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La nada recomendable mezcla de asuntos de Estado y de familia sigue pasando factura a Donald Trump. Es el sino de un mandato que situó en la Presidencia a un magnate dispuesto a gestionar el país como su propio emporio, lo que incluyó un comprometido reparto de papeles a sus propios descendientes, entre ellos los de altas tareas de representación.

En su continuada labor de expiar pecados originales, el jefe de gabinete de Trump, el general John Kelly, ha tomado la decisión más delicada: degradar al yerno del presidente, Jared Kushner, y negarle el acceso a la información clasificada dentro de la Casa Blanca. Un varapalo para el marido de Ivanka Trump, hacedor de confianza del presidente en asuntos internacionales, pero también señalado por utilizar esa labor en beneficio de sus negocios particulares. Es la principal razón por la que Kelly ha cortado las alas al yernísimo, abriendo una guerra con la familia de imprevisibles consecuencias.

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Pase de seguridad
Desde que Trump aterrizara en el Despacho Oval, Kushner ha sido un verso suelto dentro del amplio equipo de asesores que le rodea. Su indefinido papel de familiar y persona de confianza dentro del complejo mundo presidencial le granjeó la consideración de asesor, aunque sin cargo específico ni remuneración. Todo dirigido a evitar problemas de tipo legal. Pero, como a todo el personal con acceso directo al presidente, su libre presencia en el entorno requería una definición para establecer su capacidad de acceder a la información secreta. Lo que en Estados Unidos se conoce como pase de seguridad. Hasta ahora, Kushner había contado con uno provisional de acceso a la información clasificada.

La decisión de Kelly de reducir en un escalón esa capacidad, de información clasificada a secreta, supone una degradación que puede restringir su margen de maniobra. Pese a que la Casa Blanca asegura que nada va a cambiar en su labor, en la práctica, Jared Kushner ya no podrá ver documentos esenciales de la labor presidencial, incluidos aquellos que genera la reunión diaria («briefing») en el Despacho Oval, de la que queda excluido en adelante.

Investigado por Mueller
El jefe de gabinete de Trump ha tomado esta decisión en plena inquietud por las actividades de Kushner en defensa de sus negocios, investigadas por el fiscal especial de la trama rusa. Desde que iniciara sus pesquisas para determinar la posible connivencia del Gobierno de Putin con el equipo de Trump, Robert Mueller ha seguido el rastro de los movimientos de su yerno, y no sólo sus contactos con portavoces rusos.

El FBI detectó el inicio de actividades de Kushner con compañías chinas, algunas vinculadas al Gobierno de Pekín, en las que podría haberse extralimitado. Según la investigación, entre noviembre y enero, durante la transición presidencial, el marido de Ivanka estableció los primeros contactos, que después habría seguido cultivando para desarrollar negocios inmobiliarios con socios inversores de aquel país asiático.

Altamente endeudado
En ese periodo, Kushner ha reconocido que estableció «cincuenta contactos en quince países». Aunque la entrada en acción de Mueller le hizo desistir de avanzar en algunos de los proyectos. La sobreexposición del yerno del presidente se hizo aún más evidente al conocerse la elevada deuda que afronta su sociedad, Kushner Companies, con sede en Nueva York, que gestiona junto con su hermana, Nicole Meyer. Una situación de debilidad que, combinada con su detectable falta de experiencia, ha llevado a los gobiernos de algunos países, como Emiratos Árabes Unidos, China, México e Israel, a intentar sacar provecho. Según las fuentes de inteligencia consultadas por el diario «The Washington Post», miembros de esas administraciones habrían situado a Kushner como objetivo de su manipulación.

Durante los quince meses desde la elección presidencial, el yerno de Trump fue el encargado de promover la política de la Casa Blanca en Oriente Próximo, incluido el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel, así como la nueva relación política y económica con China.