De punta a punta, la ruta más espectacular de la Argentina

“Lo importante no es llegar, lo importante es el camino”, dice una canción de Fito Páez . Y esta frase, que bien podría ser una máxima de todo viajero, es especialmente cierta en este viaje, en el que, justamente, lo importante es el camino. Porque no se trata de un camino cualquiera, sino de la Ruta Nacional 40, o simplemente “la 40”, la ruta más famosa y espectacular de la Argentina.

La 40 atravesando la meseta santacruceña.

Por Pablo Bizón


El Km 0, a los pies del faro de Cabo Vírgenes, en Santa Cruz.

Despedida con pingüinos

“Aquí comienza la Ruta Nacional 40. La Quiaca, 5.080 km”, dice un cartel azotado por el viento a los pies del faro de Cabo Vírgenes, en ese extremo sur de Santa Cruz en el que comienza el estrecho de Magallanes. Dice 5.080, pero modificaciones posteriores llevaron el recorrido a 5.194 km. Pero es aquí, en esta desolada playa de ripio bañada por el Atlántico sur, donde comienza la aventura, junto a la primera zona protegida: la reserva provincial Cabo Vírgenes, con la segunda colonia de Sudamérica de pingüinos de Magallanes.


Por la estepa patagónica.

A 126 km de allí, la 40 atraviesa la primera ciudad, Río Gallegos, para luego virar al sudoeste y cruzar la meseta patagónica a lo largo de 255 km hasta el primer pueblo: 28 de Noviembre, donde se ven ya las elevaciones de la Cordillera de los Andes, a la que la ruta no abandonará más en los siguientes 4.700 km. Por algo su logo es el de un cóndor:pueden verse muchos a lo largo de su recorrido. Cerca de 28 de Noviembre está el punto de la ruta más cercano al océano Pacífico: solo 21,7 km en línea recta hasta un fiordo del sur chileno. Ninguna otra ruta argentina se acerca tanto al Pacífico.

La escala siguiente es el pueblo minero de Río Turbio -donde en invierno funciona el centro de esquí Valdelén-, y 240 km al norte, la primera parada obligada: El Calafate, a 80 km del glaciar Perito Moreno y con multitud de actividades en los alrededores -caminatas, cabalgatas, 4×4, navegaciones, el museo Glaciarium- y un buen corderito al asador para la cena.

La 40 pasa a poco más de 100 km del glaciar Perito Moreno (Francisco Muñoz) .

La 40 sigue hacia el norte, y no se recomienda pasar sin detenerse en el parador La Leona, un paraje-hotel que cuenta grandes historias. Construido en 1894 por una familia de inmigrantes daneses, alojó, entre otros, a los legendarios bandidos Butch Cassidy, Sundance Kid y Etta Place. Cercahay un bosque petrificado.


Un tramo de la ruta cerca de Cueva de las Manos, en Santa Cruz (PB/Viajes).




A unos 20 km de allí, es imposible no desviarse por la ruta 23, en la orilla norte del inmenso lago Viedma: encara directo hacia la Cordillera, y enseguida aparece la inconfundible silueta del cerro Fitz Roy, una mole de piedra de 3.405 metros que es uno de los grandes desafíos del mundo para los escaladores.

A sus pies, y entre vuelta y vuelta del río Las Vueltas está El Chaltén, “capital nacional del trekking”. Hay decenas de senderos para disfrutar a pie de este majestuoso paisaje de piedra, lagos y bosques de lenga de.

Desde la 40 sale la ruta 23, que lleva directo a El Chaltén.

De La Leona hacia el norte, comienza uno de los tramos más desolados de la ruta, con muchos kilómetros de ripio. No lo lamente y aproveche para ir despacio y contemplar los detalles del paisaje, los cielos infinitos de la Patagonia, los picos nevados. Siempre con la Cordillera hacia la izquierda, la 40 se desvía para entrar a Gobernador Gregores y luego regresa al oeste, para seguir trepando. Aviso: en Las Horquetas, vale la pena desviarse hacia el oeste unos 70 km por la ruta 37 para llegar a uno de los parques menos visitados del país: el Parque Nacional Perito Moreno, con el lago Belgrano como epicentro y los cercanos lagos Burmeister, Azara y Nanzen entre montañas. Viento, soledad y belleza.

