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Lucía Fernández al terminar su ponencia en la Universidad de Oviedo (Gentileza: Diario El Comercio)
El de Lucía Fernández (su "nombre de guerra") no era un discurso más. Era el que todos esperaban en el Aula Magna de la Facultad de Derecho de la Universidad de Oviedo. No defraudó. Sus palabras resonaron fuerte entre las paredes del recinto y trascendieron a los medios españoles. Todos querían saber más sobre aquella joven de 26 años que ejerce la prostitución abiertamente y no teme en reconocerlo.

En esa casa de altos estudios, donde Lucía estudia abogacía, fue quien cerró las jornadas "Prostitución, Derechos y Vulnerabilidad: regular, evitar, prohibir". "Mi objetivo es que las personas se formen un criterio certero porque a las prostitutas nos molesta que se hable de nosotras sin contar con nosotras", dijo la mujer.

En su discurso Fernández fue contundente y habló sobre la "guerra eterna" que la sociedad mantiene con la prostitución, en un doble estándar insoportable. Pero también, esa lucha se da "contra las feministas radicales y los que abogan por abolir" la actividad. "Yo soy dueña de mi cuerpo", se defiende en diálogo con el diario El Comercio de España.

“Yo soy dueña de mi cuerpo”, dijo Lucía Fernández durante su exposición ante estudiantes de Derecho en la Universidad de Oviedo (Gentileza: Diario El Comercio)

"El hecho de ver que hay personas que hablan del trabajo sexual de manera abierta y normalizada supone la eliminación del estigma que vivimos todas los que nos dedicamos al trabajo sexual", dijo en su mensaje Lucía respecto a los mensajes que ayer le llegaron de otras colegas mientras espera para exponer.

La periodista Cecilia Pérez, del diario Hoy, le consultó:

– ¿Es usted prostituta?

– Sí, y más cosas. Soy trabajadora sexual en general, porque no solamente ejerzo la prostitución. También soy actriz porno, hago shows en directo, soy stripper…

– Reconocerlo sin tapujos puede ofender a ciertos sectores de la sociedad.

– El problema lo tienen ellos, no lo tengo yo. Para eso estoy aquí, para educar a la gente.

El problema del que habla Lucía se llama "estigma", según aclaró. "Lo fomenta una sociedad que viene de unos valores arraigados en la teoría judeo cristiana que quiso hacer de las mujeres un objeto de reproducción, de sumisión, de estar en casa y cuidar a los niños. Esto se traduce en la actual brecha salarial y la estigmatización de la mujer. La prostitución es una opción perfectamente válida para mujeres a las que no nos supere un dilema moral. No soy una víctima", añadió la joven universitaria a la que le restan cinco materias para la diplomatura.

Sin embargo, aclara: "Hay gente que reacciona bien, otra no tan bien, pierdes amistades o las puedes ganar y te das cuenta de quién te quiere por lo que eres y no por aquello a lo que te dedicas. Porque mi condición de trabajadora sexual no me define, ni me condiciona, ni me supone un perjuicio mayor".

Consultada respecto a la trata de mujeres, Lucía reacciona. Fuerte. "¡Ay, la leche!". Según ella, "una cosa no tiene que ver con la otra". "La trata supone una violencia contra mujeres que no quieren ejercer la prostitución y que la norma proteja los derechos de las trabajadoras sexuales no da vía libre a los proxenetas".

El público quedó en silencio. Escuchaba atentamente cada palabra de la joven que estaba allí para defender su profesión y hacerla visible, que el Estado ampare a sus compañeras y a ella en un círculo de protección. Ese amparo debería ser un cuadro legal que les permita ejercer libremente y hasta tributar. Como cualquier trabajador.

Respecto a cómo comenzó con la actividad, Lucía contó hace unos días en una entrevista con el diario La Nueva España de Asturias: "Solicité una beca de movilidad Séneca en la Universidad hace dos años y medio para estudiar en Barcelona, que es una ciudad cara. Me preocupaba no vivir con comodidad. Siempre había trabajado en Asturias. He sido azafata, niñera, promotora, comercial, camarera… La verdad es que he llevado una vida muy sacrificada".

Lucía Fernández es prostituta y estudia Derecho en la Universidad de Oviedo. Ejerce esa actividad para vivir “cómodamente” (Gentileza: La Nueva España)

"Conocía alguna chica que lo hacía y otras hablaban bien del trabajo sexual, así que un día pensé que igual no era mala idea. No sabía ni por dónde empezar. No te digo más que busqué en google cómo ser prostituta para publicitarme. Al final entré a trabajar en un piso bastante conocido en Gijón. Entré para tres semanas, que era el tiempo que me faltaba para marcharme a Barcelona, y hoy sigo en la profesión", narró la joven, cuyo verdadero nombre sólo conocen las autoridades universitarias y la Policía, dice.

Contárselo a su familia fue otro "rollo". "Tardé un mes en contárselo a ellos y a mis amigos. Hubo personas que reaccionaron fatal y no lo aceptaron. Supongo que a consecuencia de las ideas preconcebidas que la sociedad tiene sobre mi trabajo. Otros se lo tomaron bien y me preguntan regularmente cómo estoy para ofrecerme su apoyo. Yo les digo que bien porque es la verdad, aunque a veces tenga días de mierda trabajando como todo el mundo. A mi madre no le queda más remedio que aceptarlo y con mi padre no me hablo", contó.

La anécdota sobre su abuela es la mejor: "Me llamó por teléfono al poco de contarle a mi familia lo que estaba haciendo. 'Hija, ¿trabajas?', le dije que sí. '¿Eres prostituta?'. Le dije que también. '¿Y ganas dinero?'. Le respondí que bastante. 'Pues me parece muy bien'", concluyó Lucía.

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