristalina rodeado por biodiversidad nativa del Tunari. Al rededor se podían observar dos montañas del parque sin vegetación, debido a los constantes incendios en Linku Pata.
Hoy, el escenario es completamente diferente. El río tiene tres veces más tamaño, el agua es turbia y corre con fuerza. La biodiversidad se ha reducido, en su lugar se creó una grieta de tierra donde quedan las rocas de metro y medio que arrastró la mazamorra.
En los cerros colindantes, la tierra negra y las cenizas se desprendieron. En su lugar, comenzó a salir una nueva vegetación, como una herida que sana.
Por el momento, no se hacen trabajos de ninguna naturaleza, Soria indicó que se está terminando de elaborar un plan de acción de emergencia y otro para la época seca. El mismo se comenzará a implementar luego de tener un panorama claro del trabajo a efectuarse en la parte baja.
La ladera Sur de riesgo
El Parque Nacional Tunari es considerado el principal reservorio acuífero de Cochabamba. Dicha aseveración es confirmada por el Plan de Manejo que identifica 800 hectáreas de humedales y bofedales, además de 600 ríos y quebradas, y 338 lagunas que aportan 490 millones de metros cúbicos anuales al departamento.
El sector de mayor recarga acuífera es la ladera sur del Tunari. En esta zona se tienen al menos 39 torrenteras que llevan agua al río Rocha. Asimismo, numerosos acuíferos subterráneos que sirven como pozos de agua para el Eje Metropolitano.
La época de sequía, desde 2015, generó que gran parte de estos acuíferos disminuyeran su nivel o dieran la apariencia de secos. Esto generó que muchos loteadores aprovecharan las quebradas para hacer casas.
Según Soria: “Toda la vertiente sud es una zona de riesgo en época de lluvias”. Por este motivo, los municipios del Eje Metropolitano están prácticamente obligados a ejecutar acciones preventivas en época de estiaje.
En tanto, Soriano explicó que cada municipio necesita un mapa de riesgos. El documento debe tomar en cuenta a todas las cuencas, ríos y torrenteras. Cada una con su nivel de riesgo.
No existió influencia. Soria indicó que la mazamorra no tuvo ninguna influencia de presas, la laguna u otros.

EMPRESARIOS INSTAN A CREAR UN PLAN DE CONTINGENCIA
El presidente de la Federación de Entidades Empresariales, Javier Bellot, llama a trabajar conjuntamente en un plan de contingencia departamental para enfrentar desastres naturales.
Bellott, junto al presidente de la Cámara de Transporte de Cochabamba, Gonzalo Baldiviezo, realizó una evaluación de lo que sucede en el departamento ante la ausencia de planes de contingencia.
“Es altamente preocupante. Hemos evidenciado que en Cochabamba no tenemos un plan de contingencias. Necesitamos desarrollar una estrategia para responder oportunamente a este tipo de eventos. Lo que hemos podido percibir es que hay demasiada dispersión de esfuerzos y no se conoce a cabalidad qué es lo que se requiere”, señaló.
Agregó que si bien la población envía alimentos, frazadas y lo que cree necesario para ayudar a los afectados, también es preciso reconducir el río Taquiña; pero esa tarea requiere equipo pesado y logística, algo de lo que el municipio de Tiquipaya carece.
“Estamos ante una gran debilidad en la capacidad de respuesta y previsión”, dijo.
Respecto al plan propuesto, señaló que tiene que ser una acción conjunta de la ciudadanía organizada, junto a las autoridades de la Gobernación, los municipios, el Ejército y la Policía.
“Y, por supuesto, los actores privados debemos participar, como ahora, donde mucha de maquinaria (en el lugar) pertenece a empresas que voluntariamente han enviado sus equipos”, comentó.

ANÁLISIS
Guido espinoza. Exgerente de Cordeco
Las 39 torrenteras que bajan al Rocha fueron abandonadas
En 1962 se creó el Parque Nacional Tunari con el propósito de controlar las inundaciones a las tierras agrícolas y poblaciones urbano-rurales del valle central de Cochabamba mediante la ejecución de plantaciones forestales en las innumerables torrenteras que bajan de la cordillera del Tunari al río Rocha.
El manejo de los recursos hídricos en las 39 torrenteras que bajan de la cordillera del Tunari al río Rocha fue el otro componente fundamental que complementaba la forestería comunitaria. Se priorizó la ejecución de trabajos de canalización de ríos y construcción de defensivos y otras obras de control hidráulico necesarios en aquellas torrenteras de mayor riesgo, que en época de lluvias provocaban desastres en las tierras agrícolas y poblaciones urbano-rurales. Con la experiencia adquirida desde 1975 hasta 1990 se creó el Programa de Manejo Integrado de Cuencas (Promic), dependiente de Cordeco.
El presidente Gonzalo Sánchez de Lozada en 1994 cerró las nueve Corporaciones de Desarrollo de Bolivia y las reemplazó con las prefecturas. Las 39 torrenteras que bajan al río Rocha también se abandonaron y fueron muy bien aprovechadas por loteadores que llenaron de viviendas hasta en los lechos de los ríos, sin respetar sus franjas de seguridad y las áreas verdes.

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