Impulsan museo de la chicha para recuperar la tradición de Tarata

Dora Salazar no puede evitar sonreír cuando habla de los años dorados de la producción de chicha en Tarata. Ella elaboró el “néctar del valle” desde sus 12 años, pero su edad y condiciones ya no le permiten continuar. Su nieto, Dennis Salazar, busca crear el museo de la chicha para revalorizar esta bebida.

Dora es una de las productoras de chicha más conocidas de Tarata. La tradición le llegó desde su abuela y su mamá, que le enseñaron el proceso de elaboración. Con los años, no sólo heredó el conocimiento, sino también la vivienda que es testigo de la producción del “néctar del valle” desde hace 100 años.

“Cuando llegaba la Pascua se producía harta chicha. Desde la madrugada del domingo salíamos a festejar. Se llevaba todo a la puerta del templo. También llevábamos todos los tejidos que las mujeres hacían. Era una fiesta muy bonita. Todos bailaban y disfrutaban”, recordó Dora.

Siguió: “Pero con el tiempo se tergiversó la fiesta. Los hombres se las llevaban a los ríos a las cholitas, mientras los músicos amanecían en la puerta del templo agarrados de su acordeón durmiendo. Hasta que al final se perdió toda esa tradición”.

Según los productores de chicha de Cochabamba, se estima que, en la actualidad, sólo se produce el 25 por ciento en relación a hace 10 años. A esto se suma que los controles e impuestos generan que mucha gente decida dejar de dedicarse a elaboración la chicha y busque otros rubros de trabajo.

Sin embargo, quienes vivieron de esto durante muchos años consideran que se trata de una tradición del valle que se debería evitar perder.

Dora y su familia son parte de estas personas que buscan darle valor a la producción de chicha artesanal de calidad. Su vivienda tiene al menos 100 años. Se encuentra en una esquina de la cancha polifuncional del municipio de Tarata, ubicado a más de 40 kilómetros de la ciudad.

Desde que abren las puertas se siente que uno viaja en el tiempo. En la primera salita hay dos cántaros de barro en los que se solía almacenar la chicha.

En el cuarto contiguo hay bancas de madera de la época republicana y recortes de periódicos en las puertas.

La casa es de adobe y está bastante dañada. El atractivo principal está en la cocina de Dora. En el lugar permanece la paila sobre la leña en la cual se hace cocer el “uphi”, que es el maíz que queda luego de sacar su dulce y se mezcla con agua para que hierva durante 12 horas.

Asimismo, se encuentran los cántaros de barro en los que reposa la chicha para que surjan las tres capas. “Aquella que se encuentra en medio es la buena que se vende”, explicó el nieto de Dora, Dennis Salazar.

Dora dejó de producir chicha por su edad y las condiciones de su vivienda, que está por colapsar. Sin embargo, aún mantiene toda su indumentaria intacta y mucha de ella, incluso, le perteneció a su mamá y abuela.

Por este motivo, Dennis tuvo la idea de restaurar la casa y mejorar toda la indumentaria de su abuela para crear un museo de la chicha. El objetivo será revalorizar la tradición real del “néctar del valle”.

“La chicha es cultura. Ahora se está industrializando demasiado el proceso de elaboración. El resultado es venderla a un precio bajo, pero sin la calidad que tenía antes. Debe ser una chicha rica al gusto y además efectiva, es decir, que te maree, pero ahora no es agradable y tampoco efectiva”, explicó.

Por este motivo, también dan talleres de elaboración de chicha artesanal en el Centro Alternativo Tara Tara. En el lugar se están recopilando todos los objetos posibles que representen la elaboración de la chicha que se hacía en la antigüedad.

“Estoy rescatando todo lo que tiene mi abuela. Algunos jarrones y piezas que incluso eran de mi tatarabuelas”, remarcó Salazar.

La idea del museo de chicha está siendo impulsada por Dennis, Juan Clavijo autor del libro “La chicha en los valles de Cochabamba” y una fundación.

Como primer paso, se elabora el proyecto que defina la cantidad de recursos que se necesitarán. Además, se hace la promoción por Facebook para atraer a más personas interesadas. Quien desee conocer más puede contactar a Dennis al 764 – 41410.

La chicha fue una de las bebidas más consumidas por todos los estratos sociales hasta la llegada de la cerveza.

El taller y los elementos que utilizan en Tara Tara para dar cursos de chicha. CARLOS LÓPEZ

La producción descendió

Los productores de chicha estiman que actualmente elaboran sólo el 25 por ciento de lo que hacían hace 10 años.

Constantes clausuras

Uno de los motivos por los que se cree que existe este descenso es por las constantes clausuras. Señalan que en los últimos años hubo cerca de 400 cierres.

El “néctar del valle”

Es la denominación que se le da a la chicha, pues su producción es típica de los valles cochabambinos. Según la historia, era una bebida consumida por todos los estratos sociales hasta la llegada de la cerveza.

Dora Salazar no puede evitar sonreír cuando habla de los años dorados de la producción de chicha en Tarata. Ella elaboró el “néctar del valle” desde sus 12 años, pero su edad y condiciones ya no le permiten continuar. Su nieto, Dennis Salazar, busca crear el museo de la chicha para revalorizar esta bebida.

Dora es una de las productoras de chicha más conocidas de Tarata. La tradición le llegó desde su abuela y su mamá, que le enseñaron el proceso de elaboración. Con los años, no sólo heredó el conocimiento, sino también la vivienda que es testigo de la producción del “néctar del valle” desde hace 100 años.

