El Papa reabre el debate de la precaria situación de las empleadas del hogar: «¿Acaso es un animal que te ayuda?»

En España hay unas 630.000 trabajadoras de servicios domésticos, un 30% de ellas siguen cobrando en negro, denuncia la OIT.

Rasgando el velo de hipocresía de algunas personas que se presentan en público como cristianas pero que en privado no lo son o no ejercen como tales, el Papa les dirigió ayer preguntas muy claras sobre el modo de tratar a los trabajadores del servicio doméstico, el 90% de ellos mujeres, según la Organización Internacional del Trabajo. «Pienso en tantas empleadas del hogar que ganan el pan con su trabajo: humilladas, despreciadas…», comentó Francisco en la misa de las 7.00 horas de la mañana en Casa Santa Marta, a la que asistieron una treintena de invitados.

«Nunca he podido olvidar –recordó el Papa con dolor– una vez que fui a casa de un amigo, de niño, y vi que su mamá daba una bofetada a la empleada de hogar que tenía 81 años… No lo he olvidado». Aludía así al desprecio y maltrato que se profiere a estas trabajadoras. Volviendo al presente, Francisco planteó preguntas directas: «¿Cómo las tratas? ¿Cómo personas o como esclavas? ¿Le pagas lo justo, le das vacaciones? ¿Es una persona o es un animal que te ayuda en tu casa?».

En ese mismo tono informal, el Santo Padre evocó el caso de un hombre rico y culto, en apariencia muy católico, que abusaba sexualmente de una empleada doméstica y al que tuvo que advertir que eso era un pecado muy grave porque “son como nosotros, imagen de Dios”». Esta persona, reveló el Pontífice, intentó justificarse diciéndole que las empleadas del hogar son «gente inferior» y que «están también para eso…».

Categoría inferior
«Ciudadanos de segunda» o de una clase inferior es como se sienten muchas de las 630.000 empleadas del hogar que hay en España. El Papa ha abierto un debate que lleva años cadente en nuestro país. Yolanda Besteiro, presidenta de la Federación de Mujeres Progresistas, avala el desprecio continuo y baja consideración que se tiene hacia estas personas. El hecho de ser mujeres en su mayoría las perjudica todavía más, dice Besteiro a ABC, puesto que otros profesionales dedicados a servicios domésticos, como jardineros y chóferes, están mejor vistos que ellas. «Es como si perteneciesen a una categoría inferior, tanto a nivel personal como en derechos laborales. Sigue sin ser reconocido como un verdadero trabajo», se queja.

Caridad Jerez, 25 años trabajando en la misma casa: «En España no se nos trata bien. Somos seres invisibles, sin derecho a paro y un 30% cobra en negro. Se ha precarizado tanto el trabajo que hay miedo a protestar»

Y es que, tal y como cuentan a este periódico varias de estas empleadas, la ley de 2012 aprobada por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero no resolvió el problema. Para empezar, justo después de la regulación de la norma, se denunció públicamente que se había registrado un aluvión de despidos de las empleadas en situación irregular que se tenía en los hogares españoles. Según Liz Quintana, portavoz de la Asociación de Trabajadoras del Hogar de Vizcaya, el otro efecto paralelo fue rebajarles el sueldo bajo amenaza de echarlas a la calle.

Legalizar su situación
El cambio normativo, que desde 2012 obligó a legalizar su situación y dar de alta a los trabajadores domésticos incrementó la afiliación del sector de un 43% a un 69,1%. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) da un sonoro capón a la situación en España, el país, señala, que tiene el mayor número de trabajadores domésticos de Europa y el único que no reconoce ni siquiera, en su régimen específico de cotización a la Seguridad Social, el derecho a paro. «No hay ninguna razón que justifique que en España las trabajadoras domésticas sean el único colectivo de trabajadores sin derecho a la prestación de desempleo», manifestó la OIT.

La ley española exige que estén dadas de alta, pero no reconoce el derecho al paro. Pero se ha hecho oídos sordos. Buena cuenta de ello da Caridad Jerez, que da voz a unas 12.000 navarras inscritas en la asociación regional de empleadas del hogar. Jerez lamenta ser invisibles para los políticos, los medios de comunicación y la sociedad en general. Por eso, se muestra sorprendida ante ABC por el recordatorio que les ha dedicado el Papa. «Me alegra porque el tratamiento general es el de que ni se nos ve. Tenemos un sueldo de unos 3 a 5 euros la hora, y te ofrecen de todo: desde cuidar a una persona dependiente en casa, a limpiar y planchar. Tenemos que estar reivindicándonos ante el empleador todo el tiempo», dice Jerez. Esta mujer, de 60 años, lleva 25 trabajando en la misma casa. Se siente infravalorada. No comparte la opinión de que estas empleadas acaben siendo un miembro más de la familia: «No es así cuando te han de reclamar horas, o cuando te vejan. Somos un apoyo en la casa, pero si te tienen que decir las cosas y hacerte sentir mal, igual lo hacen».

Tanto Quintana como Jerez avalan que las condiciones en este gremio han ido en detrimento: «Se tiene miedo a rebelarse y salir a la calle por la precariedad que hay. Donde hace cinco años cobraba 10 euros, ahora cobro 8», relata Jerez.

Ambas empleadas protestan contra la «hipocresía social» de aquellos, como el secretario de Organización de Podemos, Pablo Echenique, o el propio Zapatero, que han tenido empleadas en situación irregular en sus viviendas. El Papa, bien al contgrario, decidió aplicar su sentido de la justicia en la propia Casa Santa Marta donde ayer rechazaba el maltrato a las empleadas del hogar. El 21 de diciembre, en un encuentro navideño con los empleados del Vaticano, el Santo Padre manifestó haber indicado a los altos gestores de la Curia: «¡No quiero trabajo “en negro” en el Vaticano!». Pidió con toda claridad a los empleados: «Ayudad a los superiores a poner fin a estas situaciones de trabajo irregular».

«La intención de la ley de 2012 fue sacarnos de la economía sumergida, pero el contrato ha resultado ser aún más precario para nosotras. Tenemos que abrirnos puertas a codazos y deberíamos entrar en el Estatuto de los Trabajadores», denuncia Jerez. La OIT asevera que en España el 30,9% del colectivo (189.777 personas) todavía forman parte de esa economía en negro e informal. Piden al Gobierno español que ratifique el Convenio 189, adoptado en junio de 2011 por la Conferencia Internacional del Trabajo, para equiparar el trabajo doméstico al resto en derechos.

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