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Sol y buen tiempo, llega la primera y el verano. El tiempo de salir de la cueva, quitarte los cascos y lanzarte a la pista. Llega el tiempo de festivales. Todo amante de la música, sea la que sea, disfruta al máximo cuando está en un concierto. Pero ¿cuál es la razón científica para que la música nos haga tan felices?


Hay bastantes evidencias científicas y cada vez más estudios que dejan claro que la música afecta al cerebro de distintas maneras. Y por lo tanto influye directamente en tu comportamiento, estado de ánimo o incluso actividad física.

Música y cerebro

La música es información auditiva y nuestro cerebro la procesa de en distintas áreas. Según el laboratorio de investigación Brain, Music and Sound cada vez que escuchamos música activamos el siguiente proceso: la información musical se transmite del oído al tronco cerebral y de ahí a la corteza auditiva primaria; estos impulsos se distribuyen por las distintas redes neurológicas del cerebro, pero también llegan a los lugares donde tenemos el almacenamiento de lo que ya hemos escuchado. El cerebro responde trabajando con esta información y nos hace reaccionar.

Esto es lo que ocurre en nuestro cerebro cuando escuchamos música:

1. El primer elemento que se pone en marcha, obviamente, es la corteza auditiva que analiza las notas y los tonos para clasificar la música. En el caso de que también observemos al intérprete o miremos los movimientos de bailes de los demás (y nuestros), es la corteza visual la que actúa.

2. Tras ello, se activa la corteza prefrontal, parte del cerebro en la que se generan las expectativas respecto a una melodía. Este es el núcleo de procesamiento de información que decide si una canción te gusta o no te gusta. El hipocampo también se activa. En esta parte del cerebro guardamos la memoria de la música, nos ayuda a recordar experiencias y contextos.

3. En este punto se ponen en acción el núcleo accumbens del encéfalo y la amígdala, que gestionan las reacciones emocionales que produce la música: alegría, tristeza, ira e indiferencia.

4. Finalmente, la corteza motora y la corteza sensorial actúan cuando la música implica movimiento: bailar, dar palmas, seguir el ritmo con los pies. También si tocamos un instrumento.

5. El cerebelo organiza todas las funciones del cerebro, ayudando a otras áreas como el movimiento o la gestión emocional de la música.

Pero más allá de la biología, cada vez que escuchamos música, nuestro cuerpo reacciona. Descubramos qué efectos tiene la música.
Nuestros gustos musicales pueden predecir la personalidad

Un estudio científico vinculó los gustos musicales con los rasgos de personalidad. La investigación definió cinco características de personalidad: abierto a nuevas experiencias, extrovertido, amable, perfeccionista y estable. Tras cruzar estos rasgos con distintos géneros musicales, obtuvieron estos resultados:

Música Jazz, Blues y Soul: Alta autoestima, creativos y cercanos.

Música Clásica: Alta autoestima, creativos, introvertidos y cercanos.

Música Rap: Alta autoestima y muy extrovertidos.

Ópera: Alta autoestima, creativos y amables.

Música Dance: Creativos y extrovertidos, pero no amables.

Música independiente: Baja autoestima, creativos, no muy amables ni constantes.

Música rock / heavy metal: Baja autoestima, creativos, introvertidos, amables y no son constantes.

Música Pop / mainstream: Alta autoestima, constantes, extrovertidos y amables. Pero no son cercanos y ni creativos.

Antes de que te lances a analizar a la gente en base a sus listas de Spotify, hay que hacer una aclaración: esta investigación sólo se probó en un grupo muy controlado de jóvenes. Por ello los resultados no son universales.

La corteza prefrontal es la parte del cerebro en la que se generan las expectativas respecto a una melodía. Este es el núcleo de procesamiento de información que decide si una canción te gusta o no te gusta.

La música triste o alegre condiciona nuestra manera de ver el mundo

Cuando elegimos un tipo de música alegre o más tristona no se trata solamente de una idea subjetiva relacionada con cómo nos sentimos. Nuestro cerebro responde de manera diferente a varios tipos de música. Incluso cuando la escuchamos brevemente o de manera secundaria.

Una investigación demostró que, tras escuchar una canción, las personas tienden a interpretar una expresión neutral como alegre o triste, relacionándola con el tipo de música que han escuchado.

La influencia de la música en el campo de las emociones es enorme: regula la cantidad de dopamina, serotonina, epinefrina, oxitocina y prolactina, los neurotransmisores de la “felicidad” que ayudan a controlar el placer en el cerebro. De esta manera, una canción puede ayudar a procesar emociones como miedo, tristeza, resentimiento y dolor.

De hecho, la música afecta a las emociones que sentimos y que percibimos. Dicho de otra forma, podemos entender las emociones que transmite una canción, aunque esas emociones no nos afecten. Por eso podemos escuchar música triste sin, por ejemplo, sentirnos así.

¿Quieres ser creativo? Usa música ambiente a volumen moderado

Cuando nos enfrentamos a un trabajo creativo, normalmente bajamos al mínimo el nivel de ruido de la música. No es la mejor opción ya que, según la ciencia, un nivel de ruido moderado es el punto ideal para la creatividad, incluso más que los volúmenes bajos. Sonidos ambientales inmersivos nos hacen ser más creativos.

El proceso es sencillo: con un nivel moderado, la dificultad de procesamiento de información es más alta, por lo tanto, nuestro cerebro está más alerta y trabajando, lo que conlleva una mayor creatividad. Cuando nos esforzamos para procesar las cosas, recurrimos a enfoques más creativos.

Sin embargo, si nos pasamos con el volumen, con altos niveles de ruido, nuestro pensamiento creativo se ve afectado. Estamos abrumados y no podemos procesar la información de manera eficiente.

Si haces ejercicio, busca el género adecuado

¿Y cómo afecta la música al ejercicio? Hay numerosos estudios que relacionan deporte y música. Mientras escuchamos una canción, atenuamos las quejas de nuestro cerebro acerca de la fatiga física. Lo engañamos: nuestro cuerpo avisa al cerebro de que está cansado y quiere detenerse, pero el cerebro está distraído y atendiendo a la música, por lo que no les presta tanta atención como debiera.

Aunque esto sólo es efectivo en ejercicios de baja y moderada intensidad. Según este estudio, el límite está en 145 pulsaciones por minuto. A partir de aquí la música no funciona. Curiosamente el género musical varía en el impacto final sobre el esfuerzo. Es decir, no es lo mismo escuchar música disco que música pop.


Pace DJ es una aplicación que se dedica a crear “playlist” relacionadas con el ejercicio que realizas. Y este es resultado: si quieres hacer algo que te exija el máximo, tienes que ir a lo más cañero: drum & bass o dubstep. El jazz no parece adecuado para el ejercicio.

Está claro que la música no deja indiferente a nadie y pone en marcha distintos mecanismos de nuestro cuerpo. ¿Nos cuentas cómo te afecta a ti una buena canción o un buen concierto?



Juntando letras desde que tengo uso de la razón. Soldado de fortuna en el mundo de la comunicación. Una cita de Vinton Cerf: “Todavía hay mucha gente que ofrece contenidos por el mero placer de saber que la información puede resultar útil a otras personas".

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