Theme Layout

Theme Translation

Trending Posts Display

Yes

Home Layout Display

Posts Title Display

404

We Are Sorry, Page Not Found

Home Page
«Lo que dice el presidente filipino, Rodrigo Duterte, debe ser tomado en serio, pero no al pie de la letra», dijo su portavoz el martes, después de que el controvertido líder ordenara a los sus soldados fusilar a mujeres insurgentes maoístas disparando a sus genitales. Hablando en su dialecto nativo de Visayan, Duterte recordó hace días una orden que dijo que había dado a las tropas cuando era alcalde de la ciudad de Davao. «Díganles a los soldados que hay una nueva orden que viene del alcalde. No las mataremos. Simplemente dispararemos a su vagina».

Esta solo es la última barbaridad del presidente filipino, envuelto en una guerra antidrogra brutal que se ha cobrado ya decenas de miles de muertos. Tras una pausa por las fiestas de Navidad y Año Nuevo, la Policía reanudó en enero sus redadas casa por casa en las que los agentes disparan a matar si el sospechoso opone resistencia, tal y como ordenó el propio presidente. Casi 4.000 presuntos traficantes y toxicómanos han muerto de esta manera, según datos oficiales, y unos 100.000 han sido arrestados desde el inicio de la campaña en junio de 2016, cuando Duterte llegó al poder tras una arrolladora victoria electoral. Al margen de las operaciones policiales, otras 2.300 personas (según datos del Gobierno, más del doble según organizaciones como Human Rights Watch o Amnistía Internacional) han sido víctimas de ejecuciones extrajudiciales relacionadas con el narcotráfico y la "guerra contra las drogas".

Sobre el Tribunal Penal Internacional
El presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, ha restado importancia a la decisión de la fiscal jefe del Tribunal Penal Internacional (TPI), Fatou Bensouda, de abrir un examen preliminar sobre Filipinas por la guerra contra las drogas del Gobierno y ha lanzado un órdago: «Dispárame, no me detengas».

Bensouda anunció a principios de mes la apertura de un examen preliminar por las ejecuciones extrajudiciales supuestamente cometidas por las fuerzas de seguridad durante la campaña antidrogas lanzada por Duterte en 2016, ya que podrían constituir crímenes de lesa humanidad.

Una balada para Donald Trump
En noviembre, Rodrigo Duterte se arrancó a cantar una célebre balada filipina en una cena ofrecida a los líderes congregados en Manila para asistir a la cumbre de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean). Según el presidente filipino, lo hizo siguiendo «órdenes del comandante en jefe de los Estados Unidos», en referencia a Donald Trump, presente en el acto.

Sobre Obama
«Usted debe ser respetuoso, y no lanzar preguntas y declaraciones. Hijo de puta, te voy a maldecir en ese foro», destacó Duterte antes de viajar a Laos, ante críticas previas sobre su sangrienta guerra contra el narcotráfrico, que se ha cobrado más de 2.400 vidas en poco más de dos meses desde que llegó al poder.

Como respuesta al agravio, Obama canceló su encuentro. Sin embargo, este es solo uno de los numerosos insultos habituales a los que tiene acostumbrado el mandatario filipino.

Comentarios homófobos
«Como usted sabe, me peleo con el embajador. Su embajador homosexual, hijo de puta. Me molesta». Estas fueron las palabras que dedicó al representante estadounidense en Filipinas, Philip Goldberg, en declaraciones a la televisión el 10 de agosto, cuando ya era presidente.

Fantasear con una violación
Entre sus más controvertidos comentarios, destaca el vertido sobre la violación y muerte de una misionera australiana, Jacqueline Hamill, donde hablaba de la belleza de la víctima. «Violaron a todas las mujeres…Había una misionera australiana. Cuando vi su cara, me dije: «maldita, es una lástima». Estaba molesto porque la hubieran violado, pero era tan hermosa. Me dije: «el alcalde debió haber sido el primero (en violarla)», comentó el pasado abril sobre el motín que tuvo lugar en 1989 en la prisión de Davao, ciudad donde Duterte ejerció como alcalde en el pasado, y en donde además de la joven mencionado muriron otras 16 personas.

Insultos al Papa
Duterte se ha atrevido a insultar al propio Pontífice y ello teniendo en cuenta que Filipinas es uno de los países más católicos del mundo. «Había mucho tráfico y nos llevó cinco horas llegar desde el hotel al aeropuerto. Pregunté a qué se debía. Me dijeron que era el Papa, quería llamarlo: "Papa, hijo de puta, lárgate a casa, no nos vuelvas a visitar"», dijo sobre la visita en enero de 2015 en el archipiélago.

Justificación del asesinato a periodistas
Los profesionales de la información tampoco se han librado de sus comentarios. «Solo porque seas periodista no significa que estés exento de ser asesinado si eres un hijo de puta», dijo el mandatario filipino en mayo durante una rueda de prensa al ser preguntado sobre qué pretendía hacer frente a las muertes de este colectivo profesional, después del asesinato de un reportero en Manila.

Sin respeto a los derechos humanos
«Tal vez voy a decidir abandonar las Naciones Unidas. Si me faltas el respeto, hijo de puta, te dejo», aseveró Duterte en referencia a uno de los dos especialistas de la ONU, que exigió al Gobierno filipino detener sus controvertidos métodos contra el tráfico de drogas. Además Duterte ha anunciado en varias ocasiones su intención de restaurar la pena de muerte, abolida en 2006.

7/TENDENCIAS/carousel