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Pese a ser uno de los humanos prehistóricos mejor conocidos, no es fácil conocer detalles sobre su vida, pero parece que Ötzi tuvo una existencia peligrosa. El análisis del polen encontrado en su estómago reveló unas últimas horas agitadas. En poco tiempo, pasó por una altitud de 2.500 metros para después descender a los 1.200 y volver a superar los gélidos 3.000 metros de altitud donde recibió un flechazo por la espalda que acabó con su vida. Poco antes, no se sabe si con la misma persona que lo acabó matando o con otra, tuvo un enfrentamiento que le produjo una herida en la mano derecha.

Hace unos días, un análisis de las herramientas del hombre de los hielos mostró que se encontraba en una situación crítica, con todos sus útiles desgastados y prácticamente desarmado. Ahora, el primer estudio de su estómago indica que tenía una dieta útil para sobrevivir en aquellas altitudes, pero que también pudo ser peligrosa. Pese a que análisis previos del cabello de Ötzi apuntaban a una dieta vegetariana, el contenido del estómago muestra una última comida rica en grasa, que incluía carne de una especie de cabra montesa, de ciervo, cereales e indicios de un tipo de helecho tóxico.

Los autores del estudio que se publica en la revista Current Biology y están liderados por investigadores del Instituto para Estudios de la Momia-Eurac Research en Bolzano, Italia, explicaron en un comunicado que los análisis no habían sido posibles antes porque en las primeras exploraciones no se encontró el estómago de Ötzi. El proceso de momificación lo había cambiado de posición, pero finalmente fue identificado durante una exploración con tomografía en 2009 y se comenzó a estudiar su contenido.

El estudio de la dieta de los antepasados humanos, a través de los restos de moléculas que quedaron en recipientes de cerámica o en algunos yacimientos prehistóricos, ha hecho posible reconstruir una parte importante de la historia de la humanidad. Esos análisis, en combinación con los estudios de esqueletos a lo largo de miles de años de historia, muestran, por ejemplo, un impacto desigual de la llegada de la agricultura. La generación de una cantidad estable de comida del Neolítico facilitó el crecimiento de las poblaciones, pero en muchos casos supuso una pérdida de calidad de vida para los individuos, que vieron cómo les afectaban más enfermedades como la caries o los virus transmitidos entre humanos y animales en las ciudades.

Para Ötzi, la dieta grasienta tenía sentido como fuente de energía en un entorno hostil como el de la montaña, pero también pudo ser parte de los problemas que este hombre de unos 45 años ya sufría cuando falleció. La observación de sus huesos indica que tenía importantes calcificaciones en las arterias, un indicio claro de una aterosclerosis avanzada a la que, además de una predisposición genética, contribuye una dieta alta en grasas.

Los investigadores también se sorprendieron por la presencia de las trazas de helecho tóxico. Es posible que, como sucede en algunas poblaciones indígenas en la actualidad, Ötzi lo tomase con intenciones medicinales, para aliviar los problemas de estómago que le provocaban algunos parásitos. Como alternativa, los autores plantean que los helechos se empleasen para envolver la comida y que ingiriese las esporas tóxicas por casualidad. Como siempre en el caso de este misterioso hombre de los hielos, pese a la información ingente que se está obteniendo de su momia, nunca será posible conocer con detalle cómo vivió y murió uno de nuestros ancestros más famosos.

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