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Cinco años atrás comenzaba el proceso de construcción de Juana Azurduy, el monumento dedicado a reivindicar la memoria y la figura de esta mujer, protagonista de las luchas independentistas del siglo XIX. Y debieron pasar todos estos años para llegar a este momento en el que su creador, Andrés Zerneri, lo da por terminado. Durante todo febrero el artista plástico trabajó en la patina definitiva, la que le otorgará el color ligeramente verde que tienen tantos otros monumentos de bronce en el espacio público porteño.

Aunque fue emplazada en su sitio original -en el Parque Colón, detrás de la Casa Rosada- el 15 de julio de 2015, en rigor la obra nunca estuvo concluida. Aquel día la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner recibió a su par boliviano, Evo Morales, y juntos descubrieron el monumento.

De apuro, la ex Presidenta ya había sacado a Cristóbal Colón. Y quería que detrás de la Rosada, y antes de terminar su mandato, estuviera en pie la figura de Juana.

Una imagen potente, que empuña una espada en su mano izquierda y que no está sola: la acompañan otras doce figuras, entre ellas cinco hijos y un gaucho en representación de Martín Miguel de Güemes.

La obra del Parque del Bajo, que lleva adelante la Ciudad, obligó a mudarla, y con el trasladó ganó, ya que su figura se resignificó. Porque ya no está aislada de los vecinos, detrás de una reja. Aún en una zona que se encuentra en plena transformación, llena de andamios y obradores, la gente se acerca al monumento y puede observar los detalles; "sentir" el movimiento de Juana en la ondulación de sus ropas; ver bien de cerca su rostro severo, su cabello al viento.

Pero esta Juana pudo no haber existido. A lo largo de los años que demandó su elaboración sucedieron algunas cosas que hicieron peligrar la obra. "No todos los días se construye un monumento de estas dimensiones en nuestro país. Era necesario tener una gran capacidad operativa para todo el proceso de fundición del bronce. Y la empresa de fundición estuvo a punto de quebrar cuando Juana aún no estaba concluida", contó Zerneri a Clarín.

Para solventar el bronce que se necesitaba -Juana pesa 25 toneladas de este metal-, un funcionario a cargo de la obra le sugirió a Zerneri que cediera sus honorarios. "Lo hice porque mi objetivo final era ver a Juana en pie. Siento hoy que la misión que me encomendó el gobierno de Evo Morales fue cumplida. Pero lamento mucho todo lo que sucedió, más allá de la impotencia que me genera, como a cualquier trabajador, no haber cobrado por la tarea que hice", se lamentó el artista plástico. Fueron dos los funcionarios políticos a cargo de esta obra: Abel Fatala, ex subsecretario de obras públicas de la Nación, y Oscar Parrilli, ex secretario general de la Presidencia. La obra fue financiada por el Estado boliviano, que donó un millón de dólares.

Pese a su mala experiencia, Zerneri aceptó un nuevo contrato con el Estado -con el Ministerio de Desarrollo Urbano y Transporte porteño- para realizar la pátina y dar por concluido su trabajo con Juana. Esta vez, le pagaron. "Quedé conforme con la ubicación que le dieron a Juana, me parece un sitio superador. La gente la tiene más cerca, puede apreciarla bien y estos días que estuve trabajando me gustó ver como le sacaban fotos y hasta se hacían selfies", contó Zerneri, que ya se volvió a Villa La Angostura, donde vive y trabaja.

El proceso de elaboración de la escultura arrancó en febrero de 2013. Se llevó a cabo con una técnica que se conoce como fundición a la cera perdida: se realizó una matriz en yeso a escala real, luego se hicieron 400 moldes de cera –láminas de 1,5 cm de espesor que conformaron el total de la escultura– que fueron encapsulados con un material que resiste altas temperaturas. Las 400 piezas se llevaron a un horno: allí la cera se derrite y deja el espacio para que entre el bronce por orificios creados a tal efecto. Una vez que finaliza este proceso, las 400 piezas son soldadas.

La escultura mide 9 metros, y está sobre un pedestal de 3, que se realizará imitando la terminación del CCK, con un zócalo de granito oscuro.

Fuente: Clarín