Theme Layout

Theme Translation

Trending Posts Display

Yes

Home Layout Display

Posts Title Display

404

We Are Sorry, Page Not Found

Home Page
Rui Rio cerró ayer el 37º Congreso del PSD consolidado como el nuevo líder de los conservadores portugueses, pero con la paradoja de que solo la actitud conciliadora de quien fue su rival para la presidencia, el «resucitado» Pedro Santana Lopes, salvó la imagen de unidad del partido.

El exalcalde de Oporto temía una rebelión interna no solo por parte de los «santanistas», también por los más fieles a continuar la línea de Pedro Passos Coelho, quien formalizó su despedida en la cita (de hecho, apenas llegó, proclamó su adiós, escuchó a su sucesor y se marchó para no volver).

Finalmente, no se produjo la contestación interna porque Santana Lopes desistió de jugar a la contra, pero la clausura del congreso trajo una sorpresa de última hora: el líder parlamentario del PSD, Luis Montenegro, anunció que abandona su acta de diputado y que planea ya intentar el asalto a la presidencia del partido en 2019, decisivo año electoral en que la formación política se la juega a un todo o nada.

El síntoma inequívoco del giro que se ha visto obligado a dar el flamante jefe de filas es el cambio de postura en relación con un posible acercamiento a los socialistas para «rescatarlos» de las garras de la izquierda radical, su actual baluarte.

Durante la campaña previa al combate con Santana Lopes el pasado 13 de enero, Rio alzó su voz claramente a favor de un pacto con el Gobierno de António Costa. En vista de que las reacciones no se hicieron esperar en el seno del partido ante lo que se interpretaba como una «claudicación» frente a sus oponentes, no le quedó más remedio al nuevo presidente que cerrar la puerta en este congreso con un aviso contundente para los socialistas: «No existe y nunca existirá un bloque central», aseguró.

Se retractaba así de las intenciones exhibidas semanas atrás, tal vez presionado por el empuje del CDS de Assunçao Cristas, que le obliga a no bajar la guardia para evitar la fuga de votos hacia los centristas.

Resulta clave la suma de fuerzas con Santana Lopes, plasmada en la elección de listas de consenso en la dirección del PSD. Con todo, el paso delante de Luis Montenegro testimonia que las aguas no se han pacificado de forma íntegra.

La refundación del PSD pasa en la práctica por una incógnita obsesiva desde hace varios meses… Y mucho más desde el final de este congreso que ha levantado una gran expectación política en Portugal: ¿cómo se pueden ganar las elecciones de 2019?

Si los datos macroeconómicos continúan respaldando al Gobierno socialista (sobre todo, porque el paro ha descendido a mínimos históricos: un 7,8%), resultará difícil despojarles del «trono» de primer ministro, tal cual refrendan las últimas encuestas. Por eso, el flamante líder de los conservadores portugueses es consciente de que la sombra del apogeo de Passos Coelho le va a perseguir a partir de ahora, pues ganó dos elecciones legislativas y solo la pérdida de la mayoría absoluta en 2015 le convirtió en víctima de la maniobra socialista para compincharse con los comunistas y el Bloco de Esquerda.

En cualquier caso, a Rio no le quedó más remedio que abrir el congreso con una reverencia a su antecesor y un dardo envenenado a los socialistas: «Fuimos llamados a cumplir patrióticamente un exigente programa de austeridad, diseñado y negociado por otros; o sea, por los que metieron al país en el agujero financiero más negro desde el 25 de abril [en referencia a la Revolución de los Claveles en 1974]». Y añadió: «Conmigo al frente del partido, evolucionaremos siempre en armonía con nuestra historia, sin sobresaltos ideológicos».