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Con la sustitución por decreto de todos los mandos del ejército, Mohamed bin Salman, Heredero del Trono saudí, puso ayer broche final en apariencia a la purga que comenzó en noviembre en todos los estamentos del poder. Los 39 decretos firmados por su padre y publicados con nocturnidad, se conocieron en la madrugada de ayer sin explicaciones ni comentarios. Los comandantes de las tres fuerzas y el jefe de Estado Mayor ceden sus puestos a otros jefes militares, «por recomendación del ministro de Defensa» –cartera que ocupa Mohamed bin Salman–, para que no quepa ninguna duda de quien es el hombre fuerte del país.

Mohamed bin Salman, de 32 años, hijo pequeño del Monarca, llegó al poder el pasado verano después de un confuso golpe palaciego con el que desplazó de la sucesión a su primo Mohamed bin Nayef. A mediados de noviembre, y tras anunciar un ambicioso plan de reformas económicas dirigidas a diversificar la riqueza del país, puso en marcha una vasta purga en la Familia Real y en el empresariado, que llevó a la detención en el hotel Ritz de Riad de 381 personalidades, acusadas de «corrupción». Todos, menos 56, han sido liberados en fechas recientes tras pagar en conjunto 107.000 millones de dólares de sus patrimonios personales.

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El turno ha llegado al ejército con la destitución de los jefes de todas las fuerzas, contra los que se deslizan cargos de corrupción e incompetencia. Especialmente sangrante ha sido la caída del jefe de Estado Mayor, el general Al Bunyan, que acababa de inaugurar la gran feria del armamento en Riad –a instancias del Heredero– para atraer a las grandes firmas mundiales. Una puesta en escena que recuerda la de las detenciones en el Ritz, donde los príncipes y empresarios luego detenidos acababan de recibir a grandes inversores mundiales.

Tres años después de la entrada de Arabia Saudí en la guerra de Yemen para combatir a los rebeldes chiíes, el fiasco militar de Riad parece justificar la decisión de Bin Salman de sacrificar a los ejecutores de sus órdenes. Desde la llegada de los generales saudíes, Yemen se ha convertido, según la ONU, en «la mayor catástrofe humanitaria del planeta»; pero además está en el punto de mira de los estrategas militares como ejemplo de cómo no hay que gestionar una guerra. La gota que colmó el vaso podría haberse producido este fin de semana, cuando trascendió que la alianza militar suní dirigida por Riad bombardeó por error una base militar de sus aliados yemeníes, causando al menos 20 muertos.

Mohamed bin Salman confirma con esta purga militar la «audacia» de todas sus decisiones políticas a la hora de deshacerse de potenciales enemigos y de personalidades que considera «incompetentes».

Los planes megalómanos para la economía de Bin Salman se combinan con una temeraria acción exterior dirigida a afirmar la hegemonía regional de Riad, que difícilmente se sostendría sin el tácito apoyo al Heredero saudí por parte del presidente Trump. Los objetivos del futuro soberano saudí pasan también por la incorporación al poder de jóvenes de su generación y la relajación del yugo que pesa sobre las mujeres, sin renunciar ni un ápice al modelo absolutista de monarca propio de los Al Saúd.