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Tras el ataque y la humillación a la que había sometido a su anfitriona, Donald Trump reculó. El presidente estadounidense incendió su visita de trabajo a Reino Unido con una entrevista publicada hoy en el tabloide «The Sun» llena de críticas directas a Theresa May. A las pocas horas, echó la culpa de sus palabras a la prensa, al grito de su ya célebre frase utilizada como excusa para casi todo: «Fake news», noticias falsas.

En su comparecencia conjunta, Trump alabó hoy a May en varias ocasiones y aseguró que era «toda una profesional» y «una mujer excelente» antes de admitir que le pidió disculpas porque «no se incluyeron muchas cosas buenas que dije sobre ella» en las páginas que dieron la vuelta al mundo en pocas horas.

Ambos mandatarios limaron asperezas, por tanto, después de que Trump torpedease esta cumbre bilateral asegurando que la propuesta británica para el Brexit «matará» la posibilidad del futuro acuerdo comercial con su país. Retractándose de esta postura, el mandatario estadounidense señalaba que lo que consiga el Ejecutivo de May en este sentido «le parecerá bien», y que lo importante es que los dos países «puedan comerciar sin cortapisas» tras la salida de Reino Unido de la UE el año que viene.

Al ser preguntado sobre qué consejos dio a May y que esta habría rechazado, Trump señaló que solamente le trasladó sus sugerencias, que no quiso revelar. Unas sugerencias que «todavía puede llevar a cabo».

Obligados a entenderse
Los dos líderes dejaron claro que el desliz de Trump no ha puesto en peligro los fuertes lazos existentes y que, de hecho, la relación entre ambos países «nunca ha sido más fuerte».

Para la primera ministra es casi obligatorio firmar un acuerdo beneficioso con Estados Unidos tras el Brexit para así no perder a su principal socio -descontando a la propia UE- una vez se encuentre fuera del club comunitario.

Mientras May reiteraba en varias ocasiones que su país se irá de la Unión Europea y que será posible el acuerdo que pedía Trump, este admitía que el Brexit es una empresa «dificil» con el que su homóloga está «haciendo un trabajo fantástico»..

Tras agradecer a su anfitriona el trato que le ha dispensado en esta visita de trabajo, Trump reconocía también que las relaciones con la «premier» se han fortalecido durante su primera visita al Reino Unido como presidente.

Sí se mantuvo en sus trece en lo referente al exministro de Exteriores, Boris Johnson, del que confirmó que «sería un buen primer ministro», para, a renglón seguido, volver a alagar a su homóloga asegurando que «estos días he podido comprobar lo fantástica que es y que la prefiero mucho más como amiga que como enemiga».

Trump dejó hasta un comentario que nadie esperaba al afirmar que se había sentido avergonzado por haber dejado «de lado» a los asistentes a la cena de jueves celebrada en la casa donde nació Winston Churchill, ya que en esa ocasión su conversación se centró exclusivamente en la propia Theresa May.

Contra la inmigración
Durante el almuerzo de trabajo que ambos mantuvieron en la residencia campestre de Chequers antes de la rueda de prensa, varios asuntos estuvieron sobre la mesa además del Brexit y la relación entre ambos países. Trump y May hablaron de Irán, de Corea del Norte e, incluso, de Rusia y su presidente Valdimir Putin, con quien Trump se reunirá el lunes en Helsinki y con el que May mantiene abierta una crisis diplomática por el envenenamiento del exespía Sergei Skripal y de su hija en suelo británico.

Además, ambos reiteraron su intención de reforzar aún más la cooperación en materia de defensa y en «controlar la inmigración para detener el terrorismo». Algo sobre lo que Donald Trump ha insistido de forma vehemente en varias ocasiones.

El presidente cerró su segundo día en el Reino Unido acudiendo al castillo de Windsor para tomar el té con la reina Isabel II antes de partir hacia Escocia, donde pasará el fin de semana en uno de los campos de golf, el complejo Turnberry, que el presidente posee en esta región donde nació su madre.

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