Por coca, Sud Yungas está en pie de guerra contra ediles del MAS

Liliana Carrillo V. / Sud Yungas 
Pobladores de cuatro municipios de Sud Yungas exigen la renuncia de sus respectivos alcaldes, todos afines al Movimiento Al Socialismo (MAS). Ha habido enfrentamiento con heridos en Irupana, choques violentos con detenidos en La Asunta, y vigilias con advertencia de bloqueos en Chulumani y Coripata. Detrás de todo -de los reclamos por malas gestiones, por falta de obras, por ausencia de soluciones- está, siempre, la coca. “Yungas ha despertado y está en pie de guerra por la vida; para nosotros la coca es la vida”, advierten los movilizados.

En Chulumani decenas de mujeres y hombres se desperezan del mal sueño. Han dormido en la calle, sobre cartones, en las puertas de la Alcaldía de la capital de la provincia de Sud Yungas. Y ha sido así desde el pasado 6 de abril, cuando un cabildo de la Federación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Sud Yungas decidió iniciar una vigilia exigiendo la renuncia del alcalde Vladimir Vega.

Protestas como aquella se mantienen en La Asunta y Coripata, y hubo otra en Irupana, después de que un cabildo de la Asociación Departamental de Productores de Coca (Adepcoca), con quema de banderas azules, determinara exigir la renuncia de los alcaldes del MAS. Días antes se habían registrado fuertes enfrentamientos en La Paz por el control del mercado de la coca de Villa Fátima. 

Cuando comenzaron las vigilias, el Gobierno denunció que se gestaban “golpes de Estado” contra los alcaldes masistas de los Yungas. Acusó al dirigente Franklin Gutiérrez de tener vínculos con la Embajada de EEUU y ordenar esas intervenciones. La semana pasada el viceministro de Coca, Froilán Luna, advirtió que “se castigará” a las comunidades que se rebelen contra el oficialismo quitándoles proyectos.

La coca abunda en las comunidades de Sud Yungas.

¿Dónde está el Alcalde? 

“No somos los dirigentes, los productores de base se autoconvocaron contra aquellos compañeros que defendieron al Gobierno y traicionaron a los Yunga”, sostiene Vidal Mamani Apaza, ejecutivo de la FSUTCSD, sentado en las puertas de la Alcaldía sitiada. A su alrededor la vida de Chulumani transcurre con escolares madrugadores correteando entre autos chutos.

Los cocaleros se oponen a la Ley General de la Coca 906 que establece 7.700 hectáreas de cultivo de hoja en el Chapare y 14.300 en los Yungas, zona tradicional. “Nos han utilizado. Hemos apoyado a Evo desde el principio y nos ha traicionado a los cocaleros de la zona originaria y dando prioridad a los de la zona exedentaria. El único sustento de vida que tenemos es la hoja de coca y vamos a defender. Yo le digo a los ministros que recuerden cómo hemos apoyado a este proceso y nos han masacrado. Los Yungas están molestos”, asegura Tito Flores, representante de la comunidad de Chirca en vigila.

Vladimir Vega fue elegido burgomaestre de Chulumani en 2015. Ahora, los pobladores lo acusan de no hacer obras -las construcciones inconclusas son evidentes-, de no estar en su puesto de trabajo, de haberse “vendido al MAS” aunque él fue electo por con el MPS.

En la capital de Sud Yungas se exige la renuncia del Alcalde.

El mayor reproche contra Vega es, sin embargo, el haber negado el uso del estadio del pueblo para un cabildo de los productores de coca. “Además todas las obras en las comunidades son condicionadas. El Alcalde dice ‘proyecto que quieran deben apoyar al MAS’. Si hiciera gestión transparente no necesitaría chantajes”, argumenta Vidal Mamani. 


“Chulumani está retrocediendo. El hospital se cae, la escuela no tiene cursos, hay un coliseo y un mercado que no se terminan y menos el alcantarillado. El Alcalde vive en La Paz donde estudia derecho. Ahora que venga, que dé la cara”. Doña Beatriz Lima es la ejecutiva de la Federación de Juntas Vecinales (Fejuve) de Chulumani. “Estamos cansados, ¿hasta cuando?”, grita. 

Desde que se instaló la vigilia -hace 14 días- el burgomaestre Vega ha desaparecido de Chulumani; no aparece por el pueblo y tampoco contesta llamadas telefónicas. Dicen que está resguardado en una comunidad y que prepara un grupo de choque para contrarrestar la protesta, tal como ocurrió en Irupana.

En Irupana, de la noche de violencia sólo quedan manchas de hollín en las calles (izq.).Freddy Barragán/ Página Siete

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Irupana, dolida y dividida

El 6 de abril, comunarios y vecinos se apostaron en puertas del edificio edil de Irupana exigiendo la renuncia del alcalde Clemente Mamani (MAS) quien cumple su tercera gestión. El domingo 8, una marcha que partió de la comunidad La Banda en apoyo al burgomaestre los enfrentó.

