El amor prohibido de Winston Churchill

Durante décadas ha sido solo un chisme, una información que se rumoreaba por los mentideros de la corte británica y que nunca se confirmó si fue real. Ningún historiador ha podido asegurar que Winston Churchill le fuera infiel a su esposa, Clementine. Sin embargo, ahora se ha sabido que los rumores eran ciertos y que Churchill tuvo un affaire con Doris Castlerosse, tía abuela de la modelo y actriz Cara Delevingne. Un romance que, de haber salido a la luz, habría supuesto la dimisión de Churchill como primer ministro.

Para entender por qué esta información no ha salido a la luz hasta ahora, hay que remontarse a 1985, cuando John Colville -que fue secretario adjunto de tres primeros ministros (Neville Chamberlain, Churchill y Clement Attlee) y secretario privado de Isabel II cuando todavía era princesa-, participó en una grabación para los archivos de Churchill en Churchill College (Cambridge). Colville pasó tres horas hablando sobre el mandato de Churchill y dio alguna declaración que hacía referencia a la aventura extramatrimonial de Churchill. Sin embargo, parece que ningún historiador o biógrafo tuvo en cuenta la última parte de la cinta, donde Colville hablaba sobre este asunto. «Él [Churchill] hizo algo terrible», dijo Colville. Y añadía: «Tuvo una breve aventura con Doris Castlerosse». La confirmación de que Churchill tuvo una relación íntima en la década de 1930 con una mujer a quien se la conocía como una «amante profesional» y cuyas «piernas de caballo de carreras» eran comentadas por todos los hombres de las altas esferas, se había pasado por alto durante tres décadas.

La relación duró cuatro años y la descubrió en 2016 Warren Dockter, un profesor de la Universidad de Aberystwyth que estaba trabajando en un libro sobre la relación entre los primeros ministros y sus secretarios privados. Para ello, pidió la grabación completa de Colville. «Fue una cinta larga y aburrida hasta esta bomba», dijo Dockter. En la cinta, Colville explica que Churchill estaba con Castlerosse «en la casa de una famosa actriz estadounidense Maxine Elliott en Francia y allí tuvo lugar la aventura».

Dockter ha conseguido varias fotografías de la pareja y tres retratos que Churchill pintó de su amante, incluido uno donde esta tumbada sobre una chaise longue. También algunas cartas de Churchill a Castlerosse con las que se ha podido reconstruir su relación. Una de ellas es de 1933, poco después de su primer encuentro en el sur de Francia. «Qué bien lo hemos pasado en casa de Maxine. Me pregunto si nos volveremos a encontrar el próximo verano». Churchill y Castlerosse pasaron los tres veranos siguientes en casa de Elliot. Hasta que en 1937 ella se trasladó a Berkeley Square, en el centro de Londres, donde -según su sobrina Caroline Delevingne-, «Winston acudía a verla cuando ella le pedía al personal de servicio que se fuera». Sin embargo, en julio, Castlerosse le envió una carta donde decía: «Escuché que no vas a ir a casa de Maxine. Ya no soy peligrosa». Correspondencia que evidencia el final de su relación.

Castlerosse se mudó a Estados Unidos en 1940, llevándose con ella el retrato en el sofá de Churchill. Pero en 1942, ella le escribió a Lord Beaverbrook, amigo de Churchill, y a su hermano, Dudley, pidiéndoles ayuda para regresar a Inglaterra. Al parecer, tenía muchas deudas en América. Coincidió aquel momento con una visita de Churchill a Estados Unidos para ver al presidente Franklin Roosevelt. Los viejos amantes hablaron por teléfono y ella le hizo llegar una nota: «Al escuchar tu voz otra vez, se me ha revuelto todo por dentro. Me encantaría volver a Inglaterra». Después de que Churchill leyera la nota, cenaron juntos en Washington.

En septiembre de 1942, uno de los asesores de Roosevelt, Harry Hopkins, dispuso que un barco mandara de vuelta a Castlerosse a Reino Unido. A los dos meses, su cuerpo sin vida fue encontrado en su habitación del hotel Dorchester. Una sobredosis de somníferosacabó con su vida.

Fuente: abc.es
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