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Fortalecido por los últimos datos económicos, que ratifican el crecimiento sostenido de Argentina, el presidente, Mauricio Macri, se erigió en el gran defensor del “debate” sobre la despenalización del aborto. Dicho esto, aclaró que su posición es, “a favor de la vida”.

El tercer discurso de apertura del periodo de sesiones legislativas de Macri, estuvo trufado de declaraciones de principios, promesas, proyectos y una defensa a ultranza de su política de “gradualismo” para seguir acometiendo las reformas que Argentina necesita. “Lo peor ya pasó”, garantizó el presidente al abordar el ajuste económico y destacar lo que llamo "el crecimiento invisible".

En un tono conciliador y de mano tendida a la oposición (“nos necesitamos todos y nos necesitamos juntos” insistió) Macri reiteró su compromiso de acabar con la pobreza, mejorar la educación y establecer la igualdad de salarios entre hombres y mujeres: “No podemos permitir que una mujer gane menos que un hombre. No es justo. Tienen mi compromiso de que el salario igualitario que establecen nuestras leyes será una realidad”, aseguró con la vista puesta en la reelección del año próximo.

Macri, con un gesto simbólico, salió al paso del reproche permanente del kirchnerismo que le acusa de ser indiferente al terrorismo de Estado del último régimen militar. Lo hizo al anunciar que Campo de Mayo, uno de los centros del Ejército, de detención y desaparición de personas, durante la dictadura (976-83), se convertirá en un gigantesco parque nacional. La iniciativa, pese a la buena voluntad del presidente, difícilmente será celebrada por los organismos de derechos humanos, sistemáticamente críticos con su Gobierno en general y con él en particular.

Todo lo que dijo el presidente del Gobierno en su discurso fue pasado por el escáner de la crítica y la desconfianza de la oposición. Pero ésta, la mayoría a favor de la despenalización del aborto, se quedo descolocada cuando Macri anunció su posición sobre un asunto que genera enorme disgusto en la Iglesia (las relaciones con el Vaticano son gélidas), en la ex presidenta Cristina Fernández y en buena parte de las filas de Cambiemos, la coalición de Gobierno. “Hace 35 años –recordó- que se posterga un debate muy sensible que, como sociedad, nos debemos: el aborto. Como dije más de una vez, estoy a favor de la vida pero también estoy a favor de los debates maduros y responsables… Por eso, -zanjó- vemos con agrado que el Congreso incluya este tema en su agenda de este año”.

El aborto fue tabú en Argentina durante los doce años de kirchnerismo. El rechazo de Cristina Fernández, que sufrió uno de forma natural, es idéntico al de Elisa Carrió, diputada y principal socia de Gobierno de Macri que ayer pidió que se retirase el proyecto de ley. “Para mí, el debate es el hambre. Me preocupa el hambre de los vivos”, insistió ésta a la salida del Congreso.

La ex presidenta,–como su hijo, el diputado Máximo Kirchner- no se molestó en acudir a la sesión que levanta el telón de las sesiones del Congreso y el Senado de este año. El “faltazo” de la mujer que se negó a entregar el bastón de mando y la banda presidencial a su sucesor, era una crónica anunciada.

El presidente, en una intervención de unos 40 minutos, no olvidó rendir su propio homenaje a los 44 tripulantes del submarino desaparecido ARA San Juan y a sus familias. Tampoco, de incidir en los logros de su gestión pese a no tener mayoría en ninguna Cámara y de enviar un mensaje de confianza y optimismo a una ciudadanía que convive todavía con una inflación dolorosa. “Tenemos metas para bajar la inflación… Los salarios le ganaron a la inflación”, insistió en alusión a que ésta, en dos años, pasó del 40 por ciento al 25 y las previsiones para el 2018 son del 17 por ciento.

Fuente: abc.es
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