Economía de palabras: Aduaneros en tanques de guerra

Humberto Vacaflor Ganam
La señora Marlene Ardaya, directora de la Aduana Nacional, dijo que sus colaboradores tuvieron que usar un tanque de guerra del ejército, en Patacamaya, para protegerse de los contrabandistas que los atacaban con cargas de dinamita.

Esta señora representa a una institución boliviana que necesita presumir que aquí existe un Estado, con fronteras y con aduana, pero tiene muchos problemas para seguir en ese juego.

El ejército le prestó un tanque en Patacamaya pero quizá no tenga los suficientes para ayudar a que los aduaneros se defiendan de los contrabandistas en los todos los puestos fronterizos.

El ministro de Defensa, Javier Zavaleta, dice que no, que el ejército no prestó aquel tanque. Quiere negar lo que dijo Ardaya y las fotos que circularon del tanque en cuestión. Es un ministro nuevo. Le tomó tanto tiempo acostumbrarse a haber dejado el Movimiento Bolivia Libre y haberse convertido en masista, que quizá todavía no tomó el pulso a su nueva pega.

Pero los problemas de la señora Ardaya son muchos más.

Se sabe cómo los usuarios de autos ilegales expulsaron a los aduaneros de algunos pueblos de los valles cruceños, armados no con dinamita sino con dos argumentos poderosos:

• La Aduana tiene que actuar en las fronteras, no dentro del país.

• Las alcaldías de esos pueblos “legalizan” los autos al cobrar impuestos y documentos de circulación locales.

Después de darse por vencida, la señora Ardaya se concentró en los puestos de control de la aduana en la frontera con Chile, el lugar donde encontró algunas famosas perlas.

El pueblo de Sabaya, que vive sólo del contrabando, inspiró a la señora a admitir que algunos pueblos del altiplano no entienden la vida sin el contrabando.

Los aduaneros apostados en el Desaguadero, frontera con Perú, deben admitir esa realidad cuando observan, impávidos, cómo pasa la gente llevando garrafas, o los que llevan gasolina, todo con precios subvencionados.

Se sabe que los “chuteros” del Chapare, es decir los vendedores de autos  ilegales, han dado un paso más: el comprador recibe, como garantía de que no le pasará nada, un teléfono de contacto con un alto funcionario que lo sacará de apuros.

Y de la droga, ni hablar. ¿Cómo controlar el corredor aéreo de las avionetas con pichicata?

Pobre la Aduana. Lo que necesita es que exista un Estado.

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