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Es por eso que, de acuerdo con el doctor Kottow, uno de los dilemas éticos de este caso es que la información en torno a él es muy “vaga y precaria“.
“Hasta ahora, lo que tenemos es lo que dice la familia. Pero lo que están diciendo, no lo están demostrando. No sabemos en realidad qué pasó en estos servicios médicos, si hubo negligencia o no, si hubo desacuerdos de la familia con el tratamiento, si hubo este diagnóstico o a qué conclusiones llegaron los especialistas. Son factores que hay que tener en cuenta antes de argumentar si la atención médica funcionó o no”, sostiene.

Los dilemas del diagnóstico

Pero la incertidumbre sobre el diagnóstico de daño cerebral aumenta con otro de los dictámenes médicos que la joven recibió en otro renombrado hospital chileno.
“En su tercera hospitalización, en la Clínica Bicentenario, le hicieron una serie de exámenes y a la conclusión que llegaron era que no había ningún daño neurológico y nos informaron que mi hermana lo que tenía era un síndrome conversivo y que ella se estaba causando a su mismo cuerpo esos síntomas”, comenta Vanessa.
El síndrome o trastorno de conversión es una extraña condición psiquiátrica que genera una sintomatología que se asemeja a las de una dolencia neurológica, aunque no procede de ninguna enfermedad física conocida.
Según la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, uno de las principales dificultades para su tratamiento es que ni el paciente ni los familiares reconocen el padecimiento, que puede llevar al aislamiento social, atraso en la escolaridad en los menores, y, en algunos casos, complicaciones como postración y contracturas.
En el hospital, tras ese diagnóstico, le ofrecieron derivar a la joven a una clínica psiquiátrica para su tratamiento, pero la familia lo rechazó por no estar de acuerdo con el dictamen.
“Nosotros conocemos a mi hermana, era una niña saludable y no tenía ningún problema, nosotros sabemos que no es un problema psiquiátrico“, afirma Vanessa.
La familia, agrega, ha rechazado someter a la joven a nuevos estudios médicos desde 2015 y decidió apoyarla ahora en su solicitud de eutanasia.
“Estamos respetando la voluntad de Paula y no queremos seguirla obligando a pasar por hospitalizaciones, porque como ella fue una paciente supuestamente psiquiátrica, en muchos momentos se le cuestionó lo que tenía, se le trató como loca o fuera de sus cabales y ella no quiere volver a pasar por lo mismo”, dice.
“Ya lleva más de cuatro años postrada en una cama, encerrada en cuatro paredes, y no está ya para sentarse en una silla de ruedas para trasladarse y moverse de su habitación, lo que ella está viviendo no está bien, viendo como su cuerpo falla cada día aún más y ya tiene tanto dolor que solo quiere morir”, afirma.
Alega, además, que por la situación de Paula, su madre se vio obligada a abandonar el trabajo y ahora la familia sufre carestías económicas.
“Mi hermana envió una carta a la presidenta a finales de 2017, pero no obtuvimos respuesta, por lo que mi madre pidió ayuda a un senador de la República que leyó la carta en el Congreso y a pesar de eso tampoco recibimos mucha respuesta, solo que se le iba a facilitar una pensión de gracia de corte mensual”, explica.

El debate de la eutanasia

Lo cierto es que el caso ha reactivado el debate sobre el tema de la eutanasia en Chile, donde previamente se aprobó el aborto en tres causales y se discute también la reinstalación de la pena de muerte.
El diputado del Partido Liberal Vlado Mirosevic ha sido uno de los abanderados del debate sobre el tema del suicidio asistido en el país en los últimos tiempos y el caso de la joven ha sido uno de los ejemplos que ha utilizado recientemente para legitimar la necesidad del análisis del tema en el Congreso.
“Aquí el punto es respetar el derecho que tiene Paula o cualquiera de nosotros a una muerte con dignidad. Es primeramente un derecho, donde se debe anteponer la decisión del individuo por sobre la de la sociedad”, asegura a BBC Mundo.
“Pero también es un tema humanitario, de compasión, de ponerse en los zapatos del otro. Puestos en esas circunstancias, debe ser cada cual quien tome la decisión sobre la eutanasia, y no una ley que de manera uniforme y autoritaria no deje espacio para la muerte digna”, añade, aunque reconoce que no tenía información sobre el diagnóstico psiquiátrico de la joven.
El doctor Kottow, aunque considera que el debate sobre la eutanasia en Chile y su aprobación no es solo “pertinente sino necesario“, desestima que deba valorarse o tomarse como ejemplo el caso de Paula, como está sucediendo, para querer legitimar la aprobación de esta práctica médica en el país.
“En esta situación estaríamos hablando de un caso de eutanasia médica, es decir, que debe ser ejecutada por un médico, y si no hay diagnóstico, como con esta chica, se derrumba todo el caso“, explica.
“Antes de pensar en una solución extrema, que no es posible porque no está permitida por la Ley y ni la presidenta tiene autoridad para permitirla, primero estaría determinar qué tiene en realidad, si es o no tratable, si es o no de pronóstico negativo, y en base a qué se está planteando la solicitud de eutanasia”, añade.
De acuerdo con el también miembro del Directorio de la Sociedad Chilena de Bioética sería “muy mal precedente” abrir un camino al suicidio asistido con este caso, dada la cantidad de incógnitas e irregularidades de acceso a la información en torno a la situación de Paula.
“Hasta ahora, la única información que tenemos son unos videos en las redes sociales. Pero esto no algo que informe gran cosa sobre la condición real. En base a un video y a una opinión de la familia no se puede llegar a ninguna conclusión, aunque sea solamente ética, sin fuerza legal. Este es un caso que debemos analizar más allá de la buena voluntad o la compasión“, sostiene.

Fuente: BBC