“Cuando llegaba la Pascua se producía harta chicha. Desde la madrugada del domingo salíamos a festejar. Se llevaba todo a la puerta del templo. También llevábamos todos los tejidos que las mujeres hacían. Era una fiesta muy bonita. Todos bailaban y disfrutaban”, recordó Dora.

Siguió: “Pero con el tiempo se tergiversó la fiesta. Los hombres se las llevaban a los ríos a las cholitas, mientras los músicos amanecían en la puerta del templo agarrados de su acordeón durmiendo. Hasta que al final se perdió toda esa tradición”.

Según los productores de chicha de Cochabamba, se estima que, en la actualidad, sólo se produce el 25 por ciento en relación a hace 10 años. A esto se suma que los controles e impuestos generan que mucha gente decida dejar de dedicarse a elaboración la chicha y busque otros rubros de trabajo.

Sin embargo, quienes vivieron de esto durante muchos años consideran que se trata de una tradición del valle que se debería evitar perder.

Dora y su familia son parte de estas personas que buscan darle valor a la producción de chicha artesanal de calidad. Su vivienda tiene al menos 100 años. Se encuentra en una esquina de la cancha polifuncional del municipio de Tarata, ubicado a más de 40 kilómetros de la ciudad.

Desde que abren las puertas se siente que uno viaja en el tiempo. En la primera salita hay dos cántaros de barro en los que se solía almacenar la chicha.

En el cuarto contiguo hay bancas de madera de la época republicana y recortes de periódicos en las puertas.

La casa es de adobe y está bastante dañada. El atractivo principal está en la cocina de Dora. En el lugar permanece la paila sobre la leña en la cual se hace cocer el “uphi”, que es el maíz que queda luego de sacar su dulce y se mezcla con agua para que hierva durante 12 horas.

Asimismo, se encuentran los cántaros de barro en los que reposa la chicha para que surjan las tres capas. “Aquella que se encuentra en medio es la buena que se vende”, explicó el nieto de Dora, Dennis Salazar.

Dora dejó de producir chicha por su edad y las condiciones de su vivienda, que está por colapsar. Sin embargo, aún mantiene toda su indumentaria intacta y mucha de ella, incluso, le perteneció a su mamá y abuela.

Por este motivo, Dennis tuvo la idea de restaurar la casa y mejorar toda la indumentaria de su abuela para crear un museo de la chicha. El objetivo será revalorizar la tradición real del “néctar del valle”.

“La chicha es cultura. Ahora se está industrializando demasiado el proceso de elaboración. El resultado es venderla a un precio bajo, pero sin la calidad que tenía antes. Debe ser una chicha rica al gusto y además efectiva, es decir, que te maree, pero ahora no es agradable y tampoco efectiva”, explicó.

Por este motivo, también dan talleres de elaboración de chicha artesanal en el Centro Alternativo Tara Tara. En el lugar se están recopilando todos los objetos posibles que representen la elaboración de la chicha que se hacía en la antigüedad.

“Estoy rescatando todo lo que tiene mi abuela. Algunos jarrones y piezas que incluso eran de mi tatarabuelas”, remarcó Salazar.

La idea del museo de chicha está siendo impulsada por Dennis, Juan Clavijo autor del libro “La chicha en los valles de Cochabamba” y una fundación.

Como primer paso, se elabora el proyecto que defina la cantidad de recursos que se necesitarán. Además, se hace la promoción por Facebook para atraer a más personas interesadas. Quien desee conocer más puede contactar a Dennis al 764 – 41410.

La chicha fue una de las bebidas más consumidas por todos los estratos sociales hasta la llegada de la cerveza.

La producción descendió

Los productores de chicha estiman que actualmente elaboran sólo el 25 por ciento de lo que hacían hace 10 años.

Constantes clausuras

Uno de los motivos por los que se cree que existe este descenso es por las constantes clausuras. Señalan que en los últimos años hubo cerca de 400 cierres.

El “néctar del valle”
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Descarga en PDF en el siguiente enlace: Separata 15 abril GOBERNACIÓN


Es la denominación que se le da a la chicha, pues su producción es típica de los valles cochabambinos. Según la historia, era una bebida consumida por todos los estratos sociales hasta la llegada de la cerveza.

PATRIMONIO

Es una bebida típica y patrimonio

En 2015, la chicha fue declarada patrimonio cultural de Cochabamba, pero hasta la fecha no ha servido de nada, por falta de un reglamento. Los productores plantean elaborar esta norma de manera conjunta con las autoridades, así como políticas de fomento.

Otro problema es que, pese a que la chicha cuenta con la Ley de Consumo de Bebidas Alcohólicas, ningún municipio en el eje metropolitano, salvo Cercado, cuenta con el reglamento que la ley ordena elaborarlo de acuerdo a su realidad. A esto se suman los excesivos controles que señalan sufrir los productores.

En 2015, la chicha fue declarada patrimonio cultural de Cochabamba, pero hasta la fecha no ha servido de nada, por falta de un reglamento. Los productores plantean elaborar esta norma de manera conjunta con las autoridades, así como políticas de fomento.

Otro problema es que, pese a que la chicha cuenta con la Ley de Consumo de Bebidas Alcohólicas, ningún municipio en el eje metropolitano, salvo Cercado, cuenta con el reglamento que la ley ordena elaborarlo de acuerdo a su realidad. A esto se suman los excesivos controles que señalan sufrir los productores.

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