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El jefe del Principado proclama la independencia de la justicia en la batalla de su amigo Dmitry Rybolovlev con un marcharte de arte al que acusa de haberle robado.

Para Alberto de Mónaco, los rumores sobre los presuntos pactos ilícitos de altas figuras del Principado en un sonado caso de influencias y corrupción han ido demasiado lejos. Y no solo porque le afectan personalmente. En un inusual gesto, el jefe del clan de los Grimaldi ha emitido un comunicado asegurando la “independencia” de la justicia monegasca. Además, dice “deplorar” las informaciones aparecidas en los últimos días en la prensa francesa sobre el presunto trato de favor de jueces y otras figuras de poder de Mónaco al magnate ruso Dmitry Rybolovlev en su batalla judicial contra el marchante de arte suizo Yves Bouvier.

Su golpe sobre la mesa no hace sino añadir una capa más al ya de por sí enrevesado asunto. Rybolovlev no es un multimillonario ruso más asentado en el pequeño Estado en la Costa Azul, entre Francia e Italia. El magnate, famoso por haber protagonizado uno de los divorcios más caros de la historia o por regalarle a una de sus hijas Skorpios, la mítica isla griega de los Onassis, es además el presidente del club de fútbol de Mónaco. Como tal, está habituado a recibir en su palco a las más altas figuras del principado. Especialmente a Alberto de Mónaco, a quien hasta hace no tanto consideraba un amigo personal.

Las cosas han cambiado desde que Rybolovlev emprendiera acciones legales contra el marchante Yves Bouvier, al que acusa de haberle robado millones de euros al asegurarle que las obras de arte que durante años compró en su nombre habían costado mucho más de lo que en realidad había pagado por ellas. En sus esfuerzos por demostrar la culpabilidad del marchante de arte suizo, el magnate ruso habría intentado, según la prensa, implicar a su favor a jueces y a altas figuras de Mónaco.

El magnate ruso Dmitry Rybolovlev, en 2015. CORDON PRESS

Clave en todo el asunto es la abogada de Rybolovlev, Tetiana Bersheda. La letrada cometió, como lo calificaba Le Figaro la semana pasada, una “metedura de pata inexplicable” cuando puso a disposición de las autoridades monegascas su teléfono móvil. Su objetivo, según el diario francés, era demostrar la veracidad de una grabación de sonido que beneficiaba a la causa de Rybolovlev. Pero la “zarina”, como se la conoce por su influencia en el magnate ruso, no se dio cuenta de que, una vez en manos de la policía, su teléfono podía servir para recuperar otros materiales, incluso aquellos mensajes que ella creía borrados. El resultado: “una mina, de acuerdo con Le Figaro, que asegura que el material descubierto muestra la relación entre Bersheda y altos responsables de la policía judicial de Mónaco, a los que habría ofrecido entradas especiales para ver los partidos en el estadio Louis II del principado.

Según un reportaje de la televisión francesa France3, el presidente del AS Monaco tiene 49 invitaciones permanentes a su palco para representantes de la seguridad pública, además de otras para miembros del palacio del principado o empleados ministeriales. Los archivos también la relacionarían, de acuerdo con los medios, con el fiscal general y hasta con el ministro de Justicia, Philippe Narmino. Este ya tuvo que dimitir en septiembre del año pasado, un gesto forzado por Alberto de Mónaco después de que se conocieran las primeras informaciones filtradas en torno al caso.

Si en esa ocasión su gestión fue discreta, ahora el príncipe ha saltado a la primera plana. Su palacio emitió el domingo un comunicado en el que asegura que Alberto “reitera su adhesión a la independencia de la justicia monegasca”, y también su “confianza en la policía del Principado y en su personal, así como en la lealtad de la administración monegasca”.

Fuente: elpais.com