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El 15 de mayo se ha consolidado ya como una fecha negra en el periodismo mexicano. El día en que muchos periodistas recordaban el brutal asesinato de un maestro del oficio nacional, Javier Valdez, hace exactamente un año, a los compañeros de profesión se les acumulan los muertos a los que llorar. Este martes, a la salida de su casa de Tabasco (sureste del país) ha sido acribillado a tiros Juan Carlos Huerta, el cuarto reportero asesinado en lo que va de año en México. 43 en el sexenio del presidente Enrique Peña Nieto, el más violento para la libertad de expresión.


El gobernador del Estado, Arturo Núñez, ha confirmado la noticia: fueron directamente a matarlo. Huerta era presentador de un programa de televisión y director de una emisora de radio local. Salía de su domicilio este martes por la mañana en su coche, cuando un grupo de sicarios le bloqueó el paso con una camioneta y lo atacó a balazos. En su BMW gris encontraron el cadáver del periodista.

Las autoridades aseguran haber identificado a uno de los vehículos donde viajaban los agresores. Han cortado los accesos y salidas de la ciudad. "Ojalá se tenga éxito en la captura de los autores materiales de este homicidio", ha señalado el gobernador. Aunque de momento no hay ningún detenido.

En 2017 mataron a 12 periodistas y en lo que va de este año ya han muerto cuatro más. La violencia contra los reporteros ha escalado con Huerta hasta casi uno asesinado al mes. Según Artículo 19 en México, la organización más importante de defensa de los derechos de los periodistas, el terror no siempre procede de los miembros del crimen organizado. Sus cifras registran que, de las 1.986 agresiones a reporteros desde 2012 hasta este año, el 48% provenían directamente de funcionarios públicos. La directora de la oficina de México, Ana Cristina Ruelas, señaló en una entrevista a este diario que "hoy por hoy la mayoria de delitos cometidos contra periodistas permanecen impunes, no solo por falta de sentencias, sino porque también las investigaciones se cierran cuando identifican a los autores materiales y no llegan a la verdad de los hechos. Así por lo menos sus compañeros sabrían a qué atenerse".

El pasado 15 de mayo, en Culiacán (Sinaloa), un hombre vestido siempre con sombrero yacía muerto en medio de la calle. Le habían descerrajado 12 tiros. Era uno de los referentes internacionales del periodismo mexicano. Habían asesinado a Javier Valdez y con su muerte la libertad de expresión en uno de los países más peligrosos para practicar el oficio había quedado herida para siempre. "Si lo matan a él y no pasa nada, ¿qué nos queda al resto?", se preguntaban sus compañeros. Este martes, los peores temores para los periodistas de México se confirman. Ninguno está a salvo del terror de la violencia.

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