Tras 38 años descubrieron a la niñera asesina de Milwaukee

Nancy Moronez había encontrado la forma de encubrir sus homicidios. Durante los años 80′ le quitó la vida a tres menores y la apodaron “la Babysitter de la muerte súbita”.


Nancy Moronez no calificaba bajo ningún concepto con la profesión que había elegido. La mujer que no toleraba escuchar como los bebés lloraban “sin razón” decidió dedicarse a cuidar niños y durante los años 80′ fue responsable de la muerte de tres criaturas.

En marzo de 1980 cobró su primera víctima, cuando un bebé de apenas dos semanas apareció súbitamente muerto en la casa de su madre. El segundo caso ocurrió cuatro años más tarde, también en marzo, cuando un bebé de seis meses que estaba a su cuidado fue diagnosticado de muerte súbita infantil según el parte oficial de los médicos. La última de sus víctimas falleció un año después, en Febrero de 1985, cuando un bebé de tres meses fue diagnosticado con el mismo parte que la segunda de sus víctimas.


“¿Me recuerda?”, le preguntó uno de los bomberos que acudió a la casa esa última vez y que ya había vivido esa misma escena un año antes. “Sí, lo recuerdo. Le dije a mi marido que no quería cuidar más niños”, le contestó Moronez.

La mujer fue apodada como la niñera de la “muerte súbita”, aunque nadie sospechó de ella. Sin embargo, en 2015 una denuncia sobre ella la indicó como la responsable del deceso de esos niños.

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Hace tres años su hija la acusó de las muertes de esos bebés y aseguró que la primera de sus víctimas fue su propio hijo. “No puedo cuidar a niños que lloran constantemente”, fue la respuesta de la mujer de 60 años luego de que la policía la interrogara.


En su relato reveló que la matanza comenzó con su hijo de dos meses durante una tarde en la que el menor no paraba de llorar. Para calmarlo le dio un baño y lo sumergió en el agua. Allí sintió “cómo se retorcía” y luego lo secó, le puso pañales y lo vistió y posteriormente llamó al 911.

La segunda de sus víctimas tampoco paró de llorar. Para calmarlo lo sofocó con una manta hasta que lo ahogó. Ese mismo mecanismo aplicó en 1985 con la última de sus víctimas.

Moronez le había “hecho una promesa a Dios” que no logró cumplir. Tras el nacimiento de su hija se juramentó no hacerle nada a ningún niño que llore, pero no logró contenerse y volvió a matar.

Fuente: Mitre
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