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Con más de un centenar de años encima, cada uno de los cuatro excombatientes de la Guerra del Chaco que quedan en Cochabamba recuerda los días de lucha por el país, pero también expresan su tristeza por el olvido del Gobierno y las Fuerzas Armadas.

A 88 años del cese de hostilidades con Paraguay, Cresencio Torrico Escobar (105), Hector Pardo López (102), Jacobo Tórrez Fernandez (104) y Pedro Ferrufino Orellana (103) son los cuatro “robles” vallunos, parte de los 43 beneméritos que aún quedan con vida.

Tres de ellos fueron homenajeados ayer por estudiantes, profesores y la dirección del colegio Cobija. Sólo faltó Ferrufino, que no pudo asistir por complicaciones en su salud. Hoy se celebra en el país el Día del Excombatiente.

Torrico Escobar, que cumple 105 años esta jornada, dijo, con voz desgastada, que si bien recibe su pensión vitalicia, el monto —2.500 bolivianos— no alcanza para las necesidades de su edad. Los beneméritos reciben también un bono anual, cada 14 de junio, de 5 mil bolivianos.

Antonieta Dávila, nuera del excombatiente, lamentó que el Gobierno se acuerde de ellos cada 14 de junio, pero el resto del año “ni siquiera hay una llamada para preguntar cómo han estado. Se han olvidado totalmente”. Cresencio es también presidente de la Federación de Excombatientes, estuvo tres años prisionero en Paraguay y fue parte del Destacamento 126, según datos de familiares.

En tanto, Héctor Pardo se mostró contento por el acto preparado por el colegio Cobija. “Que nos recuerden”, dijo brevemente, cuando fue consultado sobre cómo se siente con el homenaje.

Su hermano, René Pardo, lo acompañó y contó que el héroe fue a los 18 años a la guerra porque era uno de los pocos expertos en motores a explosión, por lo que permaneció cerca del frente arreglando vehículos militares. Por un problema en su registro, el excombatiente no puede cobrar su renta desde enero, por lo que pidió ayuda al Gobierno para solucionar este entuerto.

“Tiene muchas necesidades. Medicamentos, la enfermera, los cuidados, y la asignación no le alcanza. Más bien estamos todavía algunos familiares.

Por su parte, el excombatiente Jacobo Tórrez aún recuerda algunas acciones en las que participó, pero lo que más llama la atención es la vigorosidad con la que interpreta canciones como “Boquerón abandonado”. A capela y en tono alegre, Tórrez recuerda canciones en quechua que cantaba con sus camaradas en trinchera. También es muy ágil con el charango. El olvido de las autoridades no lo desanima. Lo más triste, recuerda, era la sed. “No había agua”, repite.

Su hijo, Juan de Dios Tórrez, contó que su padre estuvo nueve meses movilizado y que fue convocado a armas a los 18 años. Lamentó que cada vez menos instituciones homenajeen a los héroes.

“Ellos fueron a defender el petróleo y el gas, y todos los Gobiernos se llenan la boca de gas y petróleo, pero no valoraron lo que los excombatientes hicieron defendiendo nuestros recursos”, dijo.

QUEDAN UNOS 40 EXCOMBATIENTES

Según el secretario general de la Federación de Excombatientes de Cochabamba, René Campero, quedan aproximadamente unos 40 beneméritos en todo el país, sobre todo en el eje troncal, donde vive la mayoría. Explicó que tienen pendiente un tema de terrenos en el trópico de Cochabamba, que fueron donados por el Gobierno para los beneméritos, pero que estarían en litigio.

En tanto, la directora del colegio Cobija, Jermi Araoz Lozada, dijo que son el único establecimiento que realiza un homenaje a los excombatientes desde hace más de 30 años. “Es una forma de agradecer todo lo que han hecho por pelear por nuestros recursos. Ellos esperan esta fecha y se ponen felices”, dijo.

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