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Una conversación telefónica entre el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, y el presidente francés, Emmanuel Macron, pone fin a dos días de altísima tensión en las relaciones entre París y Roma por el caso Aquarius. Conte no suspenderá finalmente su previsto viaje a la capital francesa y mañana almorzará con Macron en el Eliseo. En el menú como plato principal estará, obviamente, la gestión del flujo de inmigrantes desde el norte de Africa. En un comunicado del palacio Chigi, residencia del jefe de gobierno italiano, se explica que Macron y Conte «han confirmado el compromiso de Francia e Italia para ofrecer los esfuerzos de ayuda en el marco de las reglas de protección humanitaria a las personas en peligro». Además, en el comunicado hay palabras conciliadoras que suponen en cierta forma una excusa, como exigía el gobierno Conte, a los insultos que se habían dirigido a Italia desde París: «Macron ha subrayado –señala el comunicado de palacio Chigi- que nunca pronunció alguna expresión dirigida a ofender a Italia y al pueblo italiano. El presidente de la República ha recordado que siempre ha defendido la necesidad de una solidaridad europea en relación con Italia».

Mediación europea para rebajar tensión
En la jornada de ayer se sucedieron varios acontecimientos que produjeron una peligrosa escalada de tensión en las relaciones entre Italia y Francia, teniendo que mediar incluso el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker.

El ministro de asuntos Exteriores y de Cooperación Internacional, Enzo Moavero Milanesi, llegó a convoca ayer al embajador francés en Roma, Christian Masset, para dar un mensaje a Francia, inusual por su dureza, sobre el profundo malestar de Italia ante los insultos de Gabriel Attal, el portavoz del partido En Marche del presidente Emmanuel Macron. Attal calificó como «repugnante, cínica e irresponsable» la línea del gobierno italiano al decidir cerrar los puertos italianos a la nave Aquarius. La réplica del primer ministro italiano, Giuseppe Conte, no se hizo esperar: «No aceptamos lecciones hipócritas» de un país que sobre la política migratoria «prefiere mirar hacia otro lado», dijo Conte, quien pensó en la posibilidad de anular su previsto viaje a París para el viernes, salvo que se hubiera producido una rectificación francesa sobre los insultos.

Leña al fuego
El ministro del interior italiano, el ultraderechista Matteo Salvini, echó más leña al fuego al clima de tensión entre París y Roma en una intervención que tuvo en el Senado para informar sobre el caso Aquarius: «Los franceses se muestran como fenómenos, pero desde el 1 de enero hasta el 31 de mayo han rechazado 10.249 personas en las fronteras con Italia, entre ellas muchísimas mujeres, niños y discapacitados». En su ataque a Francia, Salvini aportó otro dato relevante: Francia solo ha acogido 640 inmigrantes de un total de 9.816 que debía haber recibido, según el acuerdo establecido por la Unión Europea en el 2015 para reparto de inmigrantes.

El vicepresidente y ministro del interior se expresó con su habitual dureza al hablar del problema de inmigración: «Estoy harto de los muertos de Estado, de los niños que mueren en el mar porque alguien los ilusiona con que hay un futuro aquí», dijo Salvini, atacando después a Francia y pidiendo que París se excuse con Italia: “Los franceses deben excusarse; no tomo lecciones de humanidad. En cuanto a solidaridad, no nos pueden enseñar nada. Nuestra historia de solidaridad no merece que sea calificada en estos términos» («repugnante, cínica e irresponsable»), subrayó Salvini en el Senado, exigiendo a Macron que «pase de las palabras a los hechos acogiendo a 9.000 inmigrantes». Tras recordar que Italia acoge a 170.000 inmigrantes y España 16.000, el ministro Salvini tuvo palabras de agradecimiento para el presidente del gobierno español: «Agradezco el buen corazón del presidente Sánchez; espero que ejercite su generosidad también en las próximas semanas, teniendo espacio para hacerlo». Después de las palabras de Matteo Salvini en el Senado, llegó la cancelación del encuentro entre el ministro de Economía, Giovanni Tria, y su homólogo francés, Bruno Le Maire, que tenían programada para ayer en París.

Ahora, tras la conversación telefónica entre Conte y Macron, se ha eliminado la enorme carga de emotividad y tensión que el caso Aquarius había suscitado, dando espacio a la razón para volver al dialogo en un almuerzo mañana en el Eliseo.