Siria, cortina de humo para tapar a Trump

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump (c), habla con los medios antes de una reunión con alta cúpula militar hoy, el pasado 9 de abril, en la Casa Blanca, en Washington (EE.UU.). JIM LO SCALZO EFE



Washington, jueves, 6.03 de la mañana. Desde su dormitorio de la Casa Blanca, el presidente Trump, empapado por la visión del mundo proyectada por su programa de televisión favorito, Fox and Friends, una tertulia en la ultramontana cadena Fox que fabrica el guion de su presidencia, tuitea: “Yo nunca dije cuándo sería el ataque contra Siria, podría ser muy pronto o no tan pronto”. El mundo contiene el aliento porque 24 horas antes, el imprevisible presidente había alertado: “Prepárate Rusia, porque los que vendrán serán misiles bonitos, nuevos e inteligentes”.

Anunciaba así el castigo contra la Siria de El Asad, apoyada por Rusia, por el supuesto empleo de armas químicas contra la población civil: 43 muertos y centenares de heridos. El plató circense en que ha convertido a la Casa Blanca funciona desde el amanecer con ocurrencias de 140 caracteres. Días antes, en el colmo de la contradicción, Trump había exigido sacar de Siria las 2.000 tropas estadounidenses que permanecen en el país. El Pentágono hizo tragarse a Trump la idea inmediatamente. Esa misma mañana The New York Times advertía en su editorial, “viene la ley Mr. Trump”.

Criticaba con dureza el periódico la respuesta de Trump ante el registro, ordenado por un juez federal, de las oficinas y el hotel del abogado personal del presidente, a petición del FBI, que consideró un “vergonzoso ataque contra la nación”. Y recordaba lo obvio: ni siquiera el presidente está por encima de la ley. El registro buscaba posibles delitos en la financiación de la campaña presidencial, uso de dinero para tapar la boca de un par de amantes de Trump, fraude bancario.

Fue autorizado por el número dos del Ministerio de Justicia, a quien el presidente pretende cesar por haber permitido el nombramiento del fiscal especial, Robert Mueller, que investiga el Rusiagate. También sopesa Trump cesar a Mueller, replicando la matanza del sábado por la noche, en la que Nixon, puso en la calle al fiscal del Watergate, que provocó la dimisión del ministro de Justicia, lo que aceleró el final del presidente.

El carnaval de desgobierno en el que se ha sumido la presidencia, con la crisis internacional agudizada, exige una acción de desvío radical de la atención. El ataque a Siria. Una cortina de humo, como la que describió la genial película de Hollywood, con ese nombre en España, con Robert de Niro y Dustin Hoffman. Un presidente de EE UU tapaba un escándalo sexual provocando una guerra falsa en Albania. Clinton atacó Serbia para enmascarar el escándalo de la becaria Monica Lewinsky.

La guerra de Siria puede dejar de ser regional, para enfrentar por error de cálculo a dos grandes potencias, EE UU y Rusia, más Irán, lo que explica la cautela del Pentágono, que trata de frenar los impulsos de un presidente sin estrategia en Oriente Medio, Rusia o China. Queda confirmar las pruebas del ataque con clorina y coordinar el ataque con Francia y Reino Unido. En la falsa producción de Hollywood, el presidente se salvó. Trump lo tiene difícil. Continúa el suspense en Washington.

Fuente: elpais.com


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