Hubo dos choques violentos. El primero esa tarde dominguera, cuando los vecinos en vigilia, que eran menos, hicieron retroceder a los que llegaban con Mamani y su concejo para recuperar la Alcaldía. A las dos de la mañana del lunes, las campanas de la iglesia sonaron, como nunca, llamando a la paz.

Para entonces los movilizados habían prendido fogatas y se enfrentaban a pedradas. Se escuchaban detonaciones, unos dicen de dinamita; otros, de granadas. Cada grupo acusa a su oponente de iniciar los ataques . La incertidumbre se extendió hasta el día siguiente, cuando con mediación de la Iglesia, se firmó un acuerdo de tregua.

“Nunca en la vida se ha visto algo así en Irupana. Da mucho dolor ver a los niños, a las personas de la tercera edad con miedo, sin poder dormir. Ver a vecinos, a hermanos divididos”, dice Rodolfo Pinto, emprendedor nacido en el pueblo que se ofreció como mediador en el conflicto. Un día después del enfrentamiento, quedan como vestigios de aquel, cientos de piedras y manchas de hollín, alrededor de la Alcadía.

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El Palacio Consistorial de Irupana sigue en cimientos desde hace una década.

“Los vecinos y comunarios pedían al alcalde Mamani, que es mi amigo, que presente cuentas; que diga por qué da la espalda a sus hermanos y por qué no termina hace 10 años este edificio”, refiere Pinto y muestra una enorme estructura de cemento, que ocupa toda una esquina de la plaza principal. Tiene raras formas y está en cimientos. “Es el Palacio Consistorial de Mamani”.

“Esta no ha sido una lucha vecinal sino política. Han querido derrocar al Alcalde elegido por mandatos sindicales”, afirma la concejala del MAS en Irupana Martha Quispe. La noche de la violencia ella fue retenida por el grupo contrario al Alcalde. “Me arrastraron, me jalonearon y me amenzaron con cortarme las trenzas y hasta colgarme del cuello con una pita. Toda la noche estuve en vela, parada”, cuenta la edil que milita en filas masistas desde la década de los años 90.

Al día siguiente del acuerdo, que establece un informe público municipal el 26 y 27 de abril, el alcalde Mamani no estaba en Irupana. “Viaja mucho porque este municipio es muy grande y debe atender a muchas comunidades, como Lambate, que van a la oficina de La Paz”, dice la concejala.

Asegura que la gestión ha construido decenas de caminos e impulsado muchos proyectos productivos como Promiel. “La gente lo quiere al Cleto, por eso lo han elegido tres gestiones. Ahora sí o sí va a terminar el Palacio Consistorial”, añade Quispe.

“El problema en Irupana y en todo Sud Yungas es que se están mezclando los temas municipales con los políticos de la coca. Hay que diferenciarlos”, evalúa Nelson Cabrera, corresponsal de radio Yungas en la zona.

Recuerda que en los enfrentamientos en Irupana hubo agresiones de ambos bandos y faltó el diálogo. “Y es que para nosotros los yungueños la coca es fundamental. Todos somos productores y es la hoja la que mantiene la economía”, opina.

La vida verde de los Yungas

Hasta hace medio siglo, la producción agrícola de los pueblos de Sud Yungas era diversificada: naranja, mandarina, café, mango y papaya. Pero ahora los campos sólo producen coca. Y la hoja se cuelga en los cerros, se amontona en tambores en las calles, se respira en las casas. 

“Aquí no se produce ya ni una naranja, más bien hay que traer de La Paz. Aquí todo es coca”, comenta Mario Barra, un agricultor moreno y grandote que está en la vigilia que Coripata mantiene hace 10 días pidiendo la renuncia de su alcalde masistaWilfredo Ortiz. También lo acusan de traidor a los cocaleros.

Cocales en alrededores del pueblo de Coripata. Freddy Barragán/ Página Siete

“No tenemos opción: la fruta, el café dan una vez al año; en cambio, de la coca sacamos tres cosechas, llueva o no llueva. La plaga afecta a la walusa a los cítricos pero la coca resiste”, asegura Waldo Limachi, secretario general de la central agraria de San Bartolomé. “Este es un regalo desde los antepasados y lo vamos a defender”, advierte.

“Hoy todo es coca. Los jóvenes sólo aspiran a tener su cato y su chuto”, comenta con disimulo don Mario, vecino del pueblo. 

“Todos somos p roductores y sé que el MAS va a comprender que la coquita es de Yungas”. La concejala Quispe habla de la hoja como de una niña a la que hay que mimar. “Hay que analizar”.


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