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No es el primer pulso que el bávaro Horst Seehofer plantea a la canciller Angela Merkel, pero en esta ocasión amenaza con obligarla a convocar de nuevo elecciones si no se doblega a sus exigencias en política de integración. El ahora ministro de Interior y hasta hace solo unos meses presidente del partido hermano de la CDU de Merkel, la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU), amenazó ayer a la canciller alemana con llevar a cabo de manera unilateral sus planes migratorios, contrarios a la política de la Cancillería, que es partidaria de articular una solución europea. De cumplir con esa amenaza terminaría destituido y después «¿habría que convocar de nuevo elecciones?», se preguntaban anoche los analistas políticos de Berlín.

La tensión va en aumento desde el pasado miércoles, cuando Merkel zanjó ante el canciller de Austria, Sebastian Kurz, que Alemania no participará en ningún eje con Roma y Viena para modificar de facto la política europea de refugiados, desautorizando así a Seehofer, que había coqueteado abiertamente con esa posibilidad. A modo de respuesta, Seehofer reventó una reunión de los dos partidos conservadores, destinada a cerrar un programa sobre refugiados que presentar a los presidentes de los Bundesländer, presentándose con un catálogo de exigencias inasumibles para la canciller Merkel.

En busca del consenso, ella se doblegó hoy y aceptó la posibilidad de rechazar en la frontera alemana a los refugiados a los que anteriormente se les haya negado el asilo en este país y que pretendiesen volver a entrar en su territorio. Pero no fue suficiente con eso. Seehofer reclamó además que también sean devueltos en la frontera todos aquellos refugiados que se hayan registrado ya en algún otro país de la Unión Europea y aquellos que no tengan documentos válidos. Esta reclamación está en línea con lo establecido en la Convención de Dublín, que señala que cada Estado se responsabiliza de los inmigrantes que pisan por primera vez Europa en su país, pero Merkel lleva defendiendo desde 2015 que, dada la actual situación, esa norma sometería a los países europeos periféricos del sur a una presión migratoria que no podrán soportar, por lo que trata de promover un acuerdo europeo de reparto. En caso de ceder, Merkel estaría invalidando todo su discurso sobre refugiados.

Precampaña electoral

En el fondo es una discusión que enfrenta a Merkel y Seehofer desde hace años, pero el hecho de que Baviera se encuentre en precampaña electoral y el temor de la CSU a dejar el mínimo espacio libre que pueda ocupar el partido Alternativa para Alemania (AfD), la formación antiinmigración y anti europea que ya ha entrado en el Bundestag y que amenaza con relegar a la CSU de su categoría de intocable en Baviera, ha incendiado el tono de Seehofer.

«No quiero ocultarles que estamos ante una situación seria, muy seria, una situación histórica», declaraba ayer el presidente del grupo parlamentario de la CSU, Alexander Dobrindt, tras anunciar que la reunión de los diputados de los dos partidos había terminado en portazos y que junto con el jefe del grupo parlamentario de la CDU, Volker Kauder, se había encargado de seguir negociando hasta el lunes en busca de una solución. Durante la reunión, los diputados de la CSU habían apoyado a Seehofer y defendido que se trata «de una responsabilidad directa del ministro de Interior». «Respaldamos todos los esfuerzos para lograr una solución a nivel europeo», dijo, «pero se trata de un debate muy largo y es necesario poder actuar ya sin esperar a una solución dentro de la Unión Europea».

Merkel, por su parte, insistió en que lo conveniente es esperar hasta la cumbre europea que se celebrará los días 28 y 29 de junio en Bruselas, donde se debatirá una nueva política migratoria común, y obtuvo el apoyo unánime de su partido y su grupo parlamentario. «La cuestión debe resolverse a escala de Consejo Europeo y en consenso con los países más afectados por la llegada de inmigrantes», afirmaron fuentes de la directiva de la CDU. «Que presenten una especie de ultimátum es totalmente inaceptable», se quejó el presidente de Schleswig-Holstein, Daniel Günnther (CDU). «Se discutió sobre esto en larguísimas negociaciones de gran coalición y quedó todo fijado en documentos.

El hecho de que Seehofer presente a estas altura su plan maestro y en términos de amenazas está fuera de lugar, no puede ser votado por el grupo parlamentario», argumentaba a su vez Volker Kauder. «Nosotros lo único que pedimos a nuestros socios conservadores es que aclaren cuanto antes sus diferencias y podamos seguir trabajando», solicitaba la secretaria general del Partido Socialdemócrata (SPD), también miembro de la gran coalición, Andrea Nahles, mientras desde AfD varios de sus líderes destacados se regodeaban en la escena. «Merkel lucha por su supervivencia. Dadle ya un empujón», decía Beatrix von Storch. «El ocaso de Merkel», añadía en clave wagneriana Stephan Brandner.