El exdirector del FBI, la otra guerra de Trump

Si el ataque del ejército de Estados Unidos a Siria del pasado sábado ha sido calificado de quirúrgico, el de este domingo de Donald Trump a uno de sus enemigos jurados durante el primer año de su presidencia fue demoledor. El presidente de EE.UU. recibió el día con una salva de cañonazos en Twitter destinados a James Comey, que fue director del FBI hasta que Trump le despidió en mayo del año pasado, con apenas unos meses de convivencia en el Gobierno del país.

Comey es una pieza clave dentro de la batalla legal que empantana la presidencia de Trump casi desde el día de su elección: la investigación de las interferencias de Rusia en las elecciones y el supuesto complot con la campaña de Trump para beneficiar a su candidato. Poco después de su investidura, Trump exigió a Comey, según el relato del entonces director del FBI, que fuera benevolente con Michael Flynn, que había sido asesor de seguridad nacional de Trump y que tuvo que dimitir por mentir sobre sus contactos con agentes de Rusia, y le exigió lealtad. Trump acabó por despedir a Comey, lo que provocó que Robert Mueller fuera designado investigador especial de la trama rusa.

La agresividad de Trump de este fin de semana se debe a que Comey cuenta sus experiencias con Trump en un libro, cuya publicación está prevista para mañana. El asunto tiene al presidente de EE.UU. muy agitado, sobre todo después de que se filtraran algunos fragmentos del libro, en el que Comey retrata a Trump como un jefe mafioso, «sin ética y desconectado de la verdad».

Anoche, Comey arrancaba su gira en los medios para publicitar la obra con una entrevista en ABC News. No se había emitido al cierre de esta edición, pero la cadena televisiva había divulgado parte de sus declaraciones en las que Comey habla sobre un asunto espinoso de Trump: el dosier, que no se ha probado, que aseguraba que el multimillonario estadounidense pasó una noche con prostitutas en Moscú en 2013. «Es posible, pero no lo sé»; dice Comey.

Los ataques de Trump desde Twitter tenían pinta de guerra preventiva, para tratar de colocar su discurso en la opinión pública antes de que Comey pasee sus recuerdos por todas las televisiones y los periódicos.

En uno de sus mensajes, el presidente de EE.UU. sugería que Comey debería acabar en la cárcel por cosas como «publicar información clasificada» o «mentir al congreso».

«Memorandos falsos»
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En su batería de mensajes, Trump criticó los «memorandos falsos» de Comey, en referencia a las notas que el exdirector de la CIA hizo sobre los encuentros con Trump y que podrían servir para acusarle de obstrucción a la justicia. «Nunca le pedí a Comey lealtad personal», dijo sobre esas notas. «Apenas conocía a ese tipo. Es solo otra de sus muchas mentiras», dijo sobre el autor del libro, al que adereza con una variedad de insultos en los últimos días: «Filtrador», «mentiroso», «débil», «peor director del FBI de la historia» y «slime ball», que podría traducirse como «gusano».



En otros de sus tuits, critica una de las revelaciones del libro: que se decidió a reabrir una investigación contra Hillary Clinton cuando faltaban pocos días para las elecciones porque la candidata demócrata lideraba las encuestas. «Tomó decisiones basadas en que creía que ella iba a ganar, y quería un trabajo», interpretó Trump.

En sus mensajes, también aprovecha para arremeter contra otros miembros del Departamento de Justicia que han salido desde su Gobierno, y a los que ha acusado de actuar en su contra, desde Loretta Lynch, que fue fiscal general, a Andrew McCabe, vicedirector del FBI.

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