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Sobre sus hombros pesa uno de los mayores atentados de la historia de conflicto entre las dos Coreas. Kim Hyon Hui voló por los aires un avión de Korean Air Lines que viajaba de Bagdad a Seúl con 115 pasajeros a bordo, la mayoría eran surcoreanos. Murieron todos. Era noviembre de 1987 cuando la entonces joven de 25 años cumplió con éxito con su primera asignación como agente secreto de Corea del Norte.


La orden le vino directamente de Kim Jong Il, hijo del entonces líder norcoreano Kim Il Sung y ahora padre difunto del actual jefe norcoreano Kim Jong Un. O al menos eso dijo entonces esta mujer de voz suave y que, 30 años después, sigue atormentándose por ello. A juzgar por el expediente de terror sembrado por la dinastía Kim su coartada convence.

Kim, que trató de suicidarse sin éxito después de cometer el atentado, siguiendo los pasos de la misión, recibió el perdón presidencial en 1990 tras ser considerada una víctima inocente del régimen norcoreano que no merecía la pena de muerte. “Debería ser castigada y muerta cien veces por mi pecado”, dijo una jovencita llorosa de cara angelical ante las cámaras horas después de haber sido arrestada. Pero Corea del Sur culpó a la nación enemiga del norte por sus pecados. Y la joven no solamente se libró de la condena, sino que rehizo su vida (casada con un agente secreto surcoreano co quien tuvo dos hijos), aunque siempre escondida y temiendo que el régimen que traicionó la matara.

“La misión era bloquear los próximos Juegos Olímpicos de Seúl 1988”, explica la exespía a la cadena CNN. Tres décadas después la situación no podía ser más diferente: las dos coreas caminarán bajo una misma bandera en los Juegos Olímpicos de Invierno que empiezan el próximo viernes en la ciudad surcoreana de PyeongChang. Sin embargo, Kim ve las cosas con mucha más suspicacia.

De hecho, la antigua agente secreta ha advertido estos días en varias entrevistas a medios de comunicación que Corea del Norte no ha cambiado desde que ella trabajó para el régimen y que su acercamiento es “ficticio”, dijo a la BBC . No es más que “un truco publicitario de Kim Jong Un”, apuntó para la NBC News . “Están usando Corea del Sur para superar sus dificultades... Para lograr su objetivo, ejecuta a su propia gente, a sus hermanos, a sus familias... No se dejen engañar, Corea del Norte no ha cambiado en absoluto”, advirtió en la CNN .

Para Kim, el líder norcoreano solo tiene un objetivo: “Finalizar su programa nuclear”. Por eso, para la exespía, “solo la presión funcionará” con la nación comunista.

Y es que la antigua agente sabe muy bien de lo que es capaz el régimen. “Fui entrenada solo para cumplir órdenes, como un robot”, confiesa Kim Hyun Hui en una de sus entrevistas. Era una estudiante universitaria de 19 años en Pyongyang cuando fue seleccionada para ser espía gracias a sus dotes con los idiomas. Se entrenó durante años hasta que le encomendaron el atentado contra el vuelo 858 de Korean Air.

La misión consistía en subir una bomba escondida en un aparato de radio al avión que cruzaría Oriente hasta Seúl y hacerla explotar. El objetivo: dar un mensaje al mundo de que Corea del Sur era demasiado peligrosa para recibir atletas olímpicos el verano siguiente.

Se sentó en la fila siete del avión bajo el nombre de Mayumi y una falsa nacionalidad japonesa. A su lado viajaba su supuesto padre, otro espía del régimen comunista. Ambos desembarcaron en el aeropuerto de Abu Dhabi donde el avión hizo escala. Horas después el aparato explotaría sobre el mar de Andamán, cerca de Birmania.

Los planes para escapara a través de Roma y Viena fracasaron el momento en que los dos agentes fueron detenidos en Bahréin. El plan B no era más alentador. Debían tomarse las pastillas de cianuro que llevaban escondidas en los filtros de los cigarros. “Nos enseñaron que si un agente fracasa en una misión debe suicidarse. Debíamos tragar la píldora para proteger el secreto. Sabíamos muy bien que nuestras familias en el norte se verían perjudicadas si no lo hacíamos, así que naturalmente decidimos tragar las píldoras. En ese momento pensé que mi vida de 25 años de edad terminaría así”, relata Kim para la CNN. Él murió. Ella perdió la consciencia pero se salvó.

Hoy la apariencia de Kim Hyun Hui queda lejos de ser la de aquella espía que fue entrenada física e ideológicamente durante ocho años. De pelo corto y con gafas, la mujer de 56 años es madre ahora madre dos hijos. Pero todavía no se atreve a hablares de su oscuro pasado, aunque teme que al menos el mayor ya lo debe haber descubierto por internet.

Fuente: La Vanguardia
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