El paisaje cerca de Bajo Caracoles, en Santa Cruz (Pinterest)

Poco más al norte, pasando Bajo Caracoles, otro desvío obligatorio: la ruta 97, que tras 42 km de ripio lleva a la Cueva de las Manos, un testimonio de miles de años, en el impresionante cañadón del río Pinturas. Una verdadera sorpresa en medio de la estepa patagónica.

Otro desvío: hacia el oeste, la ruta 39 hasta el pueblo de Lago Posadas. Y también al lago, separado por un angosto istmo de su vecino lago Pueyrredón. Vale la pena el paisaje. Puede tomar también la ruta 41 para cruzar a Chile, ir al norte por la Carretera Austral y regresar a la Argentina por la margen sur del lago binacional General Carrera-Buenos Aires -el más grande del país-, pasando por el hermoso pueblo de Los Antiguos. Si es verano, de paso podrá saborear las cerezas más ricas.

Cueva de las Manos, un imperdible a un costado de la ruta.



Pero si no tomó este desvío y siguió por la 40, poco antes de llegar a la ciudad de Perito Moreno pasará muy cerca del Parque Nacional Patagonia -es bastante nuevo y aún no cuenta con servicios-, que protege el sitio al que llegan a reproducirse unas pequeñas y simpáticas aves llamadas macá tobianos. Está en lo alto de la meseta del lago Buenos Aires.

De lago en lago

Luego de atravesar el pueblo de Río Mayo, el río de mismo nombre y también el río Senguer, en la provincia de Chubut, la 40 se dirige al norte hacia Esquel, otra parada imperdible de su recorrido. Y aquí, otro permitido: desviar por la ruta 259 hacia el oeste y visitar Trevelin, para conocer historias de la colonización galesa y las cascadas Nant y Fall, y luego tomar la ruta 71 para atravesar el Parque Nacional Los Alerces, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Puede que se pierda un tramito de la 40, pero la reencontrará poco más adelante, después de pasar por los lagos Futalaufquen, Menéndez, Verde, Rivadavia, Cholila, Lezama y Carlos Pellegrini, y sorprenderse con el Alerzal Milenario, un bosque de alerces con ejemplares de más de 2.600 años.



La 40 rumbo a Esquel, en Chubut.

Poco antes del pueblo de Epuyén, la 71 lo devolverá a la 40 para seguir rumbo norte a El Hoyo -capital nacional de la fruta fina- y Lago Puelo, un hermoso pueblo a orillas de un lago tan verde como hipnótico.

Unos pasitos más y estará en Río Negro, y otros más y recalará en la famosa plaza Pagano de El Bolsón, con su también famosa feria de artesanías, sus cervezas artesanales, sus frambuesas y boisenberries y sus múltiples atractivos:el cerro Piltriquitrón, el Bosque Tallado, el valle del río Azul o la cascada Escondida.

La cascada Escondida, a 10 km de El Bolsón, es parte del circuito Mallín Ahogado.

Cuando regrese a la ruta, el trazado sinuoso lo irá guiando hacia Bariloche, pasando por las orillas de los lagos Guillelmo, Mascardi y Gutiérrez. Luego de divisar a lo lejos las pistas de Cerro Catedral, el mayor centro de esquí de Sudamérica, se topará con el principal centro turístico de la Patagonia, a orillas del lago Nahuel Huapi. Hay tanto para hacer en Bariloche, tantos desvíos imperdibles, que son tema para otras notas.

Uno de los tramos más famosos: la Ruta delos 7 Lagos es parte de la Ruta 40 (Neuquentur)

Pero la 40 sigue hasta el extremo este del lago Nahuel Huapi; cruza el río Limay, entra a Neuquén y gira a la izquierda para encarar rumbo a Villa La Angostura e iniciar uno de sus tramos más pintorescos:entre bosques de coihues y ñires y junto al Parque Nacional Arrayanes se inicia la famosa Ruta de los 7 Lagos, ese tramo incomparable de la 40 que atraviesa el Parque Nacional Lanín y va serpenteando entre los lagos Correntoso, Espejo Grande, Escondido, Villarino, Falkner, Machónico y Lácar, que llegan a ocho si sumamos el Nahuel Huapi, y a varios más con unos desvíos breves hacia el Totoral, el Traful, el Hermoso, el Meliquina, y cerca de San Martín de los Andes por la ruta 62, el Lolog. Una panzada de paisajes.

Al norte, luego de pasar Junín de los Andes, la ruta se abre hacia el este para llegar a Zapala, así que habrá que desviarse por la 23 para visitar el circuito Ruta del Pehuén que conforman por Aluminé, Villa Pehuenia y Moquehue, uno de los paisajes más bellos del país, con los únicos bosques nativos del mundo de araucarias araucanas.

El lago aluminé y las araucarias en Villa Pehuenia (PB/Viajes).

Ruta 40 en Mendoza.

Entre viñedos y montañas

Casi lo primero que lo recibirá en la provincia de Mendoza es la extraordinaria reserva provincial La Payunia, tan espectacular como poco conocida. Con más de 800 conos volcánicos, es una de las zonas del planeta con mayor densidad de volcanes, un paisaje lunar coronado por el Payún Liso, de 3.715 metros.

Reserva La Payunia, en el sur de Mendoza.

Poco más al norte, la ruta pasa muy cerca de San Rafael y sus paisajes: laguna y salinas del Diamante, embalses Nihuil y Agua de Toro, y el extraordinario Cañón del Atuel, con sus sorprendentes figuras talladas en piedra. Pero en San Rafael empieza, además, la ruta del vino de Mendoza, que continúa 100 km más al norte, en el Valle de Uco: un paraíso de viñedos y modernas bodegas al pie del Cordón del Plata, coronado por los casi 6.800 metros del volcán Tupungato.

Viñedos en el Valle de Uco , Mendoza (Bodega O. Fournier)

Ugarteche, Agrelo, Luján de Cuyo, Godoy Cruz, Maipú son las principales zonas viñateras de la provincia, repletas de bodegas que reciben a turistas. Y si antes de llegar a Agrelo toma la ruta 7 a mano izquierda, disfrutará de la ruta de Alta Montaña hasta el Cristo Redentor, en la frontera con Chile, pasando por Puente del Inca y divisando el cerro Aconcagua, el techo de América.

Es probable que en la ciudad de Mendoza algún desprevenido lo mande al km 0. Es que aquí, en la céntrica esquina de San Martín y Garibaldi, estaba el km 0 de la antigua Ruta 40, que allí se dividía en 40 Norte y 40 Sur. Ahora es el km 2.900.

Laguna de Los Horcones y el cerro Aconcagua (Coco Yáñez)

De Mendoza a San Juan son 170 km al pie de la Cordillera, con más bodegas y desvíos como el Parque Nacional El Leoncito, con su obervatorio astronómico, o el dique Ullum, un oasis donde refrescarse y practicar kayak o windsurf. Luego de visitar el museo de la bodega Graffigna y la casa natal de Sarmiento, siga hacia el norte por un tramo desértico que lleva hasta Huaco. Justo antes, la ruta 150 lo llevará al parque provincial Ischigualasto o Valle de la Luna, otro imperdible del recorrido junto con el Parque Nacional Talampaya, justo enfrente y ya en La Rioja.

Luego afrontará un tramo que en otros tiempos supo ser todo un desafío: los arenales de Guandacol, esos en los que hace años más de uno quedaba encajado, contaba el periodista Federico Kirbus, autor del primer libro sobre la 40, todo un clásico que tuvo varias reediciones.

La colorida Cuesta de Miranda en La Rioja (Vialidad Nacional)

Y pasando Villa Unión, otro tramo que es una delicia: la Cuesta de Miranda, que sube 1.500 metros -desde los 500 hasta los 2.040 msnm- en apenas 12 km, con cientos de curvas y contracurvas en un paisaje que abarca todos los colores imaginables. Al bajar, en Nonogasta, la 40 se está convirtiendo en autopista hasta Chilecito, una ciudad con historia minera y un cable carril que vale la pena.

De los valles a la Puna

Unos 120 km más y, después de pasar por el para muchos inesperado oasis de San Blas de los Sauces, la 40 entra a Catamarca. Justo antes del límite, se puede continuar por la ruta 60 hacia Tinogasta, Fiambalá y, más arriba, a la fantástica Ruta de los Seismiles, en la Puna catamarqueña y a los pies de casi 20 majestuosos volcanes coronados por el Ojos del Salado, el volcán más alto del mundo y la segunda cumbre de América.

Desde Belén, en Catamarca, se pueden hay imperdibles excursiones en 4×4 por la Puna.

Pero la 40 va más hacia el este y pasa por Londres, con las cercanas ruinas de Shincal y su camino del Inca, y Belén, “capital nacional del poncho” y base desde la que parten excursiones 4×4 hacia la Puna. Una imperdible es al Campo de Piedra Pómez, uno de los paisajes más increíbles que se puedan imaginar.

Ruinas de Quilmes, Tucumán.

Y al llegar a Santa María, ya estará en los hermosos Valles Calchaquíes, con sus tradiciones, su folclore y sus colores. A pocos km la ruta ingresa a Tucumán por pocos kms. Son sólo 42, pero intensos: están las ruinas de Quilmes, los restos del mayor asentamiento precolombino del país, y muy cerca, por la ruta 307, Amaicha del Valle, con el museo Pachamama y un observatorio astronómico.

Campo de Piedra Pómez , en los alrededores de Antofagasta de la Sierra, Catamarca .
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Apenas 23 km luego de entrar a Salta, la belleza de Cafayate y su valle, con sus bodegas y viñedos y la Plaza 20 de Febrero, donde sentarse a comer un buen cabrito o las mejores empanadas del mundo. Luego sale, a mano derecha, la ruta 68, con un colorido circuito por la Quebrada de las Conchas, pero la 40, más al oeste -y ya de ripio nuevamente-, le compite con la impresionante Quebrada de las Flechas, uno de esos tramos que lo harán bajar más de una vez a tomar una foto, y otra, y otra.

Vista aérea de la ruta atravesando la Quebrada de las Flechas, en Salta


Parque Nacional Los Cardones, cerca de Cachi.

Poco más adelante, en Payogasta, podrá desviar a la derecha para visitar el Parque Nacional Los Cardones, y más allá, la Cuesta del Obispo, que desciende a pura curva y contracurva hasta el Valle de Lerma. Pero de Payogasta hacia el norte, la 40 sube y sube zigzagueando en la montaña hasta su punto más alto: Abra del Acay, a 4.895 msnm. Para los que gustan de los récords: es el paso más alto del mundo para una ruta nacional, y el más elevado fuera de Asia.

A 43 km, San Antonio de los Cobres, un pueblo de altura -casi 3.800 msnm- que cada 1° de agosto celebra la Fiesta Nacional de la Pachamama. Y 60 km al noroeste, siempre por la 40, puede que tenga suerte y vea cruzar el famoso Tren a las Nubes por el Viaducto La Polvorilla, una legendaria obra de ingeniería.

El Tren a las Nubes sobre el Viaducto La Polvorilla, en Salta. Por debajo para la 40.

Enseguida la ruta ingresa a la provincia de Jujuy, y luego de rodear el imponente cerro Tucli, encara derechito hacia Susques, donde estará más que bien pasar una noche y no dejar de visitar, a 65 km por la ruta 52, el desierto blanco de las Salinas Grandes, ese que National Geographic distinguió entre los “17 lugares más salvajes y hermosos del mundo”.


La 40 en la puna jujeña.

Desde Susques, la 40 sigue su curso sinuoso hacia el norte por la Puna jujeña. Son los últimos 325 km que pasan por pueblos como Coranzulí, Orosmayo o Cusi Cusi. ¡Pare aquí! No se le ocurra pasar de largo porque muy cerca de Cusi Cusi está el valle de la luna jujeño, un paisaje tan impresionante como poco conocido. Luego de Misa Rumi, el punto más septentrional de toda la 40: Santa Catalina, la segunda localidad poblada más norteña de la Argentina. Si se anima a hacer 30 escabrosos km hacia el noroeste, podrá llegar a la primera: El Angosto, en un rincón de la provincia. Desde Santa Catalina, disfrute los últimos 60 km hasta La Quiaca, pasando por Cieneguillas.

Entonces sí, habrá completado el recorrido por la ruta más espectacular de la Argentina. Pero sólo en parte, porque como decía Federico Kirbus, la 40 es “una senda interminable, que nunca se termina de recorrer”.

La Quiaca, fin del recorrido de casi 5.200 km por 11 provincias.

Fuente: clarin.